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Waqrapukara: tesoro cusqueño

Wakrapukara, vestigios andinos en las montañas. Foto Lonely Planet

A pesar de su monumentalidad y buen estado de Conservación, varias joyas arqueológicas de Cusco suelen ser ignoradas por los turistas. Un error que no debes cometer con esta joya cusqueña de las alturas. 

Por Rolly Valdivia

En teoría el chino Godofredo conocía la ruta, pero había un problema, el muy bandido se hacía esperar, como si quisiera probar la fortaleza y la paciencia de su ocasional compañero. Tal vez, esa demora era parte de una estrategia para complicar aún más el desafío de ese viajero que se congelaba al lado del puente.

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Allí, donde un desvío carretero cruza el río Vilcanota para adentrarse en la provincia de Acomayo (Cusco), se encontrarían los personajes de esta travesía hacia una formación rocosa semejante a una cornamenta, en la que los qanchis y los incas erigirían magníficas construcciones de piedra y esculpirían andenes prodigiosos en las faldas montañosas.

Escaleras, una plaza, recintos ceremoniales, hornacinas de doble y triple jamba en Waqrapukara, un complejo arqueológico, una fortaleza o adoratorio, una atalaya natural a 4.163 m.s.n.m., a la que solo se accede caminando. Paso a paso. Así entraría en calor el viajero que sigue congelado, a pesar de que Godofredo ya apareció, porque más vale tarde que nunca y hay que partir ya, ahora.

Así de apurado andaba el recién llegado, quien ordenó abordar un colectivo hacia Pomacanchi. Un distrito, una laguna. Parada obligada. Desayuno. Emoliente y pan. Conversaciones. Preguntas y respuestas. También datos inesperados: “vayan en taxi a Santa Lucía (dos horas aproximadamente), desde ahí pueden caminar a Waqrapukara. Es la ruta más corta. En tres horas estarán arriba”.

Cambio de planes y de punto de partida, mas no de guía. Godofredo se queda, aunque la teoría ya no le servirá de nada. Él no conoce ese sendero que zigzaguea, sube y baja por un “contorno pétreo que llama la atención debido a sus formas caprichosas, que la erosión fluvial y eólica fue plasmando en el transcurso del tiempo, adquiriendo algunas formas que insinúan figuras antropomorfas y zoomorfas”.

Eso es lo que escribiría en el Informe Anual 2011, conservación y mantenimiento de zonas y sitios arqueológicos de Canas y Acomayo, el arqueólogo Pedro Lizarzaburu Prado. Pero que escribiría en su libreta de notas el viajero que ya no tiene frío, solo cansancio. Nada. Él está abatido. Solo mira la página en blanco, como si quisiera encontrar ahí, la fuerza que le falta para superar los últimos peldaños que lo separan de su destino. Ahora el Chino es quien espera.

En rumbo: 

Etimología: Waqrapukara es la unión de los vocablos waqra (cuerno) y pukara (fortaleza).

Cómo llegar: Desde el Cusco hasta el desvío a Acomayo (buses y colectivos que van a Sicuani), desde aquí en taxi-colectivo a Pomacanchi. Para ir a Santa Lucía se recomienda alquilar una movilidad (el servicio público es escaso). A Waqrapukara se puede llegar desde Acomayo siguiendo el ramal de Huáscar que va hasta la comunidad campesina de Huayqui. Se trata de un camino de herradura de aproximadamente 7.5 kilómetros.

El segundo acceso a Waqrapukara se realiza desde Sangarará siguiendo hacia  hacia el suroeste, a través de un camino de herradura de casi 15 kilómetros de longitud.

La tercera ruta pasa por la comunidad campesina de Huáscar, a través de un camino de herradura. Por último, se puede acceder al sitio desde la comunidad campesina de Chosecani , siguiendo la huella de un camino prehispánico.

Servicios: En Santa Lucía hay pequeñas bodegas. En Pomacanchi hay restaurantes y hoteles (rústicos). El Ministerio de Cultura de Cusco ha implementado una zona para campamentos cerca al monumento arqueológico. Es necesario un buen equipo para caminatas y para soportar el frío nocturno.

 

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Redacción Rumbos

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