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Sazón Milenaria
La cocina norteña ha ganado un merecido reconocimiento en la mesa nacional.

Hace un par de milenios, los pobladores del reino de Sipán pudieron abastecer su mesa con una amplia gama de productos. Esto fue posible gracias al prodigioso desarrollo de la agricultura, la pesca y el comercio. La cultura Moche (en Lambayeque) fue junto a Mesopotamia y Egipto, una de las grandes civilizaciones hidráulicas. El complejo hidráulico Lambayeque, que conectaba el valle de La Leche, Lambayeque, Reque, Zaña y Jequetepeque, concentraba el 30 por ciento de la tierra agrícola costeña.

Estas fecundas tierras prodigaban diversos vegetales como maíz, yuca, papa, camote, frijoles, tomate, zapallos, calabazas, ajíes, y frutas como la chirimoya, lúcuma, pacae, la granadilla y el tumbo. También era notable el desarrollo de la pesca, que tenía a su alcance una abundancia de especies (bonito, corvina, cojinova, cabrilla, chita, lenguado, mero, pejerrey, tollo, calamares, pulpos, cangrejos, conchas, langostinos). Y toda esta variedad tan nuestra, se vio enriquecida con los productos traídos por los colonizadores españoles, especialmente patos y cabritos.

Sobre este lecho de riqueza natural y privilegiada historia, se desarrolla el patrimonio cultural de la Región. Como alarde de diversidad, en Chiclayo se tiene asignado un plato típico para cada día de la semana. El domingo es el día de la causa ferreñafana. 

El lunes, del espesado. El martes, se come cabrito. El miércoles, le toca al chirimpico. El jueves, al arroz con chancho. El viernes, se disfruta el aguadito y las humitas. Y el sábado, es día del frito de cerdo. Buen provecho.

    

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