Destinos

El puerto de la felicidad

Puerto Varas se fundó en 1854 y actualmente tiene una población de 33 mil habitantes. Foto: Difusión

Puerto Varas, la exclusiva y encantadora comuna chilena rodeada de ríos, lagos y bosques, debería quedar, definitivamente, en el Perú

Martín Vargas Barrera / Revista Rumbos

Esto es más o menos como estar en el paraíso, pero sin haber muerto. Más bien, hay que estar vivito y coleando para no perderse nada de lo que ofrece Puerto Varas, a mi modesto entender, la ciudad más completa, cosmopolita y hermosa de todo Chile.

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Para que tengan una idea, Puerto Varas vendría a ser algo así como una mezcla de Barranco, San Isidro, Ancón, Chaclacayo y Tarapoto. O sea… ¿alguien podría pedir algo más perfecto? Esta ciudad respira cultura, es mansa, tiene un malecón espectacular con una extraordinaria vista del Lago Llanquihue, y sus mujeres son grandes, lindas, sofisticadas, pero cuando hablan delatan su alma campechana.

 

La arquitectura y la repostería son las principales herencias alemanas en la comunidad

Sus calles son anchas y ajenas. Salpicadas de arboledas vírgenes y todo parece estar siempre en su lugar, como si fuera una ciudad en exhibición permanente. Un bosque de árboles gigantes y tupidos flanquean su casco urbano de casitas de juguete, y a unos kilómetros de la ciudad, unas maravillas naturales hacen aún más atractivo el destino.

Los saltos del río Petrohué, las faldas del volcán Osorno, sus fincas, el lago Todos los Santos y el parque nacional Vicente Pérez Rosales son algunos de los encantos de esta comuna enclavada en una geografía que combina tramos terrestres y lacustres, y que permite la visión de espectaculares paisajes naturales bajo la tutela de apus de fuego, como los volcanes Puntiagudo, Osorno y Tronador.

Sus atractivos turísticos la han convertido en una ciudad cara, pero también en una de las diez con mayor calidad de vida. Casi con pleno empleo y dueña de una economía boyante, Puerto Varas tiene una veintena de hoteles de los cuales tres son cinco estrellas, se puede cenar en restaurantes dignos de estrellas Michelin, comprar ropa exclusiva, y optar por lodges de primera.

Situada en la provincia de Llanquihue, en la Región de Los Lagos, y muy cerca de la salmonera Puerto Montt, esta ciudad es una hija predilecta de la inmigración alemana. Sus calles, arquitectura, repostería, cualquier amago histórico que se haga sobre sus raíces, mostrará la sangre germánica que corre por esta encantadora comuna.

Tanta es la magia del lugar, que empresarios, ex presidentes, artistas, profesionales prósperos y emprendedores emergidos de la clase media, tienen un departamento o casa en esta ciudad de la que se enamoró Douglas Tompkins, el fundador de North Face. Lamentablemente el filántropo de la conservación murió hace un par de años, víctima de hipotermia, tras volcarse el kayak que navegaba en el lago General Carreras.

El paraíso es completo

Una lluvia como esas que en segundos convierten en ríos las calles de Tarapoto o Madre de Dios, viene ametrallado el techo del Hotel El Greco. Son las nueve de la noche, el sol acaba de meterse y los periodistas peruanos que vinimos con escepticismo a cubrir las bondades turísticas chilenas, ahora no nos queremos regresar a Lima. Es la última noche en Chile y todos quisiéramos que fuera la penúltima.

Toda la fachada del hotel boutique El Greco está cubierta con tejas de alerce, el centenario árbol chileno.

Rodrigo Angulo, el anfitrión y amigo que movilizó al grupo toda la semana, nos dice que este hotel tiene una sorpresa, que no es cualquier hostería. De hecho eso salta a la vista, el hospedaje es un lugar boutique, vintage y está hecho totalmente de material reciclado, de maderos y fierros traídos de la antigua escuela estatal por la pasión de Alfredo Soto, un chileno sexagenario, hablantino, culto y, lo mejor de todo, un enamorado del Perú.

Pintor aficionado, amigo íntimo de Víctor Delfín y un esclavo del sabor gastronómico peruano, Alfredo cambió la carta y convirtió el restaurante del hotel en una embajada de los lomos saltados, en un búnquer criollo donde se brinda con pisco arequipeño, cerveza cusqueña o una Inca Kola bien helada.

La presentación gourmet, la mano de sus cocineros peruanos, la importación de insumos premium de Lima y Tacna, y la calidad del servicio, han convertido al restaurante de El Greco en el favorito de los chilenos y turistas que llegan a pasarla bien. Cuando el hambre aprieta en Puerto Varas, las mesas de este encantador restaurante se atiborran de causas, leches de tigre, ajíes de gallina, parihuelas y arroz con pato. Entonces todos son un poquito más felices. Disculpen, la mesa está servida.

En Rumbo:

¿Cómo llegar?

Desde Lima, vuelo directo a Santiago y desde allí un trasbordo a Osorno. Desde esa ciudad el trayecto en auto hasta Puerto Varas toma una hora, aproximadamente.

¿Dónde hospedarse?

Hotel El Greco (Calle Mirador 134) www.hotelelgreco.cl

Tour operador local:

Rodrigo Angulo / rodrigotransporteyturismo@gmail.com

 

 

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Redacción Rumbos

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