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Prodigios de puna: la provincia de Espinar y su vasta oferta turística

La geografía de Tres Cañones es impresionante. Foto: Helard Rivera Flickr

Espinar con sus sorprendentes formaciones geológicas, iglesias y puentes coloniales, admirables complejos arqueológicos y culturas ancestrales, es un destino de lujo.

Álvaro Rocha / Revista Rumbos

Cusco, 6:00 a. m. Mientras los últimos noctámbulos recogían sus pasos, muchos de ellos aún con las secuelas de la vida loca encima, dando eses o hablando en voz muy alta, nosotros ya estábamos encima de las camionetas, bostezando y frotándonos las manos por el frío. James Posso se acercó a la ventanilla de nuestra camioneta y dijo “no se preocupen muchachos, antes del almuerzo estamos en Yauri”. Raquel lo miró, odiándolo por haberla despertado tan temprano, y no dijo nada. Pero cuando se fue me dijo “no creo, además parece que va a llover”.

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Raquel es así: incrédula, fatalista, aunque siempre anda de buen humor, salvo que la levanten temprano, claro. Nos pusimos en movimiento, atravesamos los distritos de San Sebastián y San Jerónimo, al sur del Cusco, y pronto el valle se amplió y apareció Saylla y sus campos cultivados cubiertos de rocío. Poco después el aire se cargó de un delicioso olor, era Oropesa y sus famosos panes hechos en viejos hornos de barro. Todos salivamos.

Ahí nomás nos topamos con el desvío a Tipón, donde se aprecia una mansión colonial que perteneciera a los marqueses de San Lorenzo de Valle Umbroso (1650-1802), y trepando por la quebrada el exquisito templo de culto al agua mandado a construir por el inca Wiraqocha, según el historiador Víctor Ángeles. Cuando pasamos por la bella laguna de Huacarpay, parada obligatoria para los observadores de aves por sus patos salvajes, gansos y parihuanas, un sol magnífico se coló por la ventanilla. Volteé a ver a Raquel y ella sonreía como diciendo ya sé.

Camino a Yauri

Paisaje de altura en la ruta a Yauri, la capital de la provincia de Espinar. Foto: Pikes on bike

En Sicuani, a 3 552 m.s.n.m., la gente hormigueaba en los atiborrados mercados, pues esta ciudad donde se creara la Confederación Peruano Boliviana, convocada por el mariscal Andrés de Santa Cruz en 1836, es un punto de encuentro comercial entre Cusco, Puno y Arequipa. Precisamente, aquí se ubica el desvío que nos llevaría a las mágicas praderas de Espinar. Atravesamos el pueblo de Maca, y la carretera trepó hasta el impresionante lago de Langulilayo, en la provincia de Canas, con las nubes jugueteando en su espejo de agua de profundos tonos verdes y azules. Muy pronto se perfiló el poblado apropiadamente llamado El Descanso, con algunos camioneros concentrados en contundentes caldos de gallina para no desfallecer en la ruta.

Teniendo como marco los vientos celestes y las doradas llanuras sin horizontes, nos internamos en la provincia de Espinar. A 190 kilómetros del Cusco, y a la hora del almuerzo como dijo James, arribamos a Yauri, capital de Espinar. Sin paradas, yendo tranquilo, el recorrido entre Cusco y Yauri demora cinco horas.

A 3 927 metros de altura y en medio del apabullante silencio de la puna, se levanta Yauri. De esquina a esquina, en la plaza de Armas, se estira la iglesia de Santa Ana, con un soberbio altar de plata  y pinturas de los siglos XVI y XVII. El lado moderno es obvio en la proliferación de cabinas de Internet y de teléfonos celulares que, por cierto, tienen una excelente señal en esta ciudad. Aunque los turistas son muy escasos, los viajeros abundan (mineros, comerciantes, ganaderos, y otros), y por lo tanto hay una buena oferta de hoteles con agua caliente y televisión con cable. Los restaurantes son rústicos, pero no falta la carne. Nos sentamos a almorzar, y Raquel pidió un bistec con papas y le trajeron una sábana. “Tengo un hambre”, dijo, adelantándose a los demás comensales que miraban el plato con indisimulado apetito. Espinar es una región eminentemente ganadera. Aquí se encuentra excelente carne de vaca y alpaca.

