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El otro lado del Titicaca

Texto por Stephen Light
Fotos por Juan Puelles, Mylene d'Auriol, Renzo Uccelli, Benjamín Collantes


El lago tropical más grande del mundo, el Titicaca, es enorme. Cubre un área de 8 000 kilómetros cuadrados y mide 170 kilómetros de largo y 65 kilómetros de ancho. A lo largo de sus aparentemente infinitas orillas y en sus numerosas islas verdes, sus habitantes quechuas y aymaras pescan en sus magníficas aguas y trabajan sus fértiles suelos a la manera de sus antepasados - los que contruyeron Chucuito, Sillustani, Tiahuanaco y la infinidad de obras que hoy en día son ruinas esparcidas por toda la región.  

Sin embargo, el colosal lago que vemos hoy es sólo el vestigio de un gigantesco mar interior que alguna vez existió. Conocido por los geólogos como el mar de Humboldt, se extendió desde La Raya hasta Uyuni, cubriendo lo que en la actualidad constituye el altiplano peruano-boliviano y lagos como el Titicaca, Poopó y Coipasa. Estos espejos hídricos, alimentados por los gélidos ríos nutridos a su vez por los nevados de los Andes, son, literalmente, los charcos que este vasto océano dejó mientras se evaporaba.

En la actualidad, el Titicaca es designado como un lago de agua dulce, con una salinidad de 0.1%.

El Titicaca pierde gran parte de su volumen por evaporación, un acompasado proceso que causará inevitablemente, durante un período milenario, que el lago desaparezca. 

El mito de origen y la vida creada por el agua 
Mientras para los geólogos el lago es el resultado del continuo levantamiento global, para la gente del ande es, simplemente, donde el mundo empezó. La leyenda de la creación de los incas es bien conocida. Cuenta como el sol salió del lago para posteriormente dar vida al primer Inca, Manco Capac, junto con su hermana Mama Ocllo.

Todavía, la zona sur del lago Titicaca es conocida por su nombre quechua de Wiñay Marca, "Ciudad eterna". Intrigados por este aparente enigma, diversas expediciones subacuáticas, entre ellas la del aventurero francés Jacques Cousteau, han explorado los restos de una ciudad que yace unos cinco metros bajo la superficie de estas aguas bolivianas.

El Festival de la Virgen de la Candelaria
El origen de La Candelaria data de la gran rebelión de Túpac Amaru II contra el régimen español en 1780. Uno de los capitanes del susodicho rebelde, Julián Apasa Túpac Catari - quien logró capturar La Paz dos veces durante el levantamiento - asedió Punoen 1781. Cuenta la tradición que los puneños, quienes no contaron con los medios para defenderse, decidieron sacar a las calles la imagen de setenta centímetros de altura conocida en aquel entonces como la Virgen de la Purificación. Se dice que al ver la masa de radiantes luces que rodeaba la Virgen, los sitiadores se retiraron en confusión. Los puneños rebautizaron a su salvadora La Candelaria y la nombraron su patrona. Hoy, cuando la Virgen es recogida de su lugar de descanso para celebrar su famosa victoria, va acompañada por luces y un ejército de grupos folklóricos.

Suasi, una isla encantada.
Un parche verde puesto entre el agua y el cielo, la isla de Suasi está cubierta de andenes construidos para alimentar una cultura antigua ya perdida en el tiempo. Suasi fue propiedad de la familia Gálvez Olvea durante el siglo XIX, en la actualidad es un área protegida.Sobre sus terrenos de verdes intensos alpacas, vicuñas, chinchillas y vizcachas desambulan en libertad y las diversas especies de aves que habitan la isla son fáciles de observar mientras uno pasea por las numerosas sendas para gozar de las magníficas vistas del lago y de las islas de Soto, Taquile y Amantaní.

      

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