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El
Señor de los temblores: Semana Santa en
Cusco
La parte más conmovedora, y más pública, de las celebraciones por la Semana Santa en el Cusco tiene lugar el lunes antes del Viernes Santo, cuando el símbolo religioso más importante de la región, el Señor de los Temblores, es llevado de la catedral y cargado
por las calles. También conocido como el Cristo Moreno, este ícono de tez oscura y de tamaño real es desfilado por el centro histórico en andas sobre su enorme pedestal de plata. La procesión culmina con una emotiva despedida por parte de la multitud congregada en la Plaza de Armas, cuando se devuelve al Cristo a la basílica acompañado por las ensordecedoras sirenas del cuerpo voluntario de
bomberos.
Texto por: Stephen Light
Miles de peregrinos acuden al Cusco para Semana Santa y muchos de ellos llegan a pie desde las aldeas más remotas de la región. Muchos llegan para asistir a la misa en quechua celebrada antes del amanecer del lunes de Pascua, y otros para gozar de los platos típicos preparados y servidos en las calles angostas alrededor de la plaza. Pero la gran mayoría viene por la procesión del Señor de los Temblores.
Al compás del acongojado tañido de la campana María Angola, el Señor de los Temblores sale de la basílica sobre los hombros de los devotos. La imagen, adornada de oro y piedras preciosas, deja la catedral alrededor de las cuatro de la tarde del lunes de Pascua para ser llevada por el Portal de Panes y la calle Plateros hasta la iglesia de Santa Teresa, de donde, por las calles Heladeros, La Merced y Mantas, es retornado a la Plaza de Armas.
Durante la procesión de tres horas, la imagen de Cristo va acompañado por los líderes civiles y militares de la ciudad, los representantes de instituciones públicas y privadas, órdenes religiosas, varayocs (caciques de pueblos) y peregrinos sencillos. A lo largo de la ruta, los balcones de las casas son engalanados de cestas de las flores rojas conocidas en quechua como ñuqchu , las cuales llueven de las manos de los fieles sobre el Cristo.
A eso de las siete de la noche, mientras la procesión se acerca, docenas de miles de personas se convergen en la plaza y sus diez calles de acceso, en una emotiva y silenciosa despedida al Cristo Moreno, quien descansará de nuevo en la catedral hasta el siguiente año.
El terremoto de Cusco del 31 de marzo de 1650
“Cusco, quien te vio ayer, y te ve ahora,
¿Cómo no llorar?”
(Gil Gonzáles Dávila, testigo presencial del terremoto de 1650)
Hasta que la ciudad fue sacudida por un enorme temblor en 1986, se decía que en el Cusco los terremotos sólo ocurrían cada trescientos años.
Según la leyenda, a comienzos del reinado del Inca Cusi Yupanqui, sucesor del Inca Viracocha, un fuerte terremoto destruyó gran parte de la ciudad y afectó toda la región. El joven soberano decidió reconstruir la ciudad como gran capital imperial, adornada por los más finos templos y palacios diseñados para aguantar temblores, y fue desde aquel entonces que se le conocieron como
Pachacútec, “El que sacudió el mundo” en quechua.
Es probable que este terremoto ocurriera a mediados del siglo XV. Los próximos dos terremotos de gran escala, los cuales devastaron al
Cusco, sucedieron el 31 de marzo de 1650 y el 21 de mayo de 1950.
La veneración del Señor de los Temblores, conocido también como Tayta Temblores, data de 1650. Según se dice, sólo al sacar a la calle esta efigie del Cristo -la cual fue donada a la ciudad por Carlos V de España un siglo antes- se frenó la serie de sacudidas que había destruido gran parte de la ciudad.
a misma catedral se salvó casi ilesa de la destrucción y la albañilería incaica de la ciudad sobrevivió intacta. Pero las casas de los españoles, juntas con las iglesias de Santo Domingo, San Agustín, La Compañía, La Merced y Belén fueron totalmente destruidas. |