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Cahuachi: el "Vaticano" de barro
Embarcados en un largo viaje rumbo al sur, avistamos las misteriosas líneas de Nasca y recorrimos extensas dunas y la contemplación de bosques de algarrobos y huarangos hasta caminar por la ciudad sagrada de Cahuachi, la ciudad de barro más grande del antiguo Perú. Recorra con nosotros este nuevo destino místico y apacible que descansa en la costa de Nasca, en el departamento de Ica.
Escribe: Iván Reyna Ramos
Fotos: Manuel Quintasi Laura
Bajo un imponente calor sureño y suficiente agua en la mochila, aterrizamos en la ciudad de Nasca (450 kilómetros de Lima). Un suculento guiso de pallares, dulces de pecanas, higos y uvas pasas, enrumbamos hacia Cahuachi, el nuevo destino turístico de Nasca que ha diseñado PromPerú.
De algarrobos y guarangos
Cahuachi que en el habla quechua quiere decir "desde donde se mira", es el nombre que se le conoce al centro religioso construido en el año 400 antes de Cristo. Para llegar a esta ciudad de barro, se sale de Nasca rumbo al oeste, atravesando un extenso arenal, y luego la compañía de dunas y bosques de algarrobos y guarangos. Aquí también viven lagartijas y serpientes en medio de la soledad y el aire que arrastra rachas de arenas, bajo el intenso calor que cae sobre el desierto, sobre los predios de Pueblo Viejo.
La vida de este valle se sostiene de aguas que afloran del subsuelo y por eso la vegetación del derredor se mantiene en pie sin desmayo y sin la abusiva intromisión de los hombres que derriban para la venta del carbón y la leña, como en otras partes se pintan de estos escenarios. Aquí la naturaleza es dominante y silvestre, de espinas y árboles que mueren de pie. O como apunta en su agenda Israel Chávez Lazo, jefe de imagen del Centro Italiano de Estudios Arqueológicos Precolombinos del Instituto Italiano de Cultura, que el circuito que conduce a Cahuachi tiene su propio contexto y hay que sacarle provecho al paisaje que se despierta en este cercano recorrido.
Si bien el camino es una trocha acondicionada para movilidad todo terreno, se despiertan otros horizontes de tierra, polvo y arena, y el olvido de tantos problemas, porque el desierto también tiene su encanto y la concentración de los sentidos más agudos en esta tierra de misterios y brisas calientes.
Así, la ruta se hace acogedora y de pronto 24 kilómetros cuadrados y los restos de más de 30 construcciones piramidales se imponen a nuestra vista, es la majestuosidad de Cahuachi, el gran sitio religioso que se extendió desde 400 años antes de Cristo hasta el año 450 de nuestra era, hoy conocida como la ciudad de barro más grande del mundo. Estamos a 22 kilómetros de la ciudad de Nasca, y hemos llegado hasta aquí en 45 minutos nada menos.
Vaticano prehispánico
Al entrar en contacto con Cahuachi, una gran fuerza espiritual se desprende de sus paredes, de sus adobes, de sus profundidades. La fuerza de su naturaleza y los ritos que ofrecían los sacerdotes, embargan al visitante en fuerzas indescriptibles y de otra dimensión. Es por eso, que hasta ahora, es inexplicable la construcción de esta ciudad sagrada en medio del desierto, y considerado por el historiador José Lancho como el "Vaticano prehispánico". Se dice que aquí sólo vivían los artistas, ceramistas, músicos y tejedores del lugar. Todo un escenario de historia y vivencias de otros tiempos entre los nuestros.
Y para conocer de cerca las investigaciones científicas, conversamos con Giuseppe Orefici, presidente del Centro de Estudios Arqueológicos Precolombianos, de profesión arquitecto y arqueólogo, nacido en Bresia (Italia), es el propulsor y quien lleva adelante junto a su equipo de 50 especialistas entre peruanos y europeos, los estudios de Cahuachi desde hace 24 años. Con su sabia paciencia y expresa amabilidad, explica la relación de las misteriosas líneas de Nasca y el centro ceremonial de Cahuachi que están únicamente separados por un valle. Un valle que transmite vida y esperanza como el cordón umbilical entre los dos centros religiosos.
