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CRONICAS DE VIAJE

RUMBOS AL DIA


 

Calor del Norte
El mejor cebiche de conchas negras se encuentra en el malecón de Máncora

Tumbes, el departamento que se ubica en el extremo norte de nuestro país y que limita con el Ecuador, no sólo atrae a sus visitantes por el clima tropical que tiene todo el año, lo que convierte a sus playas en destino de viajeros de todas partes del mundo, sino que sus famosos manglares atraen la atención del mundo por su complicada belleza y variada fauna.

Escribe: Yessica Vega Zegarra

Comienza el verano y para mi que no estoy acostumbrada a soportar mucho el calor, me dicen que es la mejor época del año para poder conocer este departamento, ya que en febrero y marzo la temperatura llega hasta los 40 grados, demasiado para mi. Enrumbamos hacia Máncora, las casi 20 horas de viaje valen la pena, el paisaje que muchos califican como puro desierto, nos da la oportunidad de ver diversos poblados a lo largo de la Panamericana Norte, los interminables arenales son interrumpidos de vez en cuando por las plantaciones de arroz y en el camino se ofrecen las “pipas” (cocos) helados para hacer el viaje mas llevadero.

La ciudad es pequeña, está dividida claramente por Máncora playa y Máncora pueblo, y a pesar de estar en pleno desierto los pobladores han tomado en serio el mantenimiento de esta zona. Las playas y calles se mantienen limpias a pesar de la cantidad de turistas que diariamente reciben, ya que todos los días los buses llegan y se van llenos. El día comienza muy temprano, debido al sol que nos obliga a salir rápido a buscar un desayuno ligero, y luego correr a recostarnos en las blancas arenas, a esta hora el mar es de los tablistas.

El mar recibe a los bañistas a media mañana, la playa permite adentrarse inclusive a quienes no saben nadar, las olas son tranquilas, el agua a comparación de nuestras playas  limeñas no es fría, pero lo que más nos atrae es la limpieza de este mar, sin algas ni bolsas, ni restos de basura que son arrastrados por las olas. Los niños juegan tranquilamente entre algunos pelícanos que descansan flotando sobre las olas. Todo el pueblo se moviliza en mototaxi, y precisamente el que nos llevó a la playa nos dice que el mejor cebiche de conchas negras lo encuentro en el único kiosco del malecón, “Es que estos chicos saben lo que hacen, ya van a ver, pruébenlo una vez y volverán todos los días”, pues no se equivocaba.

Mientras uno descansa en la playa puede ver a unos jovencitos con unos caballos ofreciendo paseos, nos dicen que nos pueden llevar hasta “órganos”  es allí a donde vamos al día siguiente, pero no en caballo sino en moto. Juanito, quien no quiso darnos su apellido porque como nos dijo “así nomás para sentirnos más en confianza”, nos cuenta que la atracción se va para Máncora y en Órganos esta un poco descuidada la playa, y tiene razón, casi nos parece estar en la costa verde, damos una vuelta, pero no nos quedamos. Nuestro amigo nos espera para llevarnos en un tour organizado por él mismo.

Con él conocimos las playas de Punta Sal, que se distingue por su exclusividad, Vichaito, el pueblo, y sobre todo los mejores sitios para comer en este norteñisimo pueblo. Lo que sí me llamó la atención de manera preocupante y pudimos comprobarlo  el fin de semana, es que como Juanito ya nos había comentado, las discotecas se encuentran en la calle central que no viene a ser otra que la misma Panamericana Norte. Es así que cientos de jóvenes, salen y entran de los locales, mientras un sinfín de buses pasan a  toda velocidad, los encargados de velar para que no suceda ningún accidente son los cuidadores de carros, y es que los turistas ya con algunos tragos encima, creen que están en alguna calle sin transito y los camiones de carga pesada no dejan de transitar toda la madrugada, algo que sin duda debe tener más atención

Puerto Pizarro y sus manglares
Estoy tan cerca de los Manglares que no puedo dejar de ir, así que temprano nos embarcamos para conocer este atractivo natural, los buses nos llevan en sólo dos horas. Puerto Pizarro está ubicado a sólo 13 kilómetros de la ciudad de Tumbes, es un importante Puerto, y es aún más reconocido por lo famosos Manglares, y sobre todo por ser el único lugar donde se encuentran las riquísimas conchas negras.

