Cultura

Nasca: la historia nunca contada de Mamalá y su lucha contra la esclavitud

Muy pocos conocen la identidad negra del distrito de Ingenio, en Nasca (Ica), un pueblo de esclavos que recuperó el rumbo gracias a Mamalá, una lideresa épica, y que ahora intenta reconciliarse con su historia y abrirse seriamente al turismo.

Iván Reyna / Revista Rumbos

La llamaban Mamalá, pero su verdadero nombre era Tomasa de Alcalá. La llamaban Mamalá, pero su otro nombre era Libertad. También le hubieran podido decir Dignidad sin ningún problema. Lo cierto es que Tomasa o Mamalá perteneció a un grupo de esclavos negros provenientes del Congo.

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A Tomasa de Alcalá se le conoce por las investigaciones del profesor Mauro Lizarbe. Y cuenta que Tomasa era la única entre los esclavos que sabía leer y escribir, pero los patrones nunca lo supieron. Corrían los años de 1800.

La rebelión

Casa de Mamalá, construída en 1850, propuesta para convertirla en el museo de la identidad negra. Foto: Iván Reyna

Se sabe que Tomasa fue madre de Manonguita Rojas. Y abuela de Elisa Bailón, Rubén Pereyra, Zoila Cruces y otros más. Y bisabuela del quien fuera seleccionado peruano Julio Baylón. Se pasó casi toda su vida lavando la ropa de los patrones o amamantado a sus niños, como se acostumbraba en la época, mientras los demás esclavos del Congo, Mozambique y Angola envejecían en los cañaverales de la hacienda San José, en el distrito de Ingenio, Nasca.

Después de la guerra de Independencia, las haciendas de Ingenio cambiaron de dueños y los esclavos pasaron a tener nuevos caporales. Para entonces Tomasa de Alcalá ya lucía canas. Y un buen día, le concedieron la libertad. Ella se fue a vivir a una ranchería, junto a otros esclavos libertos. Tomasa compró un solar y construyó una casa -el año de 1850- y la convirtió en una cofradía, en la que se reunían todos los esclavos.

Una noche, los esclavos de las haciendas San José, San Javier, La Ventilla y Bogotalla eligieron a Tomasa de Alcalá -quien ya tenía el apelativo de mama- como su “reina y señora”, y es entonces que le ponen el nombre de Mamalá, es decir, a ‘mama’ le agregaron la última sílaba de su apellido “lá”. Y desde entonces pasó a ser la reina Mamalá, y era paseada en andas por la campiña y la ranchería.

Templo colonial de San José que resalta la producción agrícola de la hacienda de los Jesuitas. Foto: Luis Pilares

Empoderada y harta del abuso de los dueños, Mamalá convocó en su ranchito a los negros indignados y conspiraron contra Jerónimo Bouchar, el principal terrateniente de Ingenio. Un día, enfurecidos, se dirigieron a la hacienda San Javier, y a machetazos dieron muerte a Bouchar y a varios caporales. La hacienda pasó a otro dueño: Domingo Elías Balbuena Carbajo y Galarza, quien decía ser amigo de Ramón Castilla, pero le traicionaba en secreto.

La muerte

A fines del año de 1854, Mamalá fue a visitar a sus compañeros en la hacienda La Ventilla. Allí se dio cuenta que la secretaria revisaba la correspondencia. Y uno de los periódicos decía: “Ramón Castilla abolió la esclavitud, todos los negros esclavos son libres en el Perú”. Sin perder tiempo, y con el corazón desbordando su pecho, Tomasa empezó a pregonar la buena nueva. Armó la revuelta en la hacienda, los esclavos empezaron a correr, mientras los caporales disparaban a mansalva, y en ese trance, un certero balazo en el pecho acabó con la vida de Mamalá.

En medio de una llorosa multitud, con mujeres portando cirios y varones tocando bombos, sus restos fueron despedidos bajo una lluvia de flores. Hoy la casa de Mamalá todavía existe en el pueblo de Ingenio, y por eso toma fuerza la propuesta para que sea convertida en un museo, en el que se revalore la identidad negra. Un club de madres y una calle ya llevan su nombre.

La vida

Trapecios de Bogotalla a cinco minutos del pueblo de Ingenio. Foto: Luis Pilares

Por lo pronto, el distrito de Ingenio cuenta con un potencial turístico que podría concretarse en un sugerente circuito que integre los siguientes sitios: Museo María Reiche (kilómetro 421.3 de la Panamericana Sur), la iglesia colonial de San José, la casona del fundo Bogotalla (familia Maldonado), donde se puede descansar plácidamente, tomar un buen pisco, y contemplar dibujos realizados por la cultura Paracas, y finalmente las aguas medicinales de La Banda.

Ingenio es también conocido por ser tierra de gente longeva. Don Clemente Portales tiene 93 años de edad y sigue labrando la tierra. Yldigardo Gamboa cuenta con 82 años y no pierde la alegría de cosechar mangos en el fundo Mongó. Gerardo Mansilla con 84 años, además de recitar coplas encarna la cadena de longevos: su mamá falleció a los 107 años de edad, su abuela a los 109, y su bisabuela a los 127 años. Todos hombres y mujeres anónimos, todos orgullosos de la herencia de la gran Mamalá.

En Rumbo

Dónde: Ingenio se encuentra a siete horas de la Lima (altura del kilómetro 421 de la Panamericana Sur), y a doshoras de la ciudad de Ica.

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Redacción Rumbos

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