|
La Reserva Nacional de
Pampa Galeras (o “reserva de las
vicuñas”) es una de las más importantes
áreas protegidas del Perú. No por su
tamaño, pero sí por su significado como
hito de la conservación de la
biodiversidad para beneficio directo de
las comunidades locales. El autor de
esta nota fue, en las décadas del
sesenta y setenta, uno de los
principales responsables por su
establecimiento, y hace poco volvió a
visitarla, 40 años después de iniciado
el trabajo para conservar la vicuña. Lo
que sigue son sus impresiones.
Escribe: Marc
Dourojeanni
Fotos: Franco Goyenechea

Desde sus primeros pasos
para conservar la naturaleza en el Perú,
en los años sesenta, se introdujo la
variable social en la política
ambiental. Así, la figura de las
reservas nacionales consideró la
participación activa de la población
local tanto en la gestión como en los
eventuales beneficios. El manejo de la
vicuña, especie que por entonces estaba
en inminente peligro de extinción, fue
la base de la fructífera asociación del
servicio forestal, por entonces liderado
por el ingeniero Flavio Bazán, con las
comunidades campesinas.

Esto ocurrió mucho antes
de que apareciera la corriente conocida
como “socioambientalismo”, que ahora
ignora, menosprecia y ridiculiza lo que
fue hecho antes. Otras reservas
nacionales –como Paracas, Titicaca y
Junín– establecidas en la misma época
tuvieron los mismos objetivos de
armonización de las necesidades
socioeconómicas con los requisitos
ambientales. Así, en 1975 el Perú
comenzó a crear reservas comunales que
fueron luego adoptadas en Brasil, bajo
el muy promocionado nombre de reservas
extractivas.
Salvando
la especie
La historia breve de la
Reserva Nacional de Pampa Galeras
comenzó en 1964, con nuevas evidencias
de la casi extinción de la vicuña en
todo su rango de distribución, desde el
norte de Chile hasta el sur de Ecuador,
debido al alto valor de su fina lana. La
mayor población remanente estaba en
Pampa Galeras. El ingeniero Bazán,
apoyado por un equipo de la Universidad
Nacional Agraria, que incluía a Paul
Pierret (FAO), al autor de esta nota, al
científico William Franklin (Utah State
University) y a Stanley Taft (Peace
Corp.), inició los estudios, los
contactos con las comunidades y la
vigilancia. Taft pasó casi dos años en
una carpa en la puna. Su aislamiento fue
tan intenso que no aprendió a hablar
español y sólo se comunicaba en quechua
o en inglés.

En 1967 fue creada la
Reserva con un área central de 6 500
hectáreas. Apenas 800 vicuñas existían
en toda esa extensión. Siguieron dos
décadas de luchas intensas, muchas
contra el radicalismo del proteccionismo
ambiental que se oponía a que la vicuña
fuera sustento económico para los pobres
rurales, y otras tantas contra la
inoperancia burocrática. Los personajes
que más destacaron en esa etapa, por su
dedicación y sacrificio, fueron Rudolf
Hofmann y el muy conocido Antonio Brack.
A finales de los años setenta y mediados
de los ochenta existían más de 10 mil
vicuñas en la provincia de Lucanas y
alrededores, el manejo funcionaba bien y
el proyecto era considerado uno de los
mayores éxitos del Ministerio de
Agricultura. Fue entonces que apareció
Sendero Luminoso y atacó reiteradamente
al personal de la Reserva hasta llegar
al extremo de quemar sus instalaciones.
El área quedó virtualmente abandonada
durante largo tiempo e innumerables
vicuñas fueron masacradas por
terroristas y cazadores furtivos.
De
vuelta en Pampa Galeras

Mucho ha cambiado en
Nasca y entre Nasca y Pampa Galeras. Nasca se ha convertido en una gran
ciudad y su hotel principal, antes
“Hotel de Turistas” donde Maria Reiche
pasó tantos años, hoy tiene categoría de
primer mundo. Existen muchos otros
hoteles y excelentes restaurantes, y de
su aeropuerto no cesan de despegar
aviones para observar desde las alturas
los geoglifos de Nasca que la señora
Reiche estudió y protegió.

La estrecha y sinuosa
carretera de tierra a Pampa Galeras, en
la que alguna vez fueron contadas más de
90 cruces que eran pruebas de mortíferos
accidentes, se ha convertido en una
amplia carretera asfaltada que permite
disfrutar tranquilamente de los
magníficos paisajes desérticos de la
subida, sin miedo de los precipicios.
Antes de llegar a Pampa
Galeras ya aparecieron las primeras
vicuñas. Más de 300 fueron contadas sin
bajar del automóvil, hasta cansar a los
visitantes. Las vicuñas no tienen temor,
como décadas atrás. Ahora ellas cruzan
la carretera con confianza y miran
atrevida y calmadamente a los pasantes.
Pampa Galeras continúa siendo un
espectáculo maravilloso con sus vicuñas
y su paisaje verde bajo un intenso cielo
azul.
Problemas
de la Reserva

Un segundo examen, más
crítico, reveló varios problemas. La
sede de la Reserva estaba herméticamente
cerrada y parece evidente que ella no
cuenta con un centro de visitantes ni
con ninguna facilidad para estimular el
turismo. Los que décadas atrás diseñaron
los primeros planos de manejo de Pampa
Galeras tenían mucha fe en el atractivo
de la vicuña, un animal que compite con
el panda en belleza. Y, por supuesto, en
los atractivos del área que incluyen
otras especies muy particulares:
cóndores, guanacos, pumas y ciervos
andinos; un magnífico rodal de Puya raimondii, varios bosques de queuña y
quishuar, así como vestigios
prehistóricos importantes. Para eso se
habían previsto trochas carrozables,
pedestres y a caballo, así como servicio
de guías, información y señalización
adecuada. Nada de eso existe ahora y, en
cambio, hay un horrendo asentamiento
para camioneros. Los que recorren el
área no aprenden nada sobre la puna,
sobre la vida de la vicuña ni sobre la
gente que es dueña ancestral del área.

Lo triste de lo
observado es que la oportunidad enorme
de canalizar el turismo que abunda en Nasca y que, además atraviesa Pampa
Galeras en su ruta hacia el Cusco, está
siendo desperdiciada. Con excepción del
período del gran chaccu de la vicuña,
los turistas parecen no ser bienvenidos
en Pampa Galeras, y, en consecuencia,
las comunidades pierden la oportunidad
de mejorar considerablemente sus
ingresos, el Inrena desperdicia una
oportunidad impar de practicar educación
ambiental, y los empresarios de Nasca y
Puquio pierden el negocio que implicaría
aumentar la permanencia de los turistas
en sus instalaciones.
Aun así, Pampa Galeras
es un ejemplo excepcional de la
perseverancia de profesionales y
comuneros y, claro, es un éxito mundial
que debe enorgullecer a todos los
peruanos. La vicuña no se ha extinguido
y ahora abunda. La falta de facilidades
y servicios en Pampa Galeras no impide
que éste sea un lugar espectacular que
todo peruano y todo visitante del Perú
debería conocer. |