Para conocer los Manglares hay dos maneras, una es bote a motor y otro en bote a remos, las vendedoras de perlas nos aconsejan que nos vayamos en el de remos, “porque cuando la marea baja los de motor se quedan atascados señorita”. Es así que conocemos a nuestro nuevo amigo y guía Sergio Galán, quien nos lleva por esta zona que se asemeja a un laberinto hecho por canales del agua de la marea, pantanos, en los que un sinfín de flora y fauna se congregan.

Don Sergio nos va explicando cómo se forman los Manglares al unirse la margen izquierda del Río Tumbes con el mar, y cómo crecen los famosos mangles, planta por la cual se da el nombre a la zona, si bien no es una planta de frutos, es en sus raíces que crecen las famosas conchas negras que obtiene su color por la sabia de esta plantas, “es que el fruto del mangle, es la concha señorita”, nos dice entre risas.

Aquí todo está controlado por el Ministerio de Pesquería, que no se dé la sobrextracción de estos moluscos, se controla el tamaño para la comercialización, así se garantiza una adecuada explotación que no ponga en riesgo  esta especie, los pobladores lo han entendido. Igual situación pasa con los cangrejos colorados que toman sol en las orillas de los canales y se muestran indiferentes a los navegantes.

Llegamos al zoocriadero de cocodrilos, que está bajo el cargo del Fondo Nacional de Desarrollo Pesquero (FONDEPES), acá se encuentran 260 especimenes de diversa edades que esperan poder ser liberados para el repoblamiento de esta especie en el Río Tumbes. Jorge Chávez es uno de los encargados, nos cuenta que no han habido accidentes que lamentar y es que el visitante puede observar a estos saurios a una distancia de medio metro, “hay personas que como los ven quietos piensan en tocarlos, pero el cocodrilo siempre está al acecho y es peligroso”, ya han atacado a los más avezados turistas, pero los guardianes han evitado daños lamentables “el cartel dice no meta la mano, pero nunca obedecen, por eso siempre estamos atentos”.

Al regreso del zoocriadero pasamos por la isla de los pájaros donde podemos ver más de 25 especies distintas de aves, el ruido que nos llega es un poco ensordecedor, realmente un paraíso natural que nos hace pensar que estamos lejos de la civilización y por su puesto de la contaminación. No puede faltar la visita a la Isla del Amor y una zambullida en sus playas de donde se ve el punto donde termina nuestro país y comienza Ecuador.

Don Sergio quien se dedica al traslado de pasajeros desde hace más de diez años tiene un sinfín de historias que contarnos de esta isla, de cómo la gente se ha enamorado acá, el porque del nombre no es claro, hay muchas historias, pero de seguro la mas creíble es que cuando la marea baja los enamorados venia a verse a este lugar al que se puede llegar a pie, pero cuando sube no se puede salir, lo que les daba tiempo de  estar a solas durante las tres horas que dura los cambio de marea. Por cierto, las vendedoras de perlas tenían razón, ya la marea bajó y podemos ver los botes de motor varados, nosotros seguimos la marcha.

El regreso a Máncora es tranquilo, pasamos por Tumbes, podemos dar una vuelta por la ciudad, que contrapone la limpieza y el verdor de las playas y manglares. En la noche partiremos de regreso así que hay que apresurarnos, llegamos para abordar el bus, el viaje no se siente porque regresamos con las energías renovadas de haber estado en las playas más hermosas, haber hecho nuevos amigos y sobre todo haber conocido por unos días el pairo en la frontera del Perú.

 


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