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A
diferencia de Mesopotamia, Egipto e
India, que intercambiaron entre sí
bienes, conocimientos y experiencias, la
civilización de Caral, una de las más
antiguas del planeta, logró un
desarrollo extraordinario y precoz en
completo aislamiento de sus coetáneas de
América y del Viejo Mundo.
Escribe: Ruth Shady Solís
Foto:
Arch. Proyecto Especial Arqueológico
Caral – Supe

Caral
es el asentamiento más destacado de los
veinte identificados a lo largo de 40
kilómetros en el valle bajo y medio de
Supe, cada uno de los cuales reúne
edificios públicos con la característica
plaza circular hundida, además de un
conjunto de unidades domésticas. No es Caral el más extenso, pero sí el que
muestra un diseño arquitectónico
elaborado, y una fuerte inversión de
fuerza de trabajo organizada en la
construcción planificada. La
diferenciación de los asentamientos en
cuanto a su extensión y cantidad de
trabajo invertida en ellos indicaría un
ordenamiento jerarquizado entre los
grupos que poblaban la cuenca de Supe y
un sistema social que los integraba.
Este modelo de organización se habría
extendido a las poblaciones de los
valles de Pativilca, Fortaleza, Huaura y
Chancay, los cuales debieron constituir
la base social en la que primero impactó
el Estado prístino.
La
ciudad de Caral, de 66 hectáreas de
extensión, se ubica en el inicio del
sector medio del valle de Supe,
provincia de Barranca, a la altura del
kilómetro 184 de la carretera
Panamericana Norte, en el área
norcentral del Perú. Es el asentamiento
urbano más destacado entre otros
identificados en el Perú, entre los 3
000 y 2 000 años a.C.
Sociedades
de algodón
Millones de piedras fueron cortadas y
trasladadas periódicamente a la ciudad
para la construcción de los edificios
públicos, para remodelar los diseños
arquitectónicos de los componentes o
para enterrar todo el edificio
cíclicamente y construir uno nuevo
encima.
Los
avances tecnológicos alcanzados en los
campos agrícola y pesquero en los valles
interandinos y en el litoral, la
organización de los trabajadores y el
intercambio de productos incidieron en
el desarrollo de las fuerzas productivas
en las sociedades que habitaban los
valles costeños del área norcentral, en
particular en la de Supe. La producción
de algodón y la manufactura de fibra
destinada a la elaboración de ropa y,
sobre todo, de redes para la extracción
masiva de pescado, fomentaron la
especialización laboral local y
favorecieron la complementariedad
económica mediante el intercambio
permanente de productos entre los
asentamientos de agricultores y
pescadores. Se hizo posible, así, la acumulación de la producción, la
especialización, el intercambio a corta
y larga distancia, la división social
del trabajo y la aparición de
autoridades.
Repartición
de los peces
Los
excedentes derivados de la producción
social, tanto en el campo agrícola como
en el pesquero, fueron distribuidos de
modo desigual, en beneficio de los
representantes de linajes y de los
especialistas a cargo de las actividades
necesarias para garantizar la
reproducción del sistema; se formaron
así, en el área norcentral, comunidades
de agricultores y pescadores, pachacas,
dirigidas por sus autoridades y
“principales”, con sus respectivos
edificios públicos para fines
administrativos y ceremoniales, sus
conjuntos residenciales y su territorio
de producción económica.

El
excedente productivo favoreció a las
poblaciones del valle medio de Supe,
mejor ubicadas para el intercambio de
productos. Los valores agregados en la
manufactura de la fibra de algodón y en
el procesamiento de la anchoveta y
sardina, con fines de intercambio,
enriquecieron y acrecentaron el
prestigio de los “principales” a cargo
del comercio interétnico.
Música
en los albores de la civilización
El
Estado prístino de Supe logró movilizar
grandes cantidades de fuerza de trabajo
y, mediante complejas redes de
relaciones, consiguió atraer en su
beneficio el excedente producido en un
extenso territorio que incluía, además
del costeño, el Callejón de Huaylas,
Conchucos, el Huallaga y el Marañón.

La
población mayoritaria conformó el
estrato social bajo, dedicada a las
actividades agrícolas o pesqueras y a
todas las labores que le demandaba el
Estado. Las autoridades encargadas de
los templos, de la organización del
trabajo y de la conducción del
intercambio, además de los
especialistas, conformaron el estrato
social alto, sustentado por la
producción de los agricultores y
pescadores.
Hoy
podemos admirar el orden urbano, la obra
arquitectónica, los geoglifos y líneas
que antecedieron en más de 3 000 años a
los Nasca, la decoración de sus murales,
los instrumentos musicales, sus
elaborados textiles y adornos
personales, la variedad genética de sus
productos y su propia representación en
más de un ciento de estatuillas de barro
no cocido.
Pasado
y futuro de Caral

Desde
la perspectiva cultural, Caral está
llamado a convertirse en uno de los más
importantes instrumentos para mejorar la
autoestima de los peruanos y a
constituirse en el símbolo más destacado
de la identidad nacional por ser la
primera civilización, la más antigua de
América, y la que estableció un modelo
de organización sociopolítica que se
extendería a otras sociedades del
territorio peruano en períodos
históricos posteriores. Pone en
evidencia la capacidad creadora de los
habitantes de este disímil territorio,
que, con esfuerzo y organización,
lograron ingresar al estadio civilizatorio un milenio y medio antes
que otras poblaciones del continente
americano.
En el
aspecto económico, la puesta en valor de
la ciudad de Caral, mediante acciones de
investigación, consolidación y
restauración de sus imponentes
construcciones públicas y residenciales,
la convertirán en un destino turístico
de primer orden, a escala nacional e
internacional, y en una fuente de
ingresos importante para mejorar las
condiciones de vida de las poblaciones
de la localidad y del país en general. |