Cultura

Conservar el patrimonio cultural y natural significa respetar a las culturas vivas

La mejor  forma de conservar  el patrimonio cultural y natural es respetando a los descendientes de nuestras culturas y sus vínculos vigentes con la naturaleza. Sea en andes, Amazonía o costa.  Pues en sus descendientes vive gran parte la riqueza cultural que justamente los califica como patrimonio.

Por Galia Gálvez

Si bien es válido honrar a las antiguas culturas del Perú, su legado arquitectónico, musical, textil, idiomático; es necesario también honrar a sus descendientes, otorgándoles desde el gobierno y sociedad: acceso a la educación, erradicando el racismo y reconociendo sus derechos; de esta manera el patrimonio se conserva a sí mismo.

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Manuel Rodríguez  Cuadros, embajador permanente de Perú ante la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) explica que: ‘Todo el territorio peruano: o es zona de patrimonio, o es zona de influencia del patrimonio; y consecuentemente la historia e identidad de ese pueblo, sus prácticas, usos, costumbres, su relación con la naturaleza está impregnado del patrimonio’. Esto se debe a la diversidad cultural del país. No obstante, las poblaciones no lo  perciben así,  porque  el estado y  la sociedad no se los reconoce.

El embajador ante la Unesco, concluye que  es necesario hacer un compromiso por la conservación y la preservación del patrimonio cultural, material e inmaterial y natural del Perú, desde la sociedad civil, medios de comunicación y gobierno, pues población y patrimonio están aunados: ‘El patrimonio no se entiende sin la población, el patrimonio no es un concepto muerto’.

Patrimonio cultural vivo: Danza de Tijeras

Danza ancestral, de origen quechua chanca, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, que demanda extremada resistencia física y mental, pero que se aprende en las condiciones más humildes, sin ningún tipo de seguro o protección de la salud para el danzante.

¿Cómo entiende el concepto de patrimonio un ejecutante de esta herencia cultural?

‘Me emociono cuando cojo una tijera de danzante porque es parte de mi, siento que la tijera es una parte de mi cuerpo, si me quitaran la tijera sería incompleta’. Confiesa Anabel Quispe Mendoza, ‘Apanccoraycha’, danzante de tijeras femenina, nacida  en Colcabamba.

Se inició en Huancavelica, con ejercicios de saltos, flexibilidad y  después ya formada como danzante por su profesor Luis Campos ‘Motorcha’ de la escuela ‘Yawar Llaqta’, haría  los temibles ‘atipanakuys’, duelos de baile y de destreza física, donde había que cumplir las pruebas de sangre o pruebas de valor.

‘Lo más difícil es viajar a provincias, es una responsabilidad conmigo misma y lo más hermoso es disfrutar la danza’, expresa ‘Apanccoraycha’, puesto que cada pueblo tiene costumbres distintas sobre el baile y así haya un temporal de nieve, el danzante debe cumplir con el pueblo y su mayordomo contratante.

Ya que el mundo de esta danza, al ser tan sacrificado y de riesgo para la salud, algunos danzantes prefieren que su hijos se dediquen a otras actividades. ‘Yo esta danza pienso disfrutarla hasta el último, hasta donde me de el cuerpo… Si tendría una hija o hijo  le enseñaría la danza’, revela ella.

Anabel es ruda a la hora de danzar, los músculos de sus pantorrillas están marcados por la danza y los moretones propios que deja el baile. No teme golpearse, hace saltos mortales, tijera en mano, como cualquier otro danzante varón. Después de un ‘atipanakuy’ al regresar a su casa, descansa  y desinfecta sus heridas dejadas por las pruebas de sangre.

Luis Campos Agama (34) llamado ‘Motorcha’, director y  danzante de la escuela  ‘Yawar Llaqta’ danza desde los 09 años de edad, y ha formado a jóvenes, niños y adolescentes danzantes como Anabel ‘Apanccoraycha’.

Recuerda con añoranza  sus inicios de danzante  en Surcubamba, su pequeño  pueblo en  los andes de  Huancavelica. Heredó la danza de sus abuelos.  Y así transcurrió  25 años junto a sonidos de arpa, violín y tijeras, presentaciones entre saltos mortales, aplausos, contusiones, incrustación de espinas y   espadas al cuerpo, en pueblos remotos del Perú y escenarios de Europa, Asia y América.

‘Esta danza no es cualquier danza, tu tienes que amarla, quererla y te tiene que nacer, es inútil sino la amas porque no lo vas a lograr’. Asegura rotundamente ‘Motorcha’, ya que convertirse en danzante de tijeras demanda disciplina extrema,  fuerza física y concentración mental para aprender pasos complejos  con identidad musical propia, que no se parecen a ningún género.    

Este arte le ha  permitido la valoración de la cultura peruana:   ‘Yo feliz por representar a mi país, porque cuando estoy en el extranjero no represento a la escuela, ni a mi departamento, sino al Perú y orgulloso de llevar este mensaje andino al mundo’. Y resuelve  que continuará danzando hasta que los ‘Apus’, montañas personificadas como dioses andinos, se lo permitan.  

Datos:

Las declaraciones a Manuel Rodríguez Cuadros fueron tomadas en noviembre del 2017, durante el Seminario Internacional de Patrimonio  y Turismo Sostenible, organizado por la Universidad de San Martin de Porres.

Declaraciones tomadas a dos danzantes en noviembre del 2017, durante el Octavo Congreso Nacional de Danzantes de Tijeras en Tayacaja, Huancavelica.

 

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Redacción Rumbos

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