Una primera pista que se sigue tras las investigaciones rigurosas, es que desde la ciudad sagrada de barro (Cahuachi) se habría proyectado el trazado de las líneas de Nasca, cuyos enormes dibujos sobre la pampa desértica sólo pueden ser vistos desde el aire, y que aún es materia de investigación constante, y cada vez asombra más al mundo. Un asombro que rebasa todo tipo de explicación debido a la tecnología desconocida heredada de misteriosas civilizaciones perdidas, y la sencillez del método de elaboración y la espectacularidad de sus dibujos son una muestra admirable del ingenio humano asentada en el sur peruano.
Pero los investigadores afirman que la corta distancia no es la única evidencia de este vínculo, se trata más allá de la simple mirada al asombro, de la iconografía de sus divinidades que se repite en las obras manuales halladas en el sitio. Tanto Cahuachi como las líneas de Nasca se hallan rodeadas de geoglifos, que alcanzaron su máximo esplendor cuando los asentamientos estaban en pleno desarrollo (200 años antes de Cristo y 650 años después de Cristo), cuyos dibujos se dejaron de realizar a medida que surgían conflictos entre grupos de la misma sociedad. "Es lógico que este espacio abierto tan grande haya sido el lugar donde se haya expresado el pensamiento religioso de los Nascas y que éste salga de su más grande centro ceremonial", nos comenta Orefici, mientras recorremos los pasadizos de Cahuachi.
Pero a pesar de contar con muchas coincidencias, también tienen una especial diferencia, debido a que Cahuachi era un sitio ceremonial cerrado, mientras las líneas de Nasca eran el lugar abierto. Para ambas edificaciones, los sacerdotes en olor a divinidad cruzaban el río de Ajá (río Nasca), ofrecían sus ceremonias y regresaban a sus suntuosas residencias. Hoy, Cahuachi se encuentra a solo 20 kilómetros del Pacífico. Es posible continuar por el desierto hasta llegar a la playa más cercana llamada "Tambo de Perro", un destino adicional para los aventureros y pescadores.
Tesoro bajo tierra
Y mientras caminamos por encima de las construcciones a través de rampas de acceso que conducen a la "Gran Pirámide" que se eleva hasta los 40 metros, observamos rastros de los antiguos muros que estaban pintados con escenas religiosas. El investigador italiano nos cuenta que en la parte más alta había un altar donde se practicaban los sacrificios rituales. Pero también estamos encima de un tesoro bajo tierra, que aún no ha sido descubierto. Los trabajos continúan y muy pronto se sabrá los misterios que se guardan en las profundidades de Cahuachi.
Pero también estamos sobre el lugar que había sido ocupado por huaqueros y profanadores. Un promontorio que durante 100 años había sido abandonado a su suerte. La soledad y el polvo del vientre materno hicieron alianza en medio del olvido, para que tiempo después, los antiguos pobladores acudieran a estas construcciones a sepultar a sus parientes que habían cruzado el camino sin retorno. Desde entonces, este lugar se convirtió en un cementerio sin piedad, una huaca doméstica, un espacio oculto y sagrado. Y hace sólo 24 años, este lugar se encontró con los científicos, con un equipo de arqueólogos italianos quienes se han dedicado a resolver el enigma en este desierto, de estas estructuras, de estas profundidades.
Una mirada hacia el sol que cae sin piedad, nos topamos con columnas de hasta cuatro metros de alto elaboradas con madera de árboles y arcilla, todas bajo la dominación de técnicas especiales conocidas como plectoforma, que en buen cristiano quiere decir: el uso de grandes bolsas llenas de maíz que sirvieron de base para la gran estructura. Estamos ante edificaciones de otros tiempos.
