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Churup, laguna de suprema belleza en la Cordillera Blanca

Conocida localmente como la “siete colores”, por su gran diversidad cromática, Churup está enclavada en un sitio exquisito: bajo un nevado y rodeada por un bosque de queñuales. Inolvidable.

 Por Javier Inca

Una sola palabra puede poner el microcosmos en tensión. Churup puede ser una de ellas.  La belleza que ostenta esta laguna perdida en los andes peruanos puede hacer enmudecer a los dioses. Sino lo crees no queda más remedio que comprobarlo.

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Tomamos una destartalada camioneta, acondicionada con unas pequeñas bancas de madera, a unas cuadras de la plaza de armas de Huaraz. El chofer acomodó parte de la carga sobre la cabina y ordenó la otra en medio de la tolva antes de pisar el acelerador.

Paisaje y calambres

El camino lejos de ser incómodo fue muy grato. Si un viaje en convertible frente al mar resulta agradable, este recorrido parado en la tolva y respirando ese airecito frío de la sierra se tornaba hermoso.

Las mujeres del Callejón de Huaylas, que nos acompañan, lucen sus coloridas vestimentas bordadas con gran técnica y precisión,  mientras los imponentes nevados Vallunaraju y Ocshapalca desaparecían en el horizonte.

Cuando apenas disfrutábamos del camino llegamos a Llupa. Luego de ajustar la mochila y cruzar amables palabras y saludos con los comuneros iniciamos la caminata por una pendiente muy suave, con unos tres tramos cortos de pendiente ligera (esto es plano en la percepción de los campesinos).

Luego de una hora de caminata pisamos Pitec, donde descendimos por un camino para tomar rumbo a tres hermosas quebradas: Quilcayhuanca, Shallap y Rajucolta. Sin descender, a la izquierda, por la primera arista siguió nuestro viaje.

Los nevados de la Cordillera Blanca rodean a la hermosa laguna de Churup. Foto: Wilson García

Iniciamos el ascenso por una pendiente un poco empinada hasta que llegamos a una roca gigante, en la que tuvimos necesariamente  realizar una escalada simple, para iniciar el segundo ascenso, más empinado que el primero.

Al seguir el sendero natural se llega a una pequeña pampa con pasto, un río de aguas transparentes y un bosque ralo, donde comienza lo más difícil e interesante del camino. Frente al río, que baja por una catarata, nos desviamos ligeramente a la izquierda para ascender por un tramo muy empinado donde tuvimos que realizar movimientos de escalada en roca, sin saber casi nada de este deporte extremo.

Luego de un tiempo prolongado de caminata y unos cuantos pasos complicados alcanzamos la parte más alta, y de pronto nos encontramos con la impresionante laguna y el nevado que comparten el mismo nombre.

Lugar magnético

Hay que estar preparados para evitar tropezar con ese piedrón o mejor dicho ese bloque gigante de granito, al inicio de la laguna, por la que discurre el agua que inicia el recorrido del río que se ve más abajo. La absoluta transparencia del agua, sus indescriptibles matices y los reflejos de espejo –cuando el viento está calmo– resultan realmente espectaculares.

Cuando se avanza por aquellos bloques de roca se obtiene una visión panorámica. La laguna está enclavada en una suerte de hueco con paredes gigantescas de granito, que la protegen del viento, otorgándole un ambiente muy íntimo y silencioso. En las partes menos verticales crecen densos bosques de queñuales y se puede hallar algunas playas.

Al continuar por la margen derecha, uno se puede topar con una pequeña ensenada que es todo un cuadro: pequeños queñuales que semejan perfectos bonsais; el brillo del granito (acero de día, plata en noche de luna), se sumerge en la laguna, formando matices y formas surrealistas; y el ichu, cuyo cálido color dorado contrasta con la frialdad de la roca y el agua.

En esta ensenada se halla un pequeño lugar para acampar, donde cabe una carpa pequeña. Es el paraje más hermoso en donde haya puesto mi carpa.

Cuando uno piensa que no puede esperar más del paisaje, al caer el sol, sale de pronto una enorme luna llena que crea un espectáculo aparte. La noche calma, bajo un silencio sobrecogedor, refleja sus sugerentes perfiles en las diáfanas aguas. El frío arrecia, pero conforme la luna asciende, el espectáculo mejora y las sombras muestran distintos movimientos de una sonata de Beethoven.

Espectáculo de color

Al día siguiente al continuar  por la margen derecha, bordeando la laguna. El espectáculo de color se repetía por doquier. La ruta cruza un pequeño bosque de queñuales y asciende directamente en dirección al nevado para alcanzar, en una hora, la segunda laguna (más pequeña, y de un color esmeralda más homogéneo y de aguas menos transparentes).

Desde allí se puede ver las rutas a la cima con todo detalle, su gran dificultad técnica y por qué ningún guía te quiere llevar allí. La americana (eleven joints), y la más radical (ni un puto joint), abierta por el peruano Guillermo Mejía (el escalador que abre una ruta tiene el derecho de ponerle nombre y se respeta su denominación).

Si gusta de la naturaleza y tiene la fuerza de voluntad (más que física) como para afrontar la subida, no deje de visitar el lugar. Ninguna foto ni relato podrá acercarse a tan hermosa  experiencia.

En rumbo

¿Cómo llegar?

De Lima a Huaraz el viaje dura en promedio 8 horas. Desde Huaraz hay empresas que brindan servicios especializados para llegar a Churup.

¿Cuándo ir?

Se recomienda ir entre los meses de mayo a setiembre que son las épocas donde hay poca lluvia.

Qué llevar 

-Para el camino es bueno llevar alimentos de escaso volumen y de gran contenido energético como atún enlatado, fruta seca y mucha agua.

-También es importante llevar bloqueador solar, ya que el sol es muy fuerte por la altura.

– La caminata a Churup se hace en un día, no es tan fácil como parece, por lo que es mejor salir temprano, para caminar a un paso tranquilo y poder descansar.

-Es recomendable llevar zapatillas especiales para trekking y una carpa de alta montaña en caso decida quedarse a acampar frente a la laguna.

Vive esta experiencia con Rumbos Viajes 

 

 

 

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Redacción Rumbos

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