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Cosmovisión andina en Ccamahuara | FOTOS

Reflejo andino. Un compañero de Ccamahuara medita al borde del lago Tiracocha. Sus aguas cobijan a más de 2.000 truchas y sirven como reservorio para los cultivos y ganados. Foto: Gunther Félix

Viva la espiritualidad andina con la comunidad campesina de Ccamahuara (Calca, Cusco) que a través de un trabajo en conjunto con el Centro Bartolomé de Las Casas, se ha logrado posicionar la multiculturalidad en el mapa turístico del Cusco.    

Hay hojas de coca tendidas sobre una colorida manta. Alrededor, también se observan dos botellas de vino, hierbas del campo, tejidos y un pututo. El cuzqueño Avelino se frota las manos y no precisamente para calentarse del intenso frío. Es la señal. La técnica de adivinación más antigua de Sudamérica va a iniciarse: la lectura de hoja de coca.

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“Pero antes hay que pedir permiso”, dice el experto lector de coca. Si bien en todo ritual se usa la estampita de una virgen andina –la cual representa a la pachamama–, para esta tradicional costumbre inca no es necesaria. Estamos a orillas de la laguna Tiracocha o Wiracocha y a los pies de cinco apus que rodean el espejo de agua, en la comunidad campesina de Ccamahuara, distrito San Salvador (Calca). Así que toda licencia que se quiere solicitar debemos pedirlo a ellos.

En seguida, agarra un puñado de hojas de coca y los esparce sobre la mantada. Tras varias frases en quechua, observa las formas de las hojas cual bola de cristal. El hombre ensimismado guarda silencio. A continuación, alza la mirada hacia las montañas cercanas. Se pierde en el horizonte. Luego vuelve en sí como si regresara de otra dimensión andina. Su respuesta es la siguiente: “las hojas indican que estás bien de salud. Le hemos pedido que te vaya bien en todo”. Agarra más hojas de coca. Repite la sesión.    

Los turistas son recibidos en medio de danzas folclóricas y músicos ccamahuarinos antes de emprender la caminata hacia las lagunas. Foto: Gunther Félix

El ritual parece simple y los ingredientes para realizar el proceso, fácil de conseguir. Pero no lo es. Hay cientos de años de historia en estas lecturas que adivinan a la perfección el pasado y predicen el futuro. Amor, dinero, infidelidades, trabajo o salud, cualquier consulta es posible para el maestro Valerio, quien ejerce, consiente, esta práctica ancestral heredada de los antiguos incas.  

Esa declaración da origen a una pregunta: ¿cualquiera no puede aprender a leer las hojas de coca? ¡No!, responde. No es como aprender a leer las cartas del Tarot. La fe de los que codifican los mensajes que transmiten la coca es entregada a la pachamama y a los apus, que luego es recompensada con el don de interpretar el mundo. Una cosmovisión andina propia de los Andes.   

Pueblo unido

La ofrenda a la tierra y la lectura de coca no es más que una introducción de la comunidad Ccamahuara al sincretismo andino. Y así como Valerio, el resto de integrantes de la asociación Sumaq T’ikariy (Linda Flor en español) también se suman a los encuentros vivenciales que promueven los comuneros a través de la agencia de viajes CBC Tupay en este lado de la microcuenca Chuecamayo, ubicado al margen derecho de la cuenca Vilcanota. El enfoque que quieren exhibir es un turismo rural comunitario.

Es así que en medio de danzas que siguen el ritmo de un tambor y una flauta, cada turista nacional o extranjero es bien recibido por la hospitalidad de coquetas y chaposas ccamahuarinas.

El lago de Mamaqocha es una de las represas que la comunidad Ccamahuara ha elaborado para la captura del agua de las lluvias. Foto: Gunther Félix

En esta comunidad, la vida en el campo sigue siendo recíproco entre hombres y mujeres, y sigue mantiene hasta la fecha los rasgos propios del ayllu, permitiéndoles convivir armoniosamente con la naturaleza. Lo más asombroso de todo –dice Pilar Ccuro, otra campesina, a medida que ascendemos por un sendero– es que pese al cambio climático, su pueblo ha sabido adaptarse y adquirir con el tiempo nuevos conocimientos para hacer frente a los eventos naturales.

El problema que más aqueja a la población es su ubicación. A mayor altitud, más lluvias intensas y heladas. El reto fue grande, pero ahora ya lo controlan con técnicas que permiten capturar mejor el agua de las precipitaciones. Descuide que eso lo detallaremos en una siguiente crónica, mientras tanto recuerde respirar lentamente y abrigarse bien al superar los 4.000 m.s.n.m.

Después de atravesar varias hectáreas de pastizales y cruzar los últimos riachuelos, aparece Wiracocha o Tiracocha. Gigantesca, limpia y tranquila. Sus aguas reflejan como un espejo el rostro del cielo y, a su vez, reviven las historias que se cuentan sobre ella.

“Hace 60 años una niña que merodeaba por esta zona se ahoga en el lago, tratando de pescar una naranja que flotaba en sus aguas. Se lo había tragado la laguna. Durante la luna menguante los pobladores decían que la niña salía a la superficie a cantar y luego regresaba a la profundidad. Un día la comunidad se las arregló para rescatar a la niña. Cuando fue salvada después de varios intentos, falleció a los pocos días y de su cuerpo salió una paloma”, cuenta una de las historias que se tejen sobre el lago, Pilar Ccuro, quien ahora tiene 30 años.  

Valerio es uno de los maestros que enseña el proceso de la lectura de coca. Su fe le permite diagnosticar el estado de ánimo del visitante y su futuro a través de este ritual andino que se realiza a más de 3.400 m.s.n.m.Foto: Revista Rumbos

Verdad o leyenda urbana, lo cierto es que la comunidad de Ccamahuara se luce como un libro viejo que espera ser leído antes que la historia de sus páginas desaparezcan. “Nuestra tradición nunca va a desaparecer”, se atreve a apostar Valerio como si fuese un jugador de póker seguro de sus cartas. No hay necesidad volver a preguntar. La respuesta se intuye: mientras esta sabiduría ancestral continúa heredándose, la lectura de hoja de coca nunca desaparecerá.

El Dato

En Ccamahuara, además de un hermoso mirador, cuenta con dos lagos: Tiracocha y Mamaqocha, esta última es la más cercana. 

En Rumbo

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Acerca del autor

Gunther Félix

Periodista de esquina y del monte. Fotógrafo y peregrino urbano los fines de semana.

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