Cultura

La pasión artística de los tejedores reales de Huamachuco

Los tejidos de Huamachuco son excepcionales, de los mejores en el Perú. Foto: Archivo Rumbos

En Huamachuco, en la sierra de La Libertad, descendientes de los tejedores imperiales elaboran bellísimas mantas y cinturones que llaman la atención del mundo entero.

Joseph Fabish y Horacio Rodríguez / Revista Rumbos

En 1977, la única manera de llegar a Tulpo, Mollepata y Mollebamba, pueblos de la antigua hacienda Tulpo, era a pie o a caballo. Me fui dando cuenta de que algo especial había acontecido en esa zona, que ennoblecía a los tejedores y hacía a sus mantas diferentes de otras que hubiera en el Perú. Los tejidos eran demasiado especiales como para pensar de otra manera. Eran realmente hermosos. Fue recién 25 años después que pude saber por qué.

Proyecto de altura

El Proyecto Textil de Huamachuco fue un esfuerzo desplegado por un grupo de expertos en antropología, historia, simetría, y otras disciplinas, que se juntaron para entender la historia de las mantas, así como analizar otros tejidos recolectados durante un periodo de treinta años (1977-2006). A pesar de que las mantas fueron tejidas en la sierra peruana durante centenas de años, esta tradición ha evolucionado recién durante el último siglo.

Las mantas rayadas usadas por la población indígena en Huamachuco fueron confeccionadas en telares de cintura (callua) heredadas de tiempos prehispánicos; mientras que las mantas con listados y a cuadros fueron tejidas en telares a pedal, los mismos que fueran introducidos durante la Colonia. Los telares a pedal se usaban en los obrajes (talleres coloniales de textilería que fueron establecidos sobre todo en las grandes haciendas). Se utilizaba allí lana de ovejas merino en reemplazo de la fibra de los camélidos nativos de los tiempos prehispánicos.

 

Se realizó un trabajo multidisciplinario para entender las raíces de estos tejidos. Foto: Archivo Rumbos

Historia de un cinturón real

Las tierras alrededor de la hacienda Tulpo constituyen el área de las mantas. Desde los tiempos de Huayna Cápac, hasta 1572, estas tierras fueron usadas como pastizales para los rebaños reales de camélidos, cuya lana era utilizada para tejer cumbi, es decir, tejidos de tapicería para el inca y la nobleza de Huamachuco.

Había sin embargo otro tipo de cumbi que servía para tejer fajas, aunque no era conocido por los especialistas. Hay que aclarar que ambos cumbi coinciden en ser tejidos de dos caras.

Durante uno de los muchos viajes al área de las mantas, la doctora Lynn Meisch, especialista en temas andinos, experta en tejidos y antropóloga de St. Mary’s Collage, en Moraga, California, observó que yo estaba usando un cinturón tejido a mano para atar mi bolsa de dormir.

Venía usando el mismo cinturón durante más de 25 años porque era muy diferente a los demás cinturones tejidos en la región. La doctora Meisch se había enterado de los cinturones en un trabajo presentado por Sophie Desrosiers, en la Conferencia Junius B. Bird sobre textiles andinos, en 1984. Desrosiers había descifrado e interpretado el código hallado en un documento extraviado de la crónica de Murúa (ejemplar Galvin), escrita a fines del siglo XVI.

El documento era una descripción técnica sobre cómo tejer un cinturón usado sólo por las coyas o mujeres reales del Imperio en ocasiones especiales y grandes fiestas. Desrosiers tejió dos ejemplares del cinturón, pero llegó a la conclusión de que la descripción técnica codificada por Murúa debía ser errada y que era muy difícil tejer el cinturón descrito en cuatro colores.

Sin embargo, el cinturón alrededor de mi bolsa parecía ser igual al que Murúa describía.

Sarita inmortal

Los cinturones ‘sarita’ llevan los colores del maíz, de allí debiene su nombre. Foto: Archivo Rumbos

En el 2004, junto con Horacio Rodríguez, ubiqué a una tejedora de cinturones en el pueblo de Tulpo. Le mostré uno de los cinturones para la coya y le pregunté si sabía lo que era. Cuando dijo que sí, Horacio comenzó a documentar la entrevista en un video. Nos dijo que el cinturón se llamaba ‘sarita’ y que para elaborarlo antes debía hacer una muestra, debido a los muchos palos (24 en total) de tejer utilizados para la manipulación de la urdimbre, en apenas cinco centímetros de ancho (con la técnica de callua). Luego de retornar a La Yeguada, informé a la doctora Meisch sobre nuestro hallazgo. Se entusiasmó tanto que decidimos regresar aquella misma tarde a recoger más información de la tejedora de esos cinturones.

‘Sara’ es la palabra quechua para maíz. Y los colores del cinturón descrito por Desrosiers en su análisis del documento Murúa eran rojos, amarillos, morados y verdes.

El 2005, la doctora Meish y yo, acompañados por Horacio Rodríguez, presentamos un texto conjunto en el Instituto de Estudios Andinos en Berkeley, California, sobre los cinturones de las coyas, ahora llamados más apropiadamente ‘saritas’. Concluimos que los colores del cinturón estaban relacionados con los de las variedades de maíz que cultivan alrededor del Cusco. Más importante aún, concluimos y demostramos que Murúa fue preciso en su descripción técnica y que, milagrosamente, el cinturón ‘sarita’ era la única tradición documentada ininterrumpida de tejido que sobrevivía desde los tiempos de los incas.

