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Qoyllur rit’i: fe en las alturas

Es una de las peregrinaciones más simbólicas del sur del Perú y la oportunidad para ser testigo de  la religiosidad andina. Prepárate para disfrutarla en cuerpo y alma.  

Hace falta más que fe para llegar hasta la explanada del templo del Sinakara, un lugar solitario, desolado, de ichu reseco, a más de cuatro mil metros de altura. Aquí el aire escasea y el viento congela hasta los huesos, pero igual, durante las celebraciones al Señor de Qoyllur Rit’i, ni un centímetro cuadrado queda libre al pie del imponente nevado.

Explanada del Sinakara. Un mar de gente llena todo el espacio en torno al Santuario del Señor de Qoyllur Rit’i. Foto: Wendy Rojas

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Miles de peregrinos provenientes de todos los rincones del sur andino, levantan una ciudadela de carpas improvisadas con techos de plástico azul. Son refugios temporales, en donde esperan el momento para ver y rezarle al Señor de la Estrella de  la Nieve o Qoyllur Rit’i, una pintura en roca al interior de un templo, en el vientre de la cordillera.

Cruces. Muchos velan las cruces hasta el alba en medio de un clima hostil y bajas temperaturas. Foto: Wendy Rojas

En apariencia la celebración se sustenta en los rituales católicos, pero el espíritu autóctono, andino, ancestral de la festividad se centra en la naturaleza, pero también en la persistencia. Solo así se puede vencer la distancia de ocho kilómetros que separa a la comunidad de Mahuayani (provincia de Quispicanchi) del santuario erigido en medio de la nada.

Peregrinaje hasta el glaciar de Qolqepunku. Una legión de Ukukus o pablitos realizan la ceremonia de agradecimiento a las fuerzas de la naturaleza. Foto : Wendy Rojas

Pero el peregrinaje no termina ahí. Hay que ascender muchos kilómetros más en las faldas del nevado Qolqepunko, para realizar el Inti Alabado o el recibimiento del sol en las frías nieves de la imponente y tutelar montaña del Ausangate. Es un trayecto agotador que algunos realizan a caballo, pero que la penitencia impone recorrer a pie. Solo así pueden llegar al santuario para adorar al Cristo en la roca.

Intialabado. Peregrinos se inclinan ante los reflejos del sol como parte de la ceremonia en medio de los galciares. Foto: Wendy Rojas

En este lugar se realiza el yahuarmayu, ritual en el que los peregrinos se latiguean recíprocamente, y las comparsas danzan y saludan a la divinidad. También se ‘compran’ las más caras ambiciones en la feria de las alasitas o se recibe un par de latigazos de los ukukos, el personaje central de la gran celebración que devela el sincretismo religioso del mundo andino que sigue tan vigente en las alturas montañosas.

Ukukus. Guardián celoso del santuario y de los nevados del Ausangate y parte de la tradición popular cusqueña. Foto: Wendy Rojas

En rumbo:

Ruta: De Cusco a Mahuayani hay unas 2 horas en auto. Algunos danzantes se reúnen en el Mercado San Pedro. También pasan camiones con peregrinos por el óvalo Pachacútec. Si se habla bonito, es posible pedir un aventón.

Fecha: Domingo 27 al Miercoles 30 de Mayo del 2018. El día central será el Martes 29 de mayo

Tours:  Puedes vivir esta experiencia con Rumbos Viajes   Contacto: 991575108

Llevar: Una vez en Mahuayani aprovecha en aprovisionarte de velas, casacas, mantas, linternas y tomar un sustancioso caldo para entrar en calor. Lo necesitarás.

 

 

Acerca del autor

Wendy Rojas

Fotógrafa y viajera.

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