Personajes Rumbos al Día

Café peruano es el mejor del mundo

Triunfo peruano. Café puneño es elegido como el mejor del mundo. Foto: Promperu

El agricultor cafetalero Raúl Mamani, del distrito de Putina Punco, en Puno, no volverá a ser nunca el de antes. Ha saltado del anonimato mortal y cotidiano al podio de la inmortalidad merecida. Mamani ha tocado la gloria.

Su café acaba de ganar el Premio Mundial del Mejor Café de Calidad en la feria internacional Global Specialty Coffee EXPO 2017, desarrollada en Seattle, Estados Unidos, según ha informado la Comisión de Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) con el pecho henchido de orgullo porque el triunfo es un poco de ellos, también.

Más Rumbos: Mundo: estos son los ganadores del Premio Ambiental Goldman 2017

Con su excelente café, Raúl Mamani ha accedido al podio de la inmortalidad.

Y es que Mamani, socio de la Central de Cooperativas Cafetaleras de los Valles de Sandia (Cecovasa), es uno de los beneficiarios del proyecto financiado por Devida, institución que brindó asistencia técnica y equipamiento de módulos de poscosecha para mejorar la calidad del grano.

 

SANA TRADICIÓN: Recordemos que el 2010, Wilson Sucaticona, modesto cafetalero del valle de Sandia en Puno, con apenas tres hectáreas de cultivo, y también miembro de Cecovasa, logró que su café gane su primer concurso internacional por su sabor y aroma.

 

Pero el éxito y las buenas nuevas ya habían tocado las puertas de Mamani. El 2016 ocupó el segundo lugar del XII Concurso Nacional de Cafés de Calidad. Además, fue bicampeón nacional el 2013 y 2015, con lo cual queda demostrado que su café venía cosechando triunfos y que ha ido mejorando con el paso de los años. O sea que queda clarísimo que este triunfo no es una alegre casualidad, sino una contundente prueba de perseverancia.

El triunfo también ha derramado sonrisas en la mismísima Cecovasa, pues ha obtenido dos premios internacionales en la feria de SCA-2017, como mejor café de calidad, imponiéndose a varios productores del mundo. En la cooperativa, indican las fuentes locales, la buena nueva ha arrancado padres nuestros y repique de campanas. La alegría se ha desbordado tanto que los cristianos y evangélicos se han olvidado de sus diferencias con los católicos y juntos han pecado capitalmente: el orgullo los ha llenado de cuerpo entero y han brindado, con gula, en una tacita de café.