Rumbos al Día

Santa Bárbara: la mina del mercurio

Rumbos en el pórtico de la Iglesia, Santa Bárbara. Foto: Rolly Valdivia

La historia de Huancavelica está ligada a una mina de azogue o mercurio: Santa Bárbara, ‘la preciosa alhaja de la corona española’, atrae ahora la mirada de los viajeros y turistas, quienes descubren los valiosos orígenes de una ciudad que fue fundada como la Villa Rica de Oropesa.

Por:  Rolly Valdivia Chávez

Sin mapa y sin guía, preguntando, indagando, viendo las señales sembradas en la ruta o tan solo dejándome orientar por mis pálpitos. Sí, he andado por estos caminos bajo la dictadura del sol, la amenaza de la lluvia y la proximidad de la noche, entonces, buscaba con desesperación una gorra o impermeable salvador en mi morral… también agigantaba mis pasos para no dejarme arrinconar por las sombras y la oscuridad.

Plaza de Santa Bárbara. Foto: Rolly Valdivia

Pero hoy, según parece, no tengo escapatoria. La lluvia se presiente desde antes de abandonar la ciudad que fue una villa rica. Pasado. Historia. Calles que atestiguaron el ir y venir de familias poderosas que cimentaron sus fortunas –efímeras, volátiles, desperdiciadas– con el azogue o mercurio extraído de los socavones de esa mina cercana con nombre celestial, en la que indígenas y esclavos conocieron el infierno.

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Me voy. Huancavelica me despide con un cielo apagado y tristón. Sacsamarca me da la bienvenida con un horizonte plagado de brumas. No importa. Tengo un impermeable y, esta vez, no caminaré hasta Santa Bárbara, el pueblo antiguo con su iglesia colonial y sus casas destruidas por el tiempo y el terror; la mina abandonada, tapiada y fantasmal, de la que se extraía el azogue o mercurio necesario para trabajar la plata y el oro de la corona española.

Tranquilo. Eso lo veré después. No ahora que estoy en un pueblo hecho de piedra, que recorro una comunidad campesina que celebra a sus cruces en mayo, que converso en un centro poblado que es Patrimonio Cultural de la Nación. Hace frío, sopla el viento. Es curioso, me cuentan que el ‘buen clima’ de este paraje a 3780 m.s.n.m., fue una de las razones por la que en el siglo XVI se erigieron las primeras viviendas de Sacsamarca.

Santa Barbara, la Mina de la Muerte en Huancavelica

Y es que arriba o más arriba, en los casi cuatro mil metros de altura de la llamada ‘mina de la muerte’ o ‘la preciosa alhaja de la corona española’ –porque todo depende del cristal con que se mire– las condiciones climáticas son extremas. Lo mejor era asentarse un poquito más abajo. Así lo hicieron y construyeron con bloques pétreos la iglesia, las casas y hasta el puentecito que ‘vuela’ sobre un río estrecho.

Nada cambia. Esta tarde no hay espacio para el sol en la Ruta del Azogue, el circuito turístico emblemático de Huancavelica. Como no serlo si una de las consecuencias de la abundancia de mercurio en el cerro Chacllatacana –ese es el nombre prehispánico de Santa Bárbara– fue la fundación de la Villa Rica de Oropesa el 4 de agosto de 1571, la ciudad de aire nostálgico de la que partí bajo un cielo apagado y tristón.

Sacsamarca. Foto: Rolly Valdivia

Y ahora la veo desde una atalaya natural. Cercada por montañas, cruzada por un río, la ciudad se extiende borroneada por la niebla a 3676 m.s.n.m. Esa visión es el final del recorrido, atrás quedan las tropillas de alpaca, las piedras de Sacsamarca, los pastores solitarios de las alturas, las ruinas del pueblo minero abandonado, la entrada clausurada del socavón Belén, los fierros herrumbrosos de unas maquinarias que dejaron de funcionar en el milenio pasado.

Santa Bárbara era gigantesca, enorme, temible. A sus penumbrosas entrañas –me cuentan– los españoles ingresaban cabalgando; y, en su interior –lo apunto para no olvidar– habrían construido calles, plazas, templos y hasta un coso taurino. Mito o verdad. Leyenda o certeza. Me quedan las dudas. No hay forma de ver para creer. Aquí ya nadie ingresa. Quizás algún día se reabran sus galerías, aunque no será fácil. Hay gases letales en sus vericuetos.

Se relata que al interior de la mina había una suerte de ciudad y una plaza taurina. Foto: Rolly Valdiivia

El cielo ya no reprime sus lágrimas. Llueve y debo volver a la ciudad que está me espera con sus luces encendidas, con su viento congelado, con su sereno palpitar urbano, tan distinto a la acelerada agitación de la metrópoli en la que vivo. Qué me importa el frío. Me abrigaré para disfrutar de esa quietud de una villa que, con o sin mercurio, sigue siendo muy rica, muy valiosa.

La Ruta del Azogue, un ainteresante propuesta turística en Huancavelica Foto: Rolly Valdivia

En Rumbo

La ruta: Un equipo del Rumbos del Perú, recorrió Sacsamarca y la mina de Santa Bárbara, como parte de su travesía periodística que unió Huaytará con Huancavelica.

Origen: Amador Cabrera fue el primer español en conocer el potencial del cerro Chacllatacana. Se dice que un lugareño de nombre Ñahuincopa se la mostró en 1566.

Creación: Huancavelica fue fundada por orden del virrey Francisco Álvarez de Toledo, como consecuencia de la fructífera actividad minera de Santa Bárbara.

Tragedia: En 1786 cerca de 200 personas fallecieron en los socavones de Santa Bárbara. Desde entonces fue llamada la ‘mina de la muerte’.

Acceso: Por su cercanía a la ciudad (Santa Bárbara está a 3 km de Huancavelica) la Ruta del Azogue o Mercurio puede realizarse a pie, en bicicleta o en auto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Redacción Rumbos

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