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Ruta Ausangate: El Camino del Apu

Vinincunca en problemas. Foto: Rolly Valdivia

Cinco días, 45 kilómetros, abras que superan los 5 mil metros de altura en un viaje que permite acercarse al corazón del mundo andino.

Rolly Valdivia / Revista Rumbos

Después de cinco días lo canonizaron. “Rapidito nomás pasó todo. Fue una sorpresa. Nadie imaginaba que al Gregorio lo iban a nombrar santo. Nos dio risa cuando se lo dijeron y hasta lo imaginábamos en los altares. Ay, gracioso sería verlo ahí, con carita de yo no mato ni una mosca y tirando de Yanataparaco, el caballito que lo acompaña a todos lados”.

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Fue un proceso sumario. “La señora se acercó a la hora de la despedida. De Australia era y había venido con su esposo. Mal estuvo al principio. Ni quería comer la pobrecita. Mucha altura, Ella ya no daba, pues. El Gregorio y su caballito la ayudaron a pasar todas las abras. Por eso lo abrazó fuerte y en inglés le dijo eso de que era un santo”.

San Gregorio, patrón de los caminantes sin esperanzas, protector de los andariegos asorochados, salvador de los peregrinos abatidos en el desafiante y exigente Camino del Apu Ausangate (Canchis, Cusco). “No, eso no lo dijo la señora. Eso lo está inventado usted que también vio la despedida. Alegre estaba, se notaba que le había gustado el viaje, a pesar de que el clima andaba loquito”.

Hojas de coca, traguito, también dulces. Tributo a la montaña sagrada para que proteja a los viajeros y no los maltrate demasiado. Es inútil. Lluvia y granizo, nieve y ventisca. ¿A qué santo invocar durante el recorrido? Gregorio aún no ha sido canonizado y, como se comprobaría durante el trayecto, sus habilidades milagrosas no incluían el control del clima.


Mal tiempo. Retos camineros: las abras a más de 5.000 m.s.n.m., los descensos que castigan las rodillas, los riesgos del soroche; pero no hay que desesperarse, siempre se encuentra una recompensa: las visiones del Ausangate –poderoso e imponente–; el avistamiento de vicuñas y parihuanas, de vizcachas y huallatas; la llegada a Vinicunca –la montaña pintada de arco iris–. Las cálidas bienvenidas y las noches sosegadas en los cuatro tambos ruteros de Andean Lodges.

Todo eso, más que eso en los cinco días andariegos que no pasan volando, que se pasan y viven andando en una ruta de 45 kilómetros en la que los arrieros, a veces, son canonizados, como pasó con Gregorio, el santo del caballo, las ojotas, el chullo y los lentes oscuros. “Ay, sería gracioso verlo en los altares”.

 

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Redacción Rumbos

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