Cultura

Tupicocha: Tierra de Quipus

Esta es la historia fantástica de un descubrimiento. En San Andrés de Tupicocha, a un suspiro de Lima, se mantuvieron en secreto durante siglos unos quipus de la época Inca. Estos nudos y cordeles, según los especialistas, podrían revelar no solo datos estadísticos sino relatos sobre héroes y mitos del Huarochirí prehispánico.

Por: Álvaro Rocha

Frank Salomon, antropólogo estadounidense, trabajaba en San Damián, provincia de Huarochirí en 1994. Para llegar a esta localidad siempre pasaba por Tupicocha, más pequeño y pobre que San Damián, y en constantes conflictos por tierra y agua. “Menos mal que no vivo aquí”, decía para sus adentros. Pronto se arrepentiría de ese pensamiento. Un docente de San Damián le dijo que debía ir a Tupicocha a ver sus equipos.

Frank pensaba que eran equipos de fútbol y ante la insistencia del profesor, recaló en Tupicocha y preguntó por los equipos. Resultó que no tenía nada que ver con el deporte rey, Equipocamayo era el vocablo hispanizado de los Quipucamayoc, maestros en el arte de los quipus. ¿Será posible?, pensó. Lo era. Pronto descubrió que en Tupicocha se mantenían intactos siete quipus que datan de épocas prehispánicas y que podían dar luces sobre la trascendencia de estos códigos de nudos y si podían constituir una forma de escritura.

El estudioso norteamericano se mostraba incrédulo cuando acompañó a un comunero hasta una tienda donde su primo supuestamente tenía un quipu. El local estaba a oscuras. El lugareño extrajo una bolsa de un gabinete con candado, la abrió y dejó caer una maraña de hilos multicolores sobre el mostrador. Al levantarlo se dio cuenta que era un quipu que pertenecía a lo más selecto de la tradición inca. De hecho, se parecía bastante a algunos ejemplares famosos conservados en museos.

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Sin embargo, lo que le causó mayor impresión es que no los cordeles no estaban hechos con lana de oveja o materiales de la Colonia, sino con fibras de llamas, alpacas y vicuñas.  Estos Equipocamayo fueron custodiados celosamente durante siglos por los ayllus de la zona. En pocas regiones del Perú se mantiene la organización de los ayllus, pues desaparecieron con las ‘reducciones de indios’ que ordenó el Virrey Toledo en la segunda mitad del siglo XVI. Pero felizmente sobrevivieron en Tupicocha, y, en su gran mayoría, mantienen los nombres que tuvieron en la época Inca.

En Tupicocha existen diez ayllus (o parcialidades), nucleados a través de una filiación de parentesco. Cada uno de ellos tiene autoridades y cargos con compromisos definidos. Él que ingresa a la organización debe mantenerse allí durante 30 años. Realizan diversas actividades emparentadas con las antiguas prácticas andinas como el ayni y las faenas comunales.

En el presidente del ayllu recaen las mayores responsabilidades y obligaciones. Él porta el quipu en todas las reuniones importantes. Después de un año debe traspasar esta insignia a una nueva autoridad. Esta ceremonia de ‘transmisión del mando’ se da durante la fiesta de la Huayrona (2 y 3 de enero). Allí el presidente saliente rinde cuentas y si no son satisfactorias recibe tres chicotazos. Luego le coloca el quipu a la nueva cabeza del ayllu, cruzándoselo por el pecho como si fuera una banda presidencial.

 

La existencia de estos quipus pone sobre el tapete el pasado escrito de Huarochirí en una perspectiva novedosa. Recordemos que el Padre Ávila recogió numerosos testimonios en esa zona entre 1571 y los primeros años del siglo XVII. Es la obra quechua más importante de cuántas existen, que describe las creencias y leyendas más profundas que imperaban durante la época precolombina. Es nuestra Ilíada. José María Arguedas la tradujo al castellano en 1966 bajo el nombre de “Dioses y hombres de Huarochirí”.

Frank Salomon sugiere que estos quipus pueden guardar contenidos sobre este relato mítico. El antropólogo de Harvard, Gary Urton, que estudia los quipus desde la década de los 90, no descarta que, más allá de ser un sistema contable y administrativo, los quipus pueden también transmitir relatos históricos y épicos, es decir que pudieron ser una forma de escritura “No una con letras como usamos nosotros, pero es seguro que a base de colores y los nudos de los hilos representaron el nombre de cosas”, afirma Urton. La polémica está abierta.

En Rumbo

Viaje:

Hay que salir del parque Echenique de Chosica y por 4 soles la combi 
te deja en Cocachacra (Km. 54 de la Carretera Central). 
Allí hay empresas de transporte que salen al mediodía a Tupicocha. 
Costo: S/. 10 Tiempo: 2 horas

Información:

Facebook pueblo mágico de Tutayquiri
Liz Torres Ccuno
Cel: 993176634 o al 996070951.

Alojamientos:

Hay 2 alojamientos recomendables: Pariacaca (S/. 30 cama, baño propio) 
y Mayani (S/. 25 por cama con internet, Tv Lcd, baño compartido).

 

Acerca del autor

Redacción Rumbos

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