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Chachapoyas, siempre hay que volver a ti

Es tiempo de liberar sigue tu instinto viajero por los rincones de Chachapoyas y otras localidades de Amazonas y descubre ese mundo perfecto que pocos lugares ofrecen. 

Emociones y reflexiones sobre el Perú profundo que solo pueden encontrarse desde la comodidad de un asiento y que solo lo experimentaremos si empezamos a dejar de quejarnos por las “horas que se pierden en carretera”. Viajar por los venas de nuestro país conlleva a no perder absolutamente ningún detalle. Rutas zigzagueantes, gente que mantiene viva sus raíces y una geografía inestable que va cambiando a medida que nos acercamos o alejamos.

 

MÁS RUMBOS: 

 

Al llegar, antes de dar rienda suelta a nuestro instinto viajero por los rumbos amazónicos hemos realizado un obligado alto por la nación de los chachapoyas.

Y es que sí, antes de conocer la imponente ciudad fortificada de Kuélap, refrescarse con el barullo de una de las cataratas más altas el mundo (Gocta) o deslumbrarse con la historia detrás los sarcófagos de Karajía, primero hay que descubrir algunos de los encantos que se esconden más allá de estas estrellas del turismo en el nor oriente peruano.

Joyas amazónicas

Uno de esos fantásticos lugares y más cercanos a la ciudad es el cañón del Sonche. Una joya natural del distrito de Huancas que tiene como principal atractivo una gigantesca herida en la tierra. A más de 2.500 m.s.n.m. esta maravilla natural se nos revela a través de un apacible mirador situado detrás de un pueblo alfarero cuyo nombre quechua significa Piedra Sagrada.

Después de surcar las aguas de la laguna de Los Cóndores por más de 40 minutos, hay que empezar el asenso hacia los mausoleos de Leymebamba. Foto: Arturo Bullard

Sin dejar de desaprovechar las horas del día, continuamos la ruta hacia la laguna de Los Cóndores. ¡Oh, magnífica laguna! La que luce orgullosa de sus aguas oscuras por ser un puente para los viajeros que vienen en busca de los mausoleos. El sitio arqueológico, que data entre los 800 a 1470 d.c., consta de seis estructuras arquitectónicas funerarias que en algún momento de la historia del Perú, albergaron 219 momias con sus respectivos fardos funerarios. El Museo de Leymebamba, a dos horas de la ciudad de Chachapoyas, custodia todas las ofrendas funerarias halladas en esta laguna.  

Los petroglifos de Pitaya también son otras joyas que deben conocerse en Amazonas. Para nuestro encuentro con estas reliquias volvemos a Huanca, que nos recompensa con 30 representaciones de diversas gráficas sobre la flora, fauna y vivencias del antiguo hombre. Ver estas figuras talladas sobre las rocas resulta un viaje en el tiempo, un recorrido de 3.000 años de antigüedad.

¿El hambre le pide un alto? Descuide, que así como los destinos de Chachapoyas satisfacen los ímpetus viajeros, su gastronomía calma los más exigentes paladares de los turistas. En el Batán del Tayta, por ejemplo, la cocina regional se combina con nuevas tendencias gastronómicas que resultan exquisitas y hasta atrevidas. Aquí podrá degustar de un agradable tacacho con cecina y una exótica caspiroleta de hormigas.

Una vez con las barrigas llena y los corazones contentos, recorrimos el valle de Utcubamba con el fin de conocer los Torres de Macro, un complejo arqueológico compuesto de terrazas y torreones ubicados al borde de un río.

Después de esa hospitalaria visita, puede hacer un último viaje por la provincia de Chachapoyas, teniendo una cita con el Pozo de Yanayacu, también conocido como La Fuente del Amor. Esta preciosa estructura está aquicito nomás al oeste de la Plaza de Armas de Chachapoyas, en el cerro Luya Urco.

Y créanos que no te arrepentirás si obedeces nuestros consejos sobre los encantos de Chachapoyas que debes conocer. Pues al igual que cualquier otra película de fantasía, este circuito turístico lo dejará más que cautivado.

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