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Tarma
valle de flores, rezos y fiestas
Bautizada
por el sabio Antonio Raimondi como la
Bella Perla de los Andes, la ciudad de
Tarma es un paraje de encanto
escondido en la sierra central del país,
de calles estrechas y fértiles campos
que cobran vida, color y mística
durante las fiestas de Semana Santa.
Cuando
iniciamos
el descenso desde Las Vegas hacia el
fecundo valle que enamoró a Antonio
Raimondi, la visión de Tarma es casi
un descubrimiento. Agazapada entre los
macizos verdes y frescos que la
protegen, la ciudad es un rumor de
fiesta que viaja a través de las
calles y se propala a los caseríos
vecinos. Todos se preparan para
celebrar la Semana Santa.
Tarma es una región de tierra fértil,
cielos azulados y cultivos diversos
que se doran bajo el sol al caer la
tarde. Está ubicada al noreste del
Valle del Mantaro, a apenas cuatro
horas de Lima. Se llega a ella a través
de la carretera Central; en La Oroya
se coge la vía que conduce a la selva
baja, al valle de Chanchamayo. En esta
ruta, a 235 kilómetros de la capital,
está asentada Tarma.
La
ciudad de las flores
Los días que preceden a la procesión
los campos del valle se llenan de
campesinos y vecinos de la ciudad,
encargados de recolectar las flores
con que se confeccionarán las
benditas alfombras. En los distritos
de Chuchupampa, Mullucro y Huasqui,
donde se cultivan flores para la venta
en los mercados; en las tierras
de las comunidades de Carhuacatac, de
Ayar, de Pomachaca, donde los
comuneros recogen flores silvestres.
El Viernes Santo se lleva a cabo la
procesión del Santo Sepulcro. La
plaza de armas de Tarma acoge
alrededor de cinco mil personas, gran
parte de ellas turistas llegados de
Lima y el extranjero. Más de 75
barrios, comunidades campesinas,
instituciones y empresas han
participado con sus alfombras de
flores. Todos han formado una única
alfombra de 850 m de largo. El récord
del año pasado ha sido superado.El Sábado de Gloria hay espacio para
visitar algunos atractivos de la
ciudad.
Plaza
tomada
Con la caída del sol cientos de
comuneros inician la confección de
nuevas alfombras de flores. Pasarán
la noche en vela, aguardando la Misa
del Alba y la procesión del Cristo
Resucitado, poco después del
amanecer. La mayor parte de turistas
dirigen sus huesos a Acobamba,
distrito ubicado a 15 minutos de la
capital de provincia, donde se
encuentra el santuario del Señor de
Muruhuay y donde esta noche se
celebrará una soberana juerga.
Su plaza de armas, por lo pronto, ha
sido tomada por asalto. Una multitud
de limeños espanta el frío con
"calientito" (mezcla de
emoliente y pisco) y sacude la s
cinturas al compás de la technocumbia.
Media docena de bandas folclóricas
amenizan la vigilia del Domingo de
Resurrección, bajo esas magníficas
obras de arte que son las medias
naranjas, especie de arcos con flores
que la procesión bendecirá por la mañana.
La
última procesión de Cristo
Pasada la medianoche nuestro interés
se dirige nuevamente a Tarma, donde la
mayor parte de las alfombras ha sido
terminada. Un buen número de
comuneros muestra los estragos del
exceso de "calientito";
muchos duermen sobre las veredas;
algunos van desvariando por allí, en
medio de la plaza. Hasta que se
escuchan las campanas de la catedral
de San Ana anunciando el inicio de la
Misa del Alba.
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