Cultura

La patrona de Lamas, la fiesta de la amazonía

La tradición lamista se conserva en los más pequeños durante esta celebración . Foto: Archivo Rumbos

Una cruz desata la locura. Una sana locura con penitencias, actos de contrición y jolgorio en la plaza. Es la fiesta de “La Patrona” de Lamas, semejante celebración donde todo el pueblo olvida sus diferencias y se persigna al ritmo de bombos y platillos.

Por Martín Vargas

Las aves andan con la piel de gallina, los chanchos esconden la cabeza como avestruces y la chicha se prepara en toneles, baldes y todo aparejo con cavidad suficiente para reposar el líquido que habrá de despabilar los cuerpos.

Una cruz que desata la locura en San Martín. Foto: Martín Chumbe

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Ese periodo de gracia y felicidad comunitaria se llama el “Afaneo”, durante el cual los cabezones (organizadores y oferentes) preparan chicha, acarrean leña, acopian plátanos, degüellan gallinas y chanchos para que la celebración quede como Dios manda, los curas esperan y la grey aplaude.

Toda la fanfarria y comilona es en honor a la Santísima Cruz de los Motilones, “La Patrona de Lamas”, una fiesta inoculada por el general español Martín de la Riva y Herrera en la mismísima fundación de la ciudad, el 10 de octubre de 1656, cuando bautizó la villa con el nombre de la cruz que acompañó la victoria cristiana sobre los moros en 1212.

 

Y aunque el día central de la fiesta es el 16 de julio, la conmemoración, como buena fiesta patronal, empieza el 7 de julio cuando las cabezonías que organizan la fiesta reciben en sus locales, con banda y chicha de por medio, a familiares, amigos, visitantes y advenedizos.

Sobre las mesas brillan bocadillos endémicos y mestizos como tortillas, ñutos, rosquitas, pushcos, huahuas y bizcochuelos que se acompañan con chichas, uvachados, indanachados y otros tragos que sirven para ablandar el cuerpo y preparar el alma para la contrición.

Todos los 7 de julio el protocolo inicia por la tarde con la concentración de los devotos en la iglesia matriz de Lamas. Allí, un ejército de devotas se encarga de engalanar el anda de la Santa Cruz de los Motilones con hermosas velas de distintos precios, alturas y colores. Luego viene la misa y el pregón de rigor a cargo del párroco, quien no duda en jalar las orejas de los pecadores y recordar que las celebraciones tienen que ser sin exceso.

Pero como siempre la muchachada hace caso omiso a los llamados a la ecuanimidad. A las 11:50 de la noche todas las pandillas acompañantes se encuentran en la plaza para bailar, brindar y felicitarse por el inicio de la fiesta patronal que habrá de asegurar un año próspero para todo Lamas.

Tras esta bienvenida las cabezonías se encargan de mantener encendida la fe a punta de buen talante. Cualquier visitante puede tocar la puerta de las cabezonías (durante las 24 horas) y recibirá el cariñito de la casa: un plato de comida y un vasito de bebida espirituosa. Este periodo se prolonga hasta el 16 de julio, cuando se da la posta a los nuevos oferentes del año próximo.

Pero al margen de tremenda muestra de camaradería, lo más increíble de esta celebración es que no sólo se trata de una de las fiestas más populares de la amazonía, sino que es la única donde todo el pueblo participa sin distinción de sexo, edad, billetera, ni credenciales políticas. La participación masiva es el ADN de esta fiesta sin parangones, sin calco ni copia.

Pero la “Patrona de Lamas” no es sólo jolgorio, sino que está rodeada por todo un simbolismo religioso que se inicia semanas antes con el pernocte de la cruz en cada una de las casas de los responsables de las cabezonías. Así, los vecinos tienen la oportunidad de presentarle sus respetos y veneraciones en forma tan íntima que algunos hasta se animan a tutearla.

El 15 de julio comienza con el piqueo (almuerzo de camaradería) y por la noche todas las pandillas salen con sus mejores galas para danzar al ritmo de bombos, tambores, quenas y clarinetes. Queda prohibido el flirteo carnal y las artes amatorias terrenales. El fervor se reserva al madero.

Fiesta desbordante es la que se vive en Lamas en honor a la Santísima Cruz de los Motilones . Foto: Martín Chumbe

Al día siguiente se realiza la misa central en una iglesia que luce de bote a bote con vecinos y paisanos que regresan sólo para la fiesta y muchos turistas que llegan a presenciar semejante acto de penitencia comunitaria. Luego del almuerzo es tiempo de la “Entrega del voto”, pequeña ceremonia donde se ceden las cabezonías a nuevas familias que se encargarán de las celebraciones del año entrante.

Y así será, por los siglos de los siglos, amén.

Disfruta de Lamas y conócela  al estilo de Rumbos Viajes 

 

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Redacción Rumbos

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