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Huayrapurina: el misticismo de un bosque

Foto: Marquiño Neyra

Su nombre en quechua significa “aire puro” y es uno de los nuevos destinos de aventura en el corazón del distrito de La Banda de Shilcayo, en la provincia de San Martín.

Con mucha suerte estamos andando al interior de un  bosque virgen. En el que aguardan  innumerables especies en estado natural, cascadas de aguas cristalinas  y riachuelos igual de prístinos. La vida cobijada entre el aire que se cuela entre el follaje parece mucho más afortunada.

MÁS RUMBOS: Pampa Hermosa, un susurro de la selva central

Caminando hacia el bosque de Huayrapurina,  uno puede contar las siete paradisíacas cascadas  y luego contar las tres horas que demoraremos en recorrerlas. Desde el centro de La Banda de Shilcayo son 25 minutos en un camino que se divide entre carretera y trocha que mariposea y tiembla por los baches, y se mantiene rodeada de áreas verdes y niños que juegan afuera de sus casas, como si estuviésemos en una época que se escapa del siglo XXI.

Aquí el tiempo no es el mismo. La naturaleza en este lugar parece ser ajena a la globalización. Parece.

Señales

La niebla le da un encanto particular a la espesura de la selva. El día puede iniciar con garúa, pero luego nadie sabe. Si el tiempo sigue así, hay que apañarse con el trekking y encontrarle el truco al andar  porque las piedras se ponen resbalosas y el barro puede hacer patinar. Pero aún así, hay que intentarlo pues las cascadas  ensanchan mas sus caudales y mostran un mejor cuerpo que cuando no ha llovido. La lluvia es un estado natural en el selva, va y viene.

Antes de llegar al Área de Conservación Regional Cordillera Escalera, donde está Huayrapurina, hay que atravesar por praderas tupidas de palta, cacao, limón mandarina y otros árboles frutales. Como es Zona de Amortiguamiento (ZA), hay vecinos que tienen a sus caballos, bovinos, vacas y ovejas pastando, manteniendo los valores naturales adyacentes al área protegida. 

Luego de 25 minutos a paso pausado, se llega al Tambo, una especie de centro de espera donde nos dan la bienvenida los socios de la Asociación de Conservación y Reforestación Ecológica y Turística de Huayrapurina.

Huayrapurina es un espacio con al menos 800 hectáreas de conservación, que han sido cuidadas durante medio siglo por los padres y abuelos de los actuales guardaparques. Ellos lo han resguardado de los cazadores y de la industria maderera por iniciativa propia y sin fines de lucro desde antes que las autoridades decidan hacerla un área de conservación.

—¿De dónde son? ¿Cómo se llaman? ¿Tienen Sed? —dicen los que serán nuestros guías. Están más felices de ver llegar a los visitantes.

Melquíades Montes, Isabel Durand y Tony Ruiz, son tres de los siete socios activos de la asociación que velan por este lugar. Y lo primero que suelen ahcer por los viajeros exhautos por el trote es ofrecer un humenate y vaporoso caldo de gallina para ‘tener energía’, dicen.

Cuando deja de llover, el sol se asoma radiante. Un clima de contraste al que tan bien le sienta, una sopa caliente bajo ese sol caprichoso y fugaz.   El turista no está acostumbrado a beber sopa caliente bajo ese sol que quema como si no hubiese capa de ozono. Pero en La Banda de Shilcayo, pocas cosas son normales. Y bueno en menos que se cuenta uno, dos y tres se engulle esa riquísima sopa de gallina de corral.  Todo esto es solo el preámbulo que despierta mucha curiosidad sobre lo que queda por descubrir.

Foto: Marquiño Neyra

Cuando se camina dentro de este bosque uno ensaya a hacer un pequeño inventario natural:   orquídeas, bromelias, anturios, heliconias y algunos hongos; arboles maderables como caoba, cedro, tilancias, ishpingo (o roble criollo), ana caspi; animales como mariposas buhos, monos pichico, sajinos, zorros; y algunos en vías de extinción como las ‘ranitas venenosas de colores’ (Denthobatos Ameerega Trivittata, de color verde a rayas).

En la noche, es posible escuchar  el paso amenazador de uno que otro tigre, tigrillo o zorro que suelen comerse a las gallinas de los locales, por eso han dejado de criarlas allí.

Por las siete cascadas

Foto: Nicolás Castro

Una advertencia: El trekking será largo. “Rico se suda. Se relaja tu cuerpo”, comenta un guía, mientras se limpia el sudor de la frente con un rostro de complacencia. La caminatas no hay que tomarlas a la ligera cuanso se trata de un bosque virgen.

