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En búsqueda de la estrella de nieve

Texto por/Text by Oscar Miranda

Banderas peruanas y del Tahuantinsuyo guían el paso de miles de peregrinos provenientes de las alturas cusqueñas que llegan hasta el vale de Sinakara, en la inmediaciones del nevado Ausangate, para protagonizar una de las festividades religiosas mas impresionantes de América del Sur: la fiesta del Señor de Qoyllur Rit'i o Estrella de la Nieve.

Avanzamos de madrugada. El camino es una sinfonía de cuestas y declives que maltratan los huesos y fuerzan el sudor a temperaturas que no remontan los 5° centígrados. Son 8 largos kilómetros, cuatro interminables horas de caminata lenta y agobiante las que separan la pequeñsa comunidad de Mahuayani de las nieves del Qolquepunco, en las cercanías del Ausangate. Tierra de imponentes apus, de vientos afilados y pampas heladas donde el ichu brota a duras penas.

Un niño junto al cielo
Un pequeño pastor de alpacas, de nombre Marianito Mayta, fue según la tradición católica el primer hombre en ver la milagrosa aparición de Jesucristo en las faldas del Sinakara, allá por el año 1780. Estaba el Hijo de Dios encarnado en un muchachito de cabellos rubios y vestidos de seda que compartió con el niño pastor las frías tardes junto al nevado, ayudándolo en las labores de pastoreo y compartiendo con él la comida que llevaba en su alforja
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En el reino del caos
Los peregrinos agrupados en naciones han llegado a Sinakara desde el viernes. El ritual siempre es el mismo. Al final del camino, antes de pisar el valle, los danzantes se enfundan en sus trajes multicolores, los "pablitos" o "ukukus" secolocan sus máscaras de lana, y entran danzando todos en dirección al santuario. Allí le presentan sus respetos al Taita Qoyllur Rit'i y luego se dirigen a la llamada Roca Sagrada, a venerar la pequeña imagen de la Virgen de Fátima.

La sociedad secreta
Las noches son frías aquí en Sinakara. La temperatura puede descender a más de 5° centígrados bajo cero, y las bolsas de dormir no parecen impedir que el poco calor de nuestros cuerpos se marche con cada exhalación. Las noches son frías y largas pero no parecen serlo para los danzantes y pablitos que, desde que se ocultó el sol, han ido subiendo por naciones a las nieves del Qolquepunco, a realizar sus rituales secretos.

      

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