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Cactus del Perú
Nuestra tierra con su vasta geografía, es el hogar de cerca de doscientas ciencuenta especies de cactus. Frecuentes en los desiertos, aunque no exclusivamente restringidos a ellos, estas singulares plantas sorprenden con sus bellas flores a todo aquel que se detenga a observarlas.
Era el invierno de 1914 y el doctor Doseph N. Rose se encontraba de visita en el Perú para estudiar nuestros cactus. Al describir uno de ellos, colectado al este de Lima, comentó que era muy común en los cerros, desde Santa Clara hasta Matucana, donde formaba densas matas.
La Historia y la Leyenda
Curiosamente, no siempre fue así. En la localidad de Paloma, un asentamiento humano al sur de Lima con 7 mil años de antigüedad, cuando todavía no se había inventado ni la agricultura ni la cerámica, se ha encontrado excrementos humanos fósiles con semillas del cactus Haageocereus olowinskianus, muy cerca del lugar donde, hace sólo cincuenta años, se describiera esta especie y que ahora se encuentra seriamente amenazada por la invasión de cultivos de tuna (Opuntia ficus-indica).
Los cactus peruanos
Los cactus, al igual que los picaflores y la familia de las puyas y las pinas (Bromeliaceae), son todos endémicos del continente americano; es decir, no existen en forma silvestre en ningún otro lugar del mundo.
Más interesante aún es que cada país de América tiene sus propias especies de cactus, debido a que los hábitats tienen, por lo general, dimensiones relativamente pequeñas. Por ello, es posible hablar de cactus peruanos sin caer en falacias ni chauvinismos, y por eso la imperiosa necesidad de conocerlos para poder protegerlos.
Rituales
Probablemente el cactus más conocido en el Perú es el llamado San Pedro -científicamente Echinopsis pachanoi- y su popularidad se debe a que posee un alcaloide alucinógeno llamado mescalina.
Los curanderos peruanos conocen empíricamente este cactus y lo emplean en sesiones nocturnas donde lo consumen junto con sus pacientes para adivinar los males que los aquejan.
Para salvar los cactus
Hay una solución inmediata que, aunque no es la mejor, permite salvar las especies limeñas cuyos hábitats son irrecuperables. Se trata del traslado y cultivo ex situ, en jardines de universidades y parques (tarea actualmente en marcha).
Una alternativa aún mejor es la creación de pequeñas reservas municipales en los mismos hábitats
amenazados.
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