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Nueva
Guinea: Sobreviviente paraje de vida silvestre
Texto: Cristina
Mittermeier, with participation of Bruce
Beehler,
Russell A. Mittermeier and Haroldo Castro
Foto: Haroldo Castro
Enclavada encima del continente Australiano como un ave escurridiza, Nueva Guinea es la isla tropical más grande del mundo y los bosques húmedos que pueblan sus entrañables tierras conforman el área silvestre más extensa que queda en la región del Asia-Pacífico. Esta isla representa uno de los cinco parajes más significativos del planeta en términos de biodiversidad, con aproximadamente 17 mil especies de plantas, 650 especies de aves, 233 especies de mamíferos, 275 especies de reptiles y 337 de anfibios.
PCuando los colonos europeos llegaron a las costas de Nueva Guinea alrededor de 1521, encontraron un territorio habitado por cientos de culturas y donde las guerras tribales eran comunes. Sin embargo, no fue hasta 1930 que un grupo de mineros guiados por los hermanos
Leathy, empezaron la exploración de las tierras isleñas interiores, develando uno de los asentamientos de diversidad más vastos del planeta. Escondidos en el corazón de la isla, amplios valles se sucedían, separados por intrincadas cadenas montañosas y cada uno de estos valles estaba poblado por tribus distintas, con rituales, lenguas y costumbres propias.
Uno de estos valles- el valle de Waghi, en la provincia de Western Highlands - fue el destino final de la
expedición que
realizamos recientemente,
guiados por
destacados científicos y fotógrafos de CI.
Papua es una isla de aves. Entre las más vistosas, se pueden hallar tres especies de cassowaries, enormes aves
terrestres que recorren los bosques bajos en busca de nueces y frutas; los extremadamente coloridos stately crowned pigeons; y los llamados kingfishers, que alcanzan su mayor diversidad en esta región del Asia-Pacífico. Además destacan las Pitohuis, únicas aves venenosas del mundo; los bowerbirds, famosos por los intrincados nidos que construyen; y por supuesto, el más famoso grupo de aves de Nueva Guinea, los birds of paradise. Estos últimos son importantes para los pobladores locales, que utilizan sus coloridas plumas en los disfraces de los sing-sing o festivales culturales: el siguiente tema en nuestro recorrido por estos parajes silvestres.
Llegamos a Mount Hagen específicamente para asistir al Festival Cultural de Highlands, una inusual competencia artística que tiene lugar anualmente entre las tribus y clanes locales. Este se realiza en un llano localizado en las afueras del pueblo y donde aproximadamente dos mil artistas pertenecientes a más de 80 tribus y cerca de treinta mil espectadores se reúnen para presenciar este espectáculo de tres días.
Antes del amanecer, los artistas comienzan las preparaciones. Los bailarines se acicalan frotándose con barro y aceite y dibujándose coloridos diseños en el cuerpo. Sus ropas son faldas y pecheras elaboradas sobre la base de hojas silvestres, pero el adorno más vistoso es el tocado de plumas que lucen en la cabeza.
La confección de este ornamento se realiza a partir de pétalos de flores secas o de plumas de aves como los
cassowaries, raptors, hornbills y
songbirds. Ocasionalmente, se utiliza
pelos de canguro u otros mamíferos, e incluso, cabellos humanos específicamente tratados para la ocasión. Sin
embargo, ningún tocado puede brillar en todo su esplendor si no va realzado por las plumas del sagrado bird of
paradise. Es fácil ver el naranja encendido del plumaje del Raggiana bird of paradise coronando la peluca de un poblador Huli del valle
Tari, o las plumas azul eléctrico extraídas del pecho de un Superb bird of
paradise.
Nueva Guinea tiene la suerte de conservar la mayor parte de sus recursos naturales intactos, sin embargo, al contar con productos de alta demanda como son la madera y minerales, algunas compañías internacionales no están escatimando en
hacer uso de éstos a expensas de la flora, fauna y comunidades humanas.
Cuando la competencia sing-sing comienza, los grupos de bailarines se ordenan en equipos formando una larga cadena humana que se desliza hacia el área principal del escenario. Mientras marchan, los nativos entonan cánticos y hacen retumbar tambores. No hay nada preparado aquí, esta música y estos bailes han sido transmitidos de generación en generación y cada grupo pone gran cuidado en su presentación e interpretación, que puede durar varias horas.
Mientras cae el sol detrás de las montañas y el festival llega a su fin, nuestros pensamientos se posan en el futuro. Nos queda la esperanza que a través del trabajo de los campesinos locales, los dos gobiernos que manejan la isla, el apoyo de ONGs locales e internacionales y los grupos de ciudadanos concientes alrededor del mundo, este bosque primaveral, con su enorme cuota de vida y cultura, pueda mantenerse a salvo.
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