|
Arequipa,
historia de la Ciudad Blanca
Texto por Crisia Málaga
Fotos por Mylene d'Auriol
El proceso de construcción- y destrucción- de Arequipa está marcado por el sobrecogedor ciclo de sismos que ha caracterizado su vida como ciudad.
PMotivado por el devastador temblor de 1582, Carlos V publicó una cédula ordenando que los muros de los edificios que se construyeran en adelante, no excedieran las seis varas de altura, disposición que se cumplió y que le dio a Arequipa la primera de sus peculiaridades originadas en sus temblores: Una ciudad de planta baja.
Los arequipeños estaban todavía reconstruyendo la ciudad cuando, en 1600, la legendaria erupción del
Huaynaputina, hizo temblar ferozmente la tierra para luego sepultar en ceniza las calles, hundir los techos de las casas y descalabrar todo lo que se enfrentaraa su ira.
Con estos sismos de comienzos del siglo XVII la ciudad habría de volcarse a una opción tecnológica que parecía más segura: las bóvedas de sillar.
Una producción sostenida por los viñedos de los valles Vítor y Majes, una buena red de intercambio comercial afianzada en el abastecimiento de la campiña, y una actividad minera abierta le dieron a Arequipa cierto respaldo de solidez económica. En realidad, durante el siglo XVII esta zona constituyó un epicentro de riqueza.
En esos años, se comenzó la construcción de templos. La Catedral fue el primer monumento religioso del S. XVII que sólo pudo ser concluida hasta 1656, gracias a la obra del Sacristán Mayor de la Catedral, que además le hizo la bóveda en piedra.
El templo de la Compañía fue proyectado por primera vez en 1573, pero como otros monumentos arquitectónicos, no soportó los temblores de comienzos del XVII. La estructura que sobrevive hasta hoy data de 1650 y fue obra del maestro Simón de Barrientos.
El más grande e intrincado complejo arquitectónico colonial que conserva Arequipa es el convento de Santa Catalina conformando una verdadera ciudadela colonial, con callecitas que evidencian su cronología. Cada calle tiene un nombre; así tenemos las de Sevilla, Granada, Burgos y Toledo, que hasta hoy mantienen su aspecto original.
En su apogeo, la población del convento alcanzó quinientas monjas, que por mas de cuatrocientos años vivieron totalmente aisladas del mundo. Los habitantes de la ciudad no tenían pista alguna de lo que sucedía al interior de las paredes del recinto, lo que desató la fantasía popular, dando lugar a numerosas leyendas y cuentos.
Aun cuando un nuevo ciclo destructivo la asoló en 1687, Arequipa se consolidó como ciudad en este siglo. Fue entonces que se perfeccionó el sistema de construcción de bóvedas de sillar, lo que originó que esta tecnología se trasladara a caseríos y solares, generalizando el uso del pétreo material y ajustando su respuesta antisísmica.
Con todo, 1788 es un año que los arequipeños no podrían olvidar. Tres movimientos sísmicos estremecieron la ciudad despiadadamente.
Lamentablemente, en 1828, la ciudad fue decapitada por otro terremoto que derribó fachadas, torres, campanarios y portales. Se cuenta que no quedaron más de tres edificios sin sufrir daños. Para 1868, sin embargo, ya conformaba una ciudad "nueva".
Tan bueno fue el resultado que en 1940, al celebrarse los 400 años de su fundación, se dijo de Arequipa que "Pocas ciudades de América del Sur han sido objeto de una acción planificada y llevada a cabo por el Municipio en un plazo tan breve y con resultados tan espectaculares como Arequipa al cumplir su IV centenario".
En enero de 1958, la tragedia de un nuevo terremoto asoló la ciudad, destruyendo dos terceras partes de las casas habitadas. Y como bien sabemos, el primer gran temblor del siglo XXI no se hizo esperar y azotó Arequipa una vez más.
Para explicar la arquitectura de Arequipa, algunos expertos la describen como el resultado de las condiciones físicas y ambientales en las que fue evolucionando.
Interpretación válida si no se pasa por alto el hecho de que la ciudad es un testimonio de la tenacidad de sus habitantes, que la levantaron de entre los escombros una y otra vez.
|