Simultáneamente, supimos que Arabel Fernández López le había entregado un cinturón con una descripción similar, a Ann Rowe, del Museo de Textiles de Washington DC. Ella tenía muestras de tejidos elaborados en San Ignacio (que pertenece a Sincicap). Allí muchas mujeres se visten usando el anacu (falda incaica), atado con una ‘sarita’. Las “saritas” de San Ignacio son, sobre todo, rojas, amarillas, guinda, verde y azules. Durante los tiempos iniciales de la Colonia, esta hacienda, junto con la de Tulpo y Yamobamba, pertenecía al encomendero de Huamachuco, Juan de Sandoval y su mujer, Florencia de Mora.

A su muerte, dejaron las haciendas a los indígenas, y así aseguraron que la antigua tradición de las ‘saritas’ fuera preservada a través de los siglos. En ambas haciendas, Sincicap y Tulpo, funcionaban obrajes con telares a pedal, introducidos por los españoles desde América del Norte hasta la Tierra del Fuego. Los indígenas adoptaron estos telares en sus hogares, y produjeron mantas, ponchos, bayetas, rebozos, jergas y otros tejidos de uso personal. Todo con lana de oveja, claro.

Trascendencia de las mantas

Con el paso del tiempo las tejedoras comenzaron a evolucionar en el diseño de sus trabajos. Foto: Archivo Rumbos

Durante los años veinte, los habitantes de los alrededores de Tulpo, Mollebamba y Mollepata, empezaron a tejer mantas usando motivos tomados de los cinturones: diseños geométricos, utilizando zigzags (kengo), palmas, diamantes y rosas.

La minería tuvo un impacto importante en la economía local, al usar a la población como mano de obra desde 1920. Así, fueron capaces de solventar la compra de tintes de anilina, ampliando la gama de colores al momento de tejer las mantas. Durante los años treinta, estos motivos comenzaron a ser dominantes.

En los años cuarenta, los bordes de los extremos comenzaron a evolucionar y utilizaron triángulos y zigzags. A fines de la década, los diseños en ‘punto cruz’ comenzaron a aparecer en las mantas. Asimismo, la introducción del uso del algodón amplió la belleza de los trabajosos y multicolores tejidos. Ya en los años cincuenta, estos bordes de los lados empezaron a cerrarse sobre todo el campo de las mantas, llenándolas de ‘punto cruz’ y diseños geométricos.

Empezaron a aparecer las mantas pictóricas. En los sesenta todos los diseños que habían evolucionado desde 1920, fueron tejidos en las mantas, mientras distintos pueblos del área empezaron a desarrollar su propio y particular estilo, y preferencias por los diseños. Asimismo, algunos estilos de mantas fueron atribuidos a determinados tejedores. En los años setenta, las fibras sintéticas de colores, aunque raras, comenzaron a aparecer en los diseños. El algodón hilado a máquina empezó a reemplazar al hilado a mano.

En los años ochenta, el tejido de mantas era una actividad próspera. Casi todos usaban una o más mantas en sus camas, a pesar de que las fabricadas en la costa ganaban en popularidad. Muchas fueron tejidas usando diseños tomados de las revistas Punto Cruz, publicadas y distribuidas en todo el país por la compañía Rivera.

A fines de los ochenta y los noventa, el tejido de mantas casi llega a su término como consecuencia del agravamiento de la economía y de la violencia de los movimientos terroristas de Sendero Luminoso y MRTA. Con el cambio de siglo, el tejido de mantas comenzó nuevamente a prosperar. Algunas mantas eran tejidas enteramente con fibras sintéticas que recién habían aparecido en la zona.

Arte textil

La crisis económica y la violencia terrorista perjudicó a la actividad textil. Foto: Archivo Rumbos

El arte de los tejidos ha sido apreciado en el Perú durante milenios. Las mantas de Huamachuco y los cinturones ‘sarita’ representan a tradiciones que han existido durante siglos, desde tiempos prehispánicos. Los trajes emplumados y tambores usados en los festivales celebrados cada año en Tulpo, tienen asimismo profundas raíces en tiempos prehispánicos. Estas tradiciones continúan desarrollándose, preservando de esa manera la identidad de la cultura en Huamachuco y de los habitantes de la región.

Las mantas son un ejemplo del cruce de dos culturas, la europea y la nativa americana, mientras que los cinturones ‘sarita’, tejidos para las coyas, muestran una técnica de tejido que solamente los más delicados y expertos tejedores de la tierra de los incas podían realizar. Está demostrado que los cinturones sarita fueron tejidos para el inca y usados por la coya. Es posible suponer, por eso, que los descendientes de aquellos tejedores reales sean los que hacen las mantas y cinturones que encontramos hoy en día en los alrededores de Tulpo y San Ignacio.

La tradición de las mantas de Huamachuco es equivalente, para el Perú y Sudamérica, a lo que las altamente estimadas tradiciones de mantas de Río Grande y de los Navajos son para Norteamérica. Es por eso que estas prendas (las mantas de Huamachuco) han encontrado su sitio en las colecciones permanentes de instituciones como el Museo de Arte de Filadelfia, el Museo de Textiles de Washington DC, el Museo Gene Autry del Patrimonio del Oeste, y el Museo del Sudoeste, ubicado en Los Ángeles.

Sin dudas, los cinturones ‘sarita’ y las mantas de Huamachuco son de los más excepcionales tejidos que pueden hallarse en el Perú de hoy.

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Redacción Rumbos

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