Personajes

Radiografía de una belleza

El mural tomó tres días en terminarse y es un homenaje a la mujer artesana, corajuda y valiente de Lamas. Foto Ángela B.

“Una obra nunca se termina, solo se abandona”, es la máxima de Leonardo Da Vinci que inspiró a Daniel Cortez para bautizarse como un “Decertor”. El reconocido muralista peruano estuvo en Lamas y esta es parte de su obra.

Martín Vargas / Revista Rumbos

Daniel Cortez Torres, autodenominado “Decertor” (sí, con c, no con s) se califica como un pintor de intemperies y un constructor de memorias. Es un adicto a los soportes permanentes, a las obras con alma comunitaria y a la irrupción de los espacios públicos.

Asencia Cachique, modelo del gran mural en el mirador de Lamas, personifica la defensa de las tradiciones. Foto: Ángela B.

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El mote, la chapa, el sobrenombre (nunca el alias), se debe a la miopía de algunos maestros de la Escuela de Bellas Artes, quienes no comprendían su naturaleza de cronista gráfico, y que ajustaron un corsé conceptual y académico que provocó la fuga de las aulas.

Y entonces saltó a la calle e hizo de la alameda de cemento, un bosque de anécdotas; de la pared de orines, un mural de la esperanza en la humanidad; del muro divisionista y racista, un poema maldito y callejero sobre la necedad y los golpes tan fuertes, más fuertes que el desprecio de bárbaros atilas o alcaldes amarillos.

Grafitero, muralista, artista, pintor. Llámele como quiera. Lo cierto es que Decertor pertenece a ese pequeño batallón de sobrevivientes del buen gusto. En medio de un ejército de chicos con ansias que invaden y contaminan la ciudad, Decertor regurgita identidad y raíces, y lo hace con talento. Tanto que hace poco estuvo en Dubái, invitado junto a los 10 mejores artistas urbanos de América, para pintar un mural y, de paso, llenarse por fin las alforjas. 

El mural amazónico

Siempre con la vena social impulsando su brocha o pincel, Decertor fue convocado para desempacar su talento en Lamas, la encantadora ciudad a veinte minutos de Tarapoto, y que hace algunos años ha comenzado a revalorar con más punche sus raíces. Un pueblo pujante que antes se avergonzaba de su presente, pero que ahora se infla el pecho por tanto orgullo heredado, y que mira con optimismo emprendedor los años que se vienen.

“Me nutro del contexto político, social y/o arquitectónico del lugar que intervendré, y siempre busco la confrontación con el espectador para motivar una reflexión. La pintura es una herramienta efectiva para generar un cambio en la sociedad, por ello siempre busco nuevos espacios donde realizar mi trabajo, descentralizando los muros, transformándolos, dotándolos de humanidad”, sostiene el muralista sobre el meollo de su trabajo.

Mural listo. La obra de Decertor tiene un evidente matiz social. Esta vez fue el turno de las mujeres artesanas. Ángela B.

Y fue precisamente por ello que decidió aceptar la invitación de la comuna de Lamas para realizar un mural que revalorara la etnia, la cultura local. Esta vez decidió inmortalizar una mujer artesana lamista, baluarte de la cultura viva y testimonio latente de identidad. ¿La modelo? Doña Asencia Cachique.

Esa personalidad específica, esa idiosincrasia singular, y esa cultura irrepetible que puede resumirse en la palabra “identidad”, es justamente lo que Decertor más valora para poder  reconocernos y diferenciarnos ante la sociedad. Por ello, esta vez el retrato hiperrealista de la Asencia  es el conector con esa ruta defensora del entorno y su interculturalidad.

Uno de los objetivos de la realización del mural, ubicado al frente del mirador de Lamas, es potenciar la naturaleza artística del destino, reconocido por ser una morada de artesanos. Por otro lado, el mural es el punto de partida del proyecto #lamasciudadmural, que busca difundir el trabajo de artistas de Tarapoto y Lamas, que ya han intervenido distintas paredes y muros.

Pero nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo de la empresa privada responsable. De empresarios como Jorge Panduro que en lugar de auspiciar la venida de vedettes, apuestan por al aterrizaje de verdaderos artistas. Es así que empresas como el hotel Sumaj, restaurante El Abuelo Felipe, Nazcasa, cebichería El Primer Puerto, Ladrillería Selva, Mikunas El Probrecito, Alojamiento Plaza, Plaza Gastrobar, W de Lamas Travel, y el invalorable apoyo de Tomás Cotrina, Junior Coral y Gustavo Castillo, hicieron posible la obra en Lamas, junto al respaldo de la Municipalidad de Lamas y el Ministerio de Cultura. ¡Que viva el patrocinio de neuronas y no de siliconas!

Acerca del autor

Wendy Rojas

Fotógrafa y viajera.

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