Ambiente

Atención Perú: un herbicida peligroso anda suelto en los cultivos

El Ministerio de Agricultura anunció que a fin de año se tendrá la lista de todos los productos agroquímicos cuya comercialización serán prohibidos. ¿Por fin se dirá adiós a los  plaguicidas altamente tóxicos? Mientras eso pasa, algunas organizaciones ambientalistas ya han tomado cartas en el asunto, promoviendo una agricultura alternativa. Este es el panorama actual.

Pocos creyeron a la escritora y bióloga Rachel Carson en 1962 cuando advirtió sobre riesgos y peligros que conllevaría el uso excesivo y masivo de los pesticidas para el medio ambiente y la salud humana.

 

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Aquel presagio lo había anunciado en su libro Primavera silenciosa, un par de años antes de su muerte. En él alertaba los riesgos de estos productos químicos, que dieron inicio a la “era de los venenos”.  Efectivamente, algo insólito sucedía en el mundo: las grandes empresas de la agroquímica empezaron a esparcir sus venenos sobre millones de hectáreas. De norte a sur y de este a oeste. Con este libro, uno de los más influyentes de los Estados Unidos, su autora, la estadounidense de 55 años, se consagraba como la primera en denunciar los efectos de los pesticidas y en enfrentarse a las agroquímicas que comenzaban a popularizarse en todo el mundo.

“Hoy en día todo lo que había presagiado se hizo realidad. Si la hubiéramos hecho caso, quizás, habríamos reducido los efectos que ahora son cada vez más más visibles y de gran impacto”, revela desilusionado el ingeniero agrónomo Luis Gomero, coordinador nacional de la Red de Acción en Agricultura Alternativa (RAAA), quien accedió a conversar con Rumbos sobre la alarmante situación que vive nuestro país en la actualidad. ¡Más de la mitad de los productos agrícolas que se cultivan en Perú tienen alta probabilidad de que estén contaminados con un veneno que proviene de plaguicidas!

La amenaza del Glifosato

 

Recientemente, organizaciones ambientalistas de todo el mundo han encendido sus alarmas ante los altos riesgos que implica el uso del herbicida más popular de la compañía Monsanto: el Glifosato. Un eco está resonando con fuerza en Perú, que además de ser un país minero también es agrícola.

La polémica sobre este producto agroquímico estalló luego de que, hace poco más de un mes, una corte de California (Estados Unidos) condenara a la compañía Monsanto (hoy en manos del grupo bayer) a indemnizar con un monto de US$ 290 millones a un ciudadano americano. ¿Qué había pasado? Pues se determinó que el demandante Dewayne Johnson, de 46 años, contrajo cáncer debido a la manipulación del glifosato.

Según medios, el jardinero Johnson se convirtió en la primera persona en lograr que un sentenciera que el glifosato, un popular agroquímico, provocó dicha enfermedad en un ser humano, un suceso que se venía advirtiendo desde hace más de 40 años por médicos y científicos.

La sentencia, por supuesto, despertó las alarmas en diversos países. Uno de ellos fue Perú. Sin ir tan lejos de Lima Metropolitana, en el valle de Chillón, la principal fuente de hortalizas de Lima, la mayoría de los agricultores usan plaguicidas diariamente y sin ningún tipo de control ni fiscalización, cuando según los especialistas solo deben ser aplicados en casos de emergencia.

“Si eso sucede aquí, cómo será en el interior del país. Estamos sobrepasando los límites de presencia de residuos en los productos agrícolas. Especialmente en productos frescos como las hortalizas y las frutas”, analiza Luis Gomero, quien además es agricultor y tiene una finca en el mismo valle donde cultiva productos orgánicos.

De acuerdo con el ingeniero Gomero, en el país existen tres millones de peruanos que se dedican solo a la agricultura. Del total, estima que al menos unos 147,000 se dedican a rociar plaguicidas. En pocas palabras, más de cien mil personas están en permanente contacto con los químicos contaminantes y sin ninguna protección alguna. Cifras oficiales del RAAA revelan que al año este grupo de agricultores echan al suelo alrededor de 26,000 toneladas de pesticidas.

“Pero eso no es lo peor. Lo peor es que las autoridades pertinentes solo examinan los productos agrícolas para la exportación. En cambio, para el mercado interno no se está ejerciendo ningún tipo de control. Es decir, no hay forma de que un niño o una ama de casa, cada vez que va al mercado a comprar una fruta o una zanahoria, pueda reconocer si el producto tiene ciertos niveles de pesticidas“, alerta Jaime Delgado, especialista en temas de defensa del consumidor en una entrevista a la cadena televisiva Telesur, con sede central en Venezuela.

