Matanza en la Frontera
Indígenas peruanos desesperados ante acoso de madereros ilegales
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Instantánea de reunión de Río Branco, capital del estado de
Acre, que reunió indígenas de Perú y Brasil. |
En los
límites con Brasil, especialmente en la zona de los ríos Yurúa y
Purús, el violento accionar de los madereros peruanos ha causado una
estampida de nativos en condición de aislamiento, quienes pasan al
Brasil creando problemas intertribales.
Texto y
fotos: Álvaro Rocha Revilla
Antonio
Iviche, de 38 años, y presidente de la FENAMAD (Federación Nativa
del Río Madre de Dios y Afluentes) me recibe un día encapotado en
Puerto Maldonado. Pero, aunque llueva, y el agua se escurra por la
capucha de su impermeable, su rostro mantiene una mirada firme y las
inevitables arrugas en la frente de un hombre inteligente. Iviche
denuncia que desde fines del siglo pasado la irracional explotación
de la madera ha traído como consecuencia un inusual desplazamiento
de indígenas aislados. Ya hay un precedente recuerda Iviche, “entre
2003 y 2004 hubo un desplazamiento de aislados hacia el Manu,
probablemente mashco piros, quienes crearon problemas a los
machiguengas, entraron agresivos y cogían los plátanos y las yucas.
Los machiguengas optaron por retirarse y se concentraron en un solo
lugar hasta que los aislados se retiraron”, dice este dirigente de
la etnia harakmbut. Evidentemente, los aislados o nativos con
contacto inicial son asediados por el avance de la civilización, que
para ellos tiene cara de insultos y cartuchazos, causándoles
muertes, hambre, y un fuerte impacto psicológico.
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| Antonio Iviche,
presidente de FENAMAD, demanda que losestados deben
resguardar legalmente a indígenasaislados |
Rifles
contra flechas
Ahora el asunto se ha agravado, pues ante la
ausencia de caoba en las concesiones forestales, los madereros
peruanos ingresan a la Reserva Territorial de Madre de Dios, y hasta
Brasil y Bolivia en busca del codiciado árbol. Se supone que la
Reserva Territorial resguarda a grupos que viven aislados
(mayormente por miedo ante dramáticas experiencias anteriores) de la
sociedad, y cuyo solo contacto con mestizos o occidentales deviene,
casi siempre, en una mortandad que alcanza normalmente a dos tercios
de la población total. Los madereros también entran al Parque
Nacional Alto Purús como si fuera su casa. Se han escuchado quejas
en Lima, a cuentagotas por cierto, por la intrusión en el Parque
Nacional. Pero la tinta se carga por el lado de la naturaleza, y no
por la preocupación que debería causar la zozobra que sufren las
etnias que viven a salto de mata. “Esto es un genocidio –dice sin
tapujos Antonio Iviche-, incluso tenemos un audio de madereros
pidiendo más municiones para disparar contra los aislados. La
disparidad entre modernos rifles y flechas hace que esto sea una
matanza. Sin embargo, no hay justicia. Ninguna persona ha sido
arrestada por homicidio, ni por intento de homicidio”.
Intereses creados
A pesar de las reveladoras fotos tomadas por Heinz Plenge Pardo, de
la Sociedad Zoológica de Francfort, en octubre de este año, donde se
distinguen claramente a un grupo de nativos aislados sobre el río
Las Piedras, en Madre de Dios; todavía hay gente que quiere tapar el
sol con un dedo, o para ser más suspicaces, pretenden minimizar las
cosas para no evitar que se continúen con irresponsables actividades
extractivas. El presidente regional de Madre de Dios, Santos Kaway,
dice sin ruborizarse que “no creo que existan tribus aisladas o no
contactadas, el monte ya ha sido tan trajinado que ya no hay nada
virgen”. Iviche responde que “los madereros son los primeros en
saber que existen los aislados, lo que sucede es que el señor Kaway
llevó como propuesta en su campaña política la eliminación de las
Reservas Territoriales”.
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Tramo de la Inteoceánica en Brasil. El bosque se havuelto
una sabana. Son las consecuencias de carreteras mal
planificadas. |
Brasil:
una diferencia enorme
En
Brasil el trato a los aislados es diametralmente opuesto. Los
“sertanistas” son los encargados de observar en el campo el
territorio por donde se desplazan estos pueblos. Luego le entregan
estos datos a un antropólogo, el cual lo deriva al FUNAI (Fundación
Nacional del Indio), y finalmente el caso llega al Ministerio de
Justicia. No siempre hay consenso, hay discusiones, pero se avanza,
es un proceso hasta que se demarca finalmente un territorio para los
aislados. Y este es intangible. Allí no entran madereros, ni
petroleros. En pocas palabras, los dejan en paz, para que puedan
tener derecho a la autodeterminación. Un concepto que para la
antropóloga peruana Beatriz Huertas es clave para evitar los
traumáticos encuentros que han tenido los aislados a lo largo de la
historia. El “sertanