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Playa secreta: Bayóvar

Texto & fotos: Walter Wust .

Bayóvar, por lo general, nos suena a petróleo, oleoducto o barcos cargueros. Y es que, en realidad, esta remota porción de desierto ubicada al suroeste de la ciudad de Piura fue escogida hace más de dos décadas para embarcar el petróleo procedente de la Amazonia. Sin embargo, sólo unos kilómetros hacia el sur, se extiende una de las zonas costeras más hermosas de nuestro litoral. Una serie interminable de playas escondidas en las que el tiempo parece haberse detenido. 

Esta es tal vez la porción del litoral peruano m enos alterada por el hombre. Esta es una tierra de dunas y médanos que viajan lentos pero constantes... como manadas de elefantes enloquecidos, diría un famoso poeta, vagando siempre con rumbo norte. Es una tierra de viento salado y sol ardiente que resquebraja la superficie del desierto, azotando cada tarde a escuálidos arbolillos retorcidos que parecen aferrarse tercamente a un sustento desconocido. Es una tierra blanca y amarilla. Pero al mismo tiempo es azul intenso de aguas transparentes y de cielos despejados que recorren sin cesar bandadas de pelícanos y gaviotas. 

Bayóvar es, en suma, una región de dramáticos contrastes, pero cuyo denominador común es la ausencia del hombre. Precipitándose desde el árido tablazo sechurano, las dunas nos conducen hasta la misma orilla del océano. Allí, como guardianes ancestrales, irrumpen las enormes moles de granito que flanquean puntas y playas. Extrañas formas pulidas por el tiempo, la arena y el mar que formaron alguna vez parte de la vieja Cordillera de la Costa, hundida en las aguas hace millones de años. Estas enormes piedras sirven hoy de lugar de descanso a colonias de guanayes, piqueros y fragatas. 

Pocas zonas del Perú poseen un mar tan azul como el de Bayóvar. Sus aguas, cristalinas y calmas reflejan con inusitada intensidad el cielo inmaculado del desierto. Son aguas frías, pero inmensamente ricas. Son también aguas de carácter impredecible, que enloquecen de repente formando feroces oleajes; que golpean la costa con furia y provocan la huida de las criaturas que llegaron hasta ella en busca de refugio y descanso. Es precisamente en esta zona de nuestro litoral que la Corriente Fría Peruana se despide del Continente y emprende el largo viaje hacia mar abierto, para llevar su abundancia de vida a las costas de las islas Galápagos, varios cientos de kilómetros al norte. El de Bayóvar es un mar poblado de peces, lobos marinos y juguetones delfines.

      

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