Pero esta virginidad es de doble filo. Como recién se está impulsando este lugar como destino turístico, aún falta señalización, mejorar algunos senderos que atemorizarían a los poco aventureros y desabridos. Pero eso solo endurece la aventura. Una vez, recuerdan, hubo una turista a la que se le cayeron las sandalias y aun así llegó hasta la última cascada descalza. Lo único que se necesita para adentrarse en la travesía es espíritu aventurero. Pero también de preferencia unas botas.

El sol sale renegando. Y por siacaso estas entrañas selváticas saben a lo que vienes:

—Las montañas te botan si es que tienes mala intención.

Cuando se acercan personas maliciosas o turistas que vienen con agencias clandestinas, llueve fuerte. Aseguran los locales. Pero ahora, que estamos con parte del equipo municipal—los únicos que ofrecen este lugar como destino turístico—, el clima se torna amigable. Pero la lluvia siempre hace de las suyas y deja algunos caminos de barro y piedras resbaladizas que te harán patinar.  Te lo volvemos a decir: Mucho cuidado Los apus son precavidos.

Foto: Marquiño Neyra

Mientras se avanza hay algunos árboles caídos, hojas secas sobre el barro.  Hay que saltar por encima de piedras para evitar mojarse, pasar algunos puentes de madera. Aferrarse a algunas raíces, troncos, sogas y barandas de madera. Cuando menos lo pienses, estarás frente a la primera cascada y todo tendrá sentido: el bosque oculta sus bellezas. Nos pone algunos obstáculos para llegar, pero finalmente se muestra.

Aún faltan otras 6 cascadas. El día sigue soleado. La travesía continúa.

Hay una hormiga isula en tu pierna. La botas. Es enorme, de unos 28 mm de longitud. Le preguntas al guía sobre los efectos de su picadura.

—Si te pica, te mueres.

Ríen. Es mentira. Una muy cruel.

—Pero es como si te picara una culebra.

Eso no es broma. La picadura de la también llamada “hormiga bala” es comparable a la de un arma de fuego, según algunos de los guías. He ahí el origen de su nombre. El dolor es superior a la de una abeja o avispa y está entre los más dolorosos de los insectos. Pero no mata. Hay una tribu amazónica que tiene como ritual soportar durante 10 minutos la mordedura de esta hormiga como paso de la niñez a la adultez.

Usualmente están en el piso y es raro que piquen a una persona. Habita en los bosques lluviosos de la Amazonía y es muy respetada por sus depredadores debido al poder de su picadura. Pero  a pesar de ello hay que continuar. La virginidad es bella, pero peligrosa. Algunos senderos parecen seguros, pero igual tienes que mirar bien dónde pisas.

Pero hay que parar, descansar por breves momentos. Entonces hay que escuchar, respirar, observar. Es momento de reparar en los nuevos sonidos, oler nuevas esencias, tocar desconocidas plantas. 

Retorno

Los retornos son siempre más faciles. Al final te reencuentras con el Tambo para descansar, morder una caña de azúcar. Beber agua con limón mandarina y un trago afrodisíaco. Tal vez otro caldo de gallina es la mejor recompensa para tu cuerpo cansado pero satisfecho por lo vivido.

—Es una sopa de verdad. No lo vas a probar en otro lado.

Tiene razón. Es tan natural como todos sus paisajes, como la charla que se puede entablar con Tony, Melquíades e Isabel que no paran de contar anécdotas. Relatos muy vívidos que te trasladan a una atmósfera que tiene un fino hilo entre la naturaleza y el misticismo. Que vieron un animal muy raro. Que una hermosa sirena aparece en la última cascada. Que es mejor nunca quedarse solo en Huayrapurina, porque alguien del pasado aparece para desaparecer de un parpadeo. Que puedes acercarte con un trago y algo de tabaco, y conversar con los montañas. Ah! Ir al bosque es como volver a casa. Lo silvestre es una necesidad...

En Rumbo

Cuándo visitar: De junio a noviembre.

Contacto: Municipalidad de La Banda de Shilcayo.

Recomendación: Traer ropa ligera, agua y repelente. Venir en grupos de cinco, de preferencia.

Precio: Alrededor de 100 soles por persona. Incluye chapuzón en las cascadas, caldo de gallina, agua.

Tiempo: El recorrido, en ida y regreso, es al menos 5 horas.

Dónde hospedarse: La Floresta – Carretera Marginal Sur Km. 3.5 en La Banda de Shilcayo / Reservas: administracion@laflorestatarapoto.com / T. (42) 521755 –  952 346 228

Acerca del autor

Marquiño Neyra

Periodista, chiflero y grunger.

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