Pero no todo está perdido. Las autoridades peruanas ya están reaccionando ante los peligros de esta industria. La semana pasada, el titular del Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri), Gustavo Mostajo, pidió públicamente al Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) que diseñe un plan para identificar aquellos productos extremadamente tóxico, con el propósito de eliminarlos del mercado peruano. “Esta información estará lista a fin de año”, agregó y aclaró que habrá un plazo de adecuación para retirarlos del mercado.

Esto ya es un gran paso que beneficiará al medio ambiente y a la salud humana.

Una guerra de nunca acabar

El problema con los plaguicidas (principalmente herbicidas, insecticidas y fungicidas) no es reciente. Ya vienen cobrando vidas, afectando la salud y el medio ambiente desde varios años atrás.

Luis Gomero revela que le interesó este tema desde que lo escuchó por primera vez en la universidad. Estudiaba ingeniería agrónoma a fines de los años 70. “Mis profesores me decían que este herbicida nunca debía usarse para el cultivo. Inicialmente, fue promocionado para controlar el crecimiento de las malezas en carreteras, redes eléctricas, pistas de aterrizaje y canales de riego. Nunca para cultivo”, recuerda.

El glifosato fue inventado y comercializado a inicios de 1970 por Monsanto, la multinacional agroquímica más conocida del mundo. Rápidamente, se posicionó en el mercado agrícola como una  alternativa para aumentar la producción agrícola y enfrentar el problema de las plagas.

“Quizá en ese momento la aplicación de esta nueva tecnología generó soluciones importantes, pero a través de los años se abusó mucho de ella. Plaguicidas son insumos químicos que sirven para matar, por eso es dañino para todos. Afecta a la fauna del suelo, a los insectos benéficos, así como a toda la vida acuática. Además, estas moléculas son tan pequeñas que pueden ingresar al sistema hídrico del país, lo que terminaría contaminando el agua potable que consumimos o el agua del río”, enumera las consecuencias.

Parece que estamos condenados a vivir con los plaguicidas y pesticidas. ¿Sabía usted, estimado lector, que para producir un tomate se aplican 30 veces el glifosato? En ocasiones se fumiga un día antes de cosecharlos y trasladarlos al mercado, agrega Gomero.

“Solo para que tengan una idea, en 1950 había 13 tipos de insectos que resistían a los plaguicidas. Ahora tenemos más de 500. En pocas palabras, el remedio fue peor que la enfermedad. El problema de esto es que hemos generados una excesiva dependencia a esta tecnología. No hemos integrado los principios del manejo integrado de plagas”, puntualiza.

Lo que ha provocado que entre el 30 y 50% de frutas y verduras analizadas contengan venenos tóxicos provenientes de pesticidas, según el Servicio Nacional de Sanidad Agraria.

El glifosato en el mundo

Así como en Perú, este herbicida también se ha extendido hacia otros países. Por ejemplo en España su venta es tan popular como la Coca-Cola: el producto agroquímico es usado desde empresas, que lo aplican para limpiar las carreteras, hasta amas de casa, para eliminar los matojos del jardín. Asimismo, su uso excesivo ha provocado que uno de cada tres ríos españoles estén contaminado por glifosato.

Por otro lado, en Colombia el asunto es diferente. A mediados de este año, el país vecino  puso en marcha el uso de drones y glifosato como una nueva estrategia para erradicar la coca en la selva colombiana.

De igual modo, en Argentina, país productor de soya transgénica, el glifosato es rociado desde el aire sobre grandes campos agrícolas sin temor de que los cultivos se mueran junto a las malas hierbas.

En Brasil, en cambio, sucedió lo contrario. Hace semanas, una corte ordenó la suspensión temporal de todos los productos que utilicen glifosato. La decisión judicial se tomó incluso en contra de la voluntad del Ministerio de Agricultura brasileño. Mientras que en Bolivia, las autoridades demandaron que se evalúe su toxicidad.

Por su parte, la compañía Bayer, que desde junio es dueña de Monsanto, se pronunciado al respecto indicando que no hay ninguna conexión entre el glifosato y el cáncer. En una entrevista al semanario Domingo del diario La República, la empresa respondió por siguiente: “Más de 800 estudios, incluido el U.S. Agricultural Health Study (…), no encontraron ninguna conexión entre el glifosato y el cáncer. El Instituto Nacional de Salud reafirmó recientemente que el glifosato no causa cáncer y el EPA, la EFSA, la ECHA y otros reguladores alrededor del mundo también han concluido que el glifosato puede usarse de manera segura”.

 

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Redacción Rumbos

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