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Destinos Largos

Tantas veces Lamas

La encantadora Lamas tiene una oferta turística envidiable. Foto: Freddy Guillén

Es famosa por su castillo, pero vecinos y autoridades están empecinados en correr la cortina para que todos sepan que Lamas es purita cultura. Un destino que se ama.

Por Martín Vargas

Erinson López tiene 33 abriles y se gana la vida soldando, pero hace 5 años resucita al tercer día, entre los aplausos de los vecinos emocionados, las fotos de los turistas sorprendidos, y los rezos de cristianos, evangélicos y los chicos de la catequesis de la iglesia de Lamas.

Pero no siempre fue Jesús en la Semana Santa lamista. Comenzó de soldado, hizo de apóstol y hasta de ladrón bueno, hasta que el anterior Jesús tiró la toalla, cansado de cargar la enorme cruz de 25 kilos por más de un kilómetro. Ahora es él quien soporta los latigazos de escuálidos soldados romanos, y los requerimientos de milagritos al paso de señoras despistadas y presas de su fe, que confunden el evangelio con el drama.

Pasión ejemplar que mueve turismo al destino. Semana Santa por todo lo alto.

Como él, unas sesenta personas dan vida todos los años a los personajes de la pasión de Cristo en la ciudad de los tres pisos naturales y capital del folclor amazónico. Entrenan durante mes y medio, ayunan para entrar en personaje, y reciben una propina por semejante esfuerzo por mantener la fe vivita y coleando en Lamas. Una pasión que la Municipalidad de Lamas se está encargando de perpetuar y contarle a todo el mundo.

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Y es que la Semana Santa es uno de los grandes atractivos de este destino que es más que el castillo medieval, mandado levantar hace unos diez años por un inversionista tabacalero como muestra de su amor y agradecimiento.

La ciudad que enamora

A solo treinta minutos de la bullanguera y bucólica Tarapoto, Lamas demuestra que tiene personalidad propia y un sin número de atractivos que la hacen un destino imperdible en San Martín. Más allá de las expresiones de culto, la ciudad, ubicada entre los 310 y 920 metros sobre el nivel del mar, reúne una naturaleza exótica, folclor de primera y cultura a borbotones.

Lamas está rodeada por la Cordillera Azul, paradisíaco cordón ecológico que la provee de lagunas y cascadas alucinantes. Además, es uno de los pocos destinos que protege su cultura viva, afán expresado en la vigencia de comunidades quechua hablantes descendientes de Pocras y Chancas. Basta darse una vueltita por el tradicional Barrio del Wayku para escuchar chácharas en Kechwa lamista, ver a mujeres ataviadas con trajes típicos, y sorprenderse con costumbres dancísticas centenarias pero aún vigentes. Orgullo que late, un signo inequívoco que las raíces están sólidas y gozan de buena salud.

Increíbles cataratas y naturaleza intacta al alcance de la mano.

Basta ver a su gente para comprobar el mestizaje étnico. Un gran batán de carne y hueso donde convergieron caribes, tupí-guaraníes, arahuacos, quechuas, alemanes, españoles y otras sangres. Y es precisamente esa mistura la que hace que los lamistas tengan una personalidad propia y le digan a todo el mundo que Lamas es más paja (que Tarapoto, que Moyobamba, que Yurimaguas, etc, etc, etc).

Fundada por un grupo de extirpadores de idolatrías el 10 de octubre de 1656 con el nombre de «La ciudad del Triunfo de la Santísima Cruz de los Motilones de Lamas», en clara referencia a la victoria del rosario sobre la chakana, la ciudad vivió en apacible cotidianidad hasta el 2005, cuando un terremoto tumbó el 70% de casas y hubo que reconstruir todo al tiro para que la tristeza no haga mella en el alma risueña de su gente.

Precisamente esa alegría fue reconocida el 2003 cuando la denominaron «Capital Folclórica de la Amazonía» con una ordenanza cuyo número no es preciso mencionar, pero sí la razón de tremenda condecoración. Y esa no es otra que el reconocimiento a tener una población nativa permanente. Una ralea heredera de la cultura chanca que constituye una fuente viva para recomponer el pasado y engordar la identidad de su pueblo.

Las perlas de Lamas

Uno no puede llegar a San Martín y contentarse con ir a la Laguna Azul, discotequear en Anaconda, almorzar en Chazuta o llenar la maleta con chocolates Orquídea. Es una injuria, un pecado sin posibilidad de arreglo en confesionario no ir a Lamas y conocer el fundo agroecológico Ecoperlacha, y sus más de 20 variedades de cacao orgánico; el Museo Chanka, pujante y terco espacio cultural; el centro artesanal Waska Waska Warmi Wasi, reducto de la artesanía indígena; y el mirador turístico con una de las mejores vistas del bajo mayo.

El castillo se ha convertido en un imán turístico.

El recorrido no podría completarse sin recorrer el controvertido castillo de Lamas, que guarda una gran colección de obras de arte, y caminar por las callecitas del centro, donde un grupo de artistas -gracias al apoyo de empresas privadas- se ha empecinado en hacer de Lamas la primera ciudad mural del país. Pero claro, eso será motivo de otra crónica. El arte y el talento lo merecen.

Los datos

¿Cómo llegar? De Tarapoto se puede optar por un colectivo a 5 soles. El trayecto dura 30 minutos. También puede alquilar una moto y disfrutar de tan hermosa vista en la carretera.

¿Dónde comer? Restaurante El Abuelo Felipe

¿Dónde refrescarse? Cafe Bar El Duende Maldito

¿Dónde hospedarse? Sumaj Casa Hotel en Tarapoto

 

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