Cultura

La fiesta del chaccu sigue vigente

Vicuñas una historia de Conservación. Foto: Sernanp

El chaccu nacional de vicuñas en Lucanas, Ayacucho, es una estrategia andina que se revalora cada 24 de junio. Una fiesta que antes fue manchada por la insania senderista. 

Casi dos mil metros de soga rodean a las vicuñas en las 1,200 hectáreas de Pampa Galeras. Quienes sujetan la cuerda hacen de este cerco en una red movediza que peina la pampa y empuja a los camélidos hasta llevarlos a una pequeña meseta donde flamea la bandera del Tahuantinsuyo, bajo el Apu Ilacata. Es una trampa. Las vicuñas no lo saben y en su rápida huída no intuyen que sus intentos por escapar en realidad las harán prisioneras.

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Desde hace 25 años, cuando se revivió esta milenaria tradición y estrategia andina para atrapar a las vicuñas sin vulnerarlas, el chaccu ha ido ganando adeptos. Hoy se cuentan por miles quienes llegan a ver la esquila de la vicuña en el tramo de 6 km de la carretera Lima-Cusco que atraviesa Pampa Galeras. En estas punas esteparias a 3 mil 800 m.s.n.m. está la reserva que lleva el mismo nombre, pero también el de Bárbara d’Achille, en honor a la ecologista y periodista italiana asesinada por Sendero Luminoso.

La fuerza de la conservación

En las furiosas décadas pasadas, hacia 1967, la vicuña, uno de los animales más representativos del país y que aparece en el Escudo Nacional, estaba al borde de la extinción por el desenfreno de la caza furtiva. Tan solo había cinco mil individuos en todo el país.

La creación de la reserva coincidió con la buena voluntad de la comunidad campesina de Lucanas, que mediante un convenio con el Estado, dieron permiso para que en sus tierras se desarrollara el programa de recuperación del camélido. Después de 50 años, la Reserva Nacional Pampa Galeras-Bárbara d’Achille ( RNPGBA) es un modelo de gestión en conservación y aprovechamiento. Una ruta a seguir para asegurar la especie que estuvo a punto de desaparecer.

Una de las herramientas de conservación que se promovió fue precisamente el Chaccu, un cerco andino que se pierde en las narraciones que consigna el cronista Garcilaso de la Vega sobre el antiguo Perú, y que da cuenta de una estrategia para atrapar a estos ágiles animales con ingenio.

El chaccu consiste en achicar el espacio con paredes humanas salidas de los cuatro puntos cardinales para acortar el espacio formando una suerte de corral y aprisionar a cualquiera de los cuatro tipos de camélidos sudamericanos. En la actualidad, el ritual tiene un tono festivo, las paredes humanas ahora son de entusiastas que se dan cita a lo largo de la quebrada, cada 24 de junio, agarrados a sogas embanderadas con las que se les irá achicando el espacio a las vicuñas.

Ahora no solo el ichu domina el paisaje en el sector de Ceñigacucho al pie del Apu Illacata. La vicuña domina también en actitud altiva, oteando el frío helado de la puna. Chaju! Chaju! gritan cual cruzados los participantes antes de iniciar el rodeo andino. Ahora la vicuña, presagiando la captura, corre por estas punas, pero ya no escapa de cazadores, corre para no caer en la trampa.

Desde el otro lado quienes no participan del cerco observan otro espectáculo. Una nube marrón se acerca desde el fondo. Son las vicuñas que en tropel huyen despavoridas. Corren hacia el embudo que las espera para conducirlas a un corral. Las sogas se van ajustando y van cercando más a las vicuñas hasta que todas están atrapadas ya y sin salida en un pequeño espacio. Aquí se aprovecha no sólo para quitarles el vellón, sino que además son censadas. Entonces la jornada termina: fiesta, comida y bebida. La comunidad de Lucanas invita porque están felices de su trabajo. Pero la más feliz es la vicuña que sigue viva y aún corre por la puna.

El dato:

De acuerdo al último censo, hoy en el Perú tenemos más de 200 mil vicuñas. Se tienen 6 mil 500 hectáreas donde se conservan 4 mil vicuñas. Según el Sernanp, Lucanas cuenta con otras 20 mil hectáreas donde pastan 13 mil vicuñas. Son los reyes de la lana, si se calcula que el precio del kilo de vellón sin procesar oscila entre los 300 y 500 dólares.

Acerca del autor

Wendy Rojas

Fotógrafa y viajera.

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