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Qerulpa: huellas de la prehistoria

En Querulpa en el corazón del valle de Majes, Arequipa, se exhiben pisadas de dinosaurios y réplicas de los mismos a escala real. Infaltables, los camarones.

Por Álvaro Rocha

Salimos, bostezando bajo el Misti, a las cinco de la madrugada de la Ciudad Blanca, “para aprovechar el día” dice Rita, nuestra guía, cuya agraciada figura se adivina a pesar de la penumbra. “Mi dulce y andina Rita de junco y capulí” diría Vallejo. Nos dirigimos al poblado de Corire, en el corazón del valle de Majes.

Foto: Flor Ruiz

 

Arequipa: una viaje al pasado geológico

 

“La afluencia de turistas, no solo arequipeños, se ha incrementado, porque Majes es una especie de Lunahuaná recargado”, apunta Rita. Y es que este valle, bastante más ancho que Lunahuaná, luce una espléndida campiña, y se puede practicar canotaje, sandboard, bicicleta de montaña, y paseos a caballo.

Foto: Flor Ruiz

Imprudentemente ingresamos al Majes crecido por las lluvias, y el río zarandeó nuestra canoa de lo lindo. Todavía acelerados, nos movimos a Toro Muerto, una alucinante pampa de 5 kilómetros cuadrados salpicada de rocas con grabados de hombres, animales y dioses. Imposible verlo todo: es la muestra de arte rupestre más extensa del mundo.

Foto: Flor Ruiz

Almorzamos en Corire, famoso por sus camarones, lástima que estamos en veda, para otra vez será. Sin embargo, por la tarde, el plato fuerte fue en el Parque Jurásico de Querulpa. Un pequeño sendero repta por una árida quebrada mientras asoman grandes réplicas de dinosaurios, una es de un Diplodocus (que no habitó esta región), y la otra de un Giganotosauro, el dinosaurio carnívoro más grande que haya existido en nuestro planeta -incluso superior al Tiranosaurio Rex-, que vivió en Sudamérica a finales de la época cretácica, entre los 97 y 65 millones de años. “Entonces no debería llamarse parque jurásico sino cretácico”, argumentó Rita.

Foto: Flor Ruiz

Finalmente, acompañados de Ricardo Acero, dueño de estos terrenos, apreciamos las 68 pisadas de dinosaurios, algunas muy claras y profundas, que extrañaron tanto a sus descubridores el 2002 que pensaron eran huellas de gallinas gigantes. Mientras caminábamos al mirador donde se observa el valle, Rita murmuró algo sobre la fragilidad de la vida. Había un fuego suave en sus ojos negros.

En rumbo:

Alojamiento

Majes River Lodge
 www.majesriver.com

Posada Picardo
 www.posadapicardo.com

Gastronomía:

Todo tipo de platos en base a camarones salvo entre enero y marzo,porqué hay veda 
chicharrón de cerdo, cuy chactado, notables piscos.

Qué hacer:

Canotaje, sandboard, cabalgata, pesca, trek al cerro El Castillo, 
visita a bodegas de pisco, Toro Muerto, y museo de Querulpa.

Ruta:

El valle se encuentra a 165 Km. al oeste de Arequipa 
por carretera asfaltada (2.30 h)

 

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Redacción Rumbos

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