Paraíso de puentes

Machupuente uno de los puentes que cruza el portentoso río Apurímac. Foto: Ella Programme

Después de un desayuno regional con caldo de cordero y chuño, volvimos a la carretera y enrumbamos hacia los distritos de Coporaque y Suyckutambo. Pronto cruzábamos el puente colonial de Santo Domingo, con forma de arco y construido con bloques de piedra caliza labrada. Bajo suyo discurre una serpiente verdosa: es el río Apurímac iniciando su largo camino a la cuenca del Amazonas. “Vaya, vaya, con los españoles, tenían sus cosas”, soltó Raquel ante la majestuosidad arquitectónica.

Los vestigios coloniales se sucedían unos a otros. A 21 kilómetros de Yauri se estiraba el puente Kero, edificado en mampostería de piedra irregular. Casi inmediatamente ingresamos al pueblo de Coporaque donde se encuentra la casona del cacique Canatupa Sinanyuca, aliado de Túpac Amaru. En la colonia, Coporaque era el principal poblado de la región. El templo San Juan Bautista fue levantado por el cura Juan Peralta Solier de los Ríos  -con piedra caliza y calicanto- en 1702. En la plaza de Armas también se conservan cuatro arcos de piedra que identificaban a antiguos ayllus.

Abandonamos Coporaque y nos topamos con Machupuente, otro distinguido puente colonial, con el Apurímac corriendo encañonado debajo de su estructura. Muy cerca de Machupuente se ubica la casa hacienda de la familia Arenas, donde brindan alojamiento de época, digamos. Es una joya republicana, pero con diseño colonial, con su patio central empedrado de cantos rodados, techos de teja e ichu, y un decorado pórtico de piedra caliza. Continuamos viaje y James andaba exaltado porque ya llegábamos a Tres Cañones. “No sabes lo que es”, repetía.

Tres Cañones

Figuras descomunales en el bosque de piedras de Alto Pichihua. Foto : Helard Rivera Flickr

La Garganta del Diablo, donde el río Apurímac erosiona la roca viva creando un panorama singular, es la mejor antesala antes de recalar en esa maravilla geológica que es Tres Cañones: una alucinante formación natural donde confluyen los ríos Apurímac, Cerritambo y Cayomani. Las gigantescas masas pétreas que delinean Tres Cañones son azuladas y rojizas, y si a esto se le suma el amarillo apagado del pajonal, interrumpido por verdes manchas de queñuales, entonces estamos hablando de un colorido y sobrecogedor paisaje.

Empero, como nos enteraríamos después, este tipo de escenarios naturales, son comunes en la zona. Como el extraordinario bosque de piedras en el distrito de Alto Pichagua, con monumentales arcos de piedra, y figuras descomunales, que logran que Marcahuasi parezca una broma.

Deportes de aventura en Espinar. Foto: Iván Escalante

Nos despedimos de Yauri, de sus lánguidas praderas, y luego de cruzar el abra Negro Mayo, a 4 764 metros de altura, descendimos a la estética represa de Condoroma, cuyas aguas van a dar al valle y al cañón del Colca. La noche cayó sobre nosotros sin contemplaciones. El silencio lleno de significado de los Altos Andes nos acompañó en medio de un navajazo de sombras.

Cinco horas después de salir de Yauri, ingresamos a la ciudad de Arequipa. El teléfono sonó. Era James. “Dile a Raquel que llegamos para cenar a Arequipa, que me debe una apuesta”. Así es Raquel, incrédula, fatalista, sin embargo siempre anda de buen humor, salvo que tenga hambre, claro.

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Redacción Rumbos

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