Como en otras épocas, cuando este monumental centro ceremonial también sufrió el revés del fenómeno El Niño allá por el año 350, en el que asolaban muy seguidos devastadores aluviones, por lo que hizo sucumbir la mansión de adobe hasta destruirlo parcialmente. Felizmente, los nascas edificaban sus obras que permanecieran en el tiempo y en el espacio. Unas obras indestructibles que soportaban la furia de los vientos "paracas", y de las inclementes lluvias torrenciales.
Cahuachi de noche
Otra situación distinta es Cahuachi iluminado, Cahuachi al caer la noche. El complejo de pirámides desaparece cuando el sol da sus últimos chispazos y entonces un juego de luces multicolores ilumina cada rincón del monumento. Es otro espectáculo que llena de muchas sensaciones al visitante. Ni el mismo Giuseppe Orefici se había imaginado tanta imponencia en la noche de Cahuachi.
Este es un espectáculo que ofrecerán en el futuro a los turistas. Pero, antes, se debe implementar hospedajes y contar con las medidas de seguridad que implica recibir turistas en esta zona. Por ahora no hay hospedajes y sólo las visitas se hacen durante el día. Un circuito que recién empieza y que se torna prometedor.
Actualmente, el proyecto pretende dejar abierto al turismo este magnífico centro ceremonial a partir del 2011, todo un reto para los próximos cinco años que el equipo de investigadores de la misión italiana tiene que proyectar. Incluso han diseñado una recreación al futuro de cómo quedaría Cahuachi, este conjunto monumental arquitectónico que abre sus puertas y da nuevas luces a los amantes de la cultura y el turismo. Es sin duda, uno de los lugares más importantes de la costa sur del Perú.
Nasca en vitrina
El Museo Antonini, también dirigido por Giuseppe Orefici, contiene los más importantes hallazgos de la zona, y es el Centro de Estudios de la Misión Arqueológica Italiana "Proyecto Nasca".
Entre los restos que se exhiben en el museo Antonini, destacan una rica colección de cabezas de ofrenda y un fardo funerario con todos los elementos de entierro completo. Además de una variedad de piezas de la exquisita cerámica, magníficos textiles Nasca. Toda una colección que registra los tiempos en que se desarrolló está ferviente cultura en esta parte del país.
Actualmente, el museo cuenta con laboratorios, habitaciones para hospedar a investigadores, comedor, cocinas, oficinas, sala de conferencias y un museo arqueológico didáctico, promoviendo el desarrollo arqueológico de la región, además de un destino turístico obligado y un nexo con cualquier investigador nacional o extranjero interesado en la zona de Nasca.
También en el Museo se conservan todos los estudios y trabajos de investigación que realiza el Proyecto en el centro ceremonial de Cahuachi, Pueblo Viejo, Huayurí, Estaquería y otros importantes yacimientos del Valle del Río Nasca. A decir de Leo Rojas, guía de turismo del Museo y de otros atractivos de Nasca, "Cada muestra pertenece a un contexto documentado científicamente con métodos arqueológicos, lo que lo hace único en su género a nivel del continente americano", agrega que "Ninguna de sus piezas provienen de compras o donaciones".
Esta reliquia que se ubica en la avenida De la Cultural N° 600, en plena ciudad de Nasca, se expone al público en un edificio que se levanta sobre una superficie de 4,200 m2, además de un parque arqueológico, donde se destaca el importante Acueducto de Bisambra, vestigio del talento de los antiguos pobladores en el campo de la ingeniería hidráulica. Toda una visión de la antigüedad en vitrina, de la cultura Nasca en un lugar seguro y también sagrado.
Así, embargados por la cultura y asombrados por tanta riqueza histórica en medio del desierto, nos despedimos de esta tierra delineada por los antepasados que permanecerán en el tiempo. El polvo, la brisa, el río, algarrobos y guarangos brillan como el sol que alumbra a esta tierra de antiguos religiosos. Un destino casi mágico y encantador entre dunas y gente que se reencuentran con su propio origen, con su propio destino, con su propia vida, con su propia tierra.
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