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Camposanto de Yungay, un viaje para celebrar la vida

De lugares grises, sombríos, callados y alejados de nuestro día a día a un edén acogedor en Áncash. En definitiva el Camposanto de Yungay es algo más que ese lugar que visitamos el 1 de noviembre flores en mano.

A pesar de que, luego de la tragedia que ocurrió en Yungay, a nadie se le ocurriría llevar sus pasos a un lugar que recuerda a la tragedia y a la muerte; hoy en día la antigua ciudad es un camposanto visitado por miles de turistas.

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El Camposanto de Yungay, llamado también antiguo Yungay, era una de las ciudades más bellas del Callejón de Huaylas. Una ciudad, que luego del terremoto y el alud ocurrido el 31 de mayo de 1970, quedó sepultada y en escombros, pero que en la actualidad, recobra vida gracias a los trabajos comunitarios y al apoyo de instituciones.

Un letrero reza: Yungay, Ciudad Sepultada, y a unos pasos antes de llegar al pórtico que fue levantado para conmemorar a las personas que desaparecieron y quedaron sepultadas por el alud, se observa como el terreno es un hermoso y extenso jardín de rosas multicolores y retamas.

Ahora estas coloridas planicies conforman un cementerio, las calles, por donde transitaban antiguos pobladores, son amplios jardines donde sobresalen cruces y lápidas. El trágico aluvión que arrasó con todo dejó en pie algunos escombros de la iglesia del  pueblo, restos de un bus –el Expreso Áncash– , un volskwagen escarabajo  y cuatro palmeras en el mismo lugar que se ubicaban en la antigua Plaza de Armas.

 

 

¿Pero, qué vienen a hacer aquí, los vivos entre los muertos?  Sin duda Yungay no recuerda a la muerte, es por eso que los vivos llegan hasta aquí para disfrutar de estos paisajes edénicos que bien podrían encajar en los relatos bíblicos de la tierra prometida. Vienen a sentir la fuerza del viento y a tenderse en el  crecido pasto, y, vienen para aprovechar sus caminos y rincones tranquilos, para caminar, leer o simplemente quedarse absortos y reflexionar.

Se trata, además, de uno de los camposantos más importantes y visitados por turistas en su ruta por el Callejón de Huaylas. Hacia el lado oeste, está el cementerio en el cual se distribuyen los nichos en terrazas escalonadas, y en la parte más alta de esta, sobre una esfera, una gran escultura de un Cristo en pie aparece con los brazos extendidos, en conmovedor gesto de piedad, hacia el Nevado Huascarán.

La mayor parte de visitantes se ve atraído por este Cristo que extiende sus brazos y al cual se llega después de subir los escalones que cruzan el ala del cementerio. Precisamente a esta colina corrieron muchas personas para salvarse del aluvión y desde este punto se puede obtener una magnífica vista panorámica de la Cordillera Blanca, y de la Campiña de Yungay.

Por  estos días el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, anunció la culminación del expediente técnico para la ejecución del proyecto: mejoramiento y creación de los servicios turísticos públicos del Camposanto de Yungay, provincia de Yungay.

 

El Plan Copesco Nacional precisó que dicho expediente técnico será remitido a la Municipalidad Provincial de Yungay, para la revisión y conformidad correspondiente, y se prevé que en el mes de diciembre de este año se estaría efectuando el proceso de convocatoria para la ejecución del proyecto.

Esta significativa obra de infraestructura turística tendrá una inversión mayor a las S/ 12 millones de soles, y que beneficiará a más de 101 mil turistas nacionales y extranjeros que visitan este camposanto. Dicha infraestructura contará con la instalación de un Centro de Interpretación, oficinas administrativas, servicios generales-maestranza, área para exposición de muestras artesanales, módulo de información turística, mirador con sendero y estacionamiento.

En Rumbo: 

El viaje de Huaraz hasta el Camposanto es de 45 minutos en auto, el pasaje regular a Campo Santo es de S/ .2.00 y los carros los puede tomar fácilmente en Huaraz. En Yungay, puede encontrar restaurantes para almorzar  ya que el recorrido por el Campo Santo toma mediodía.

 

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Redacción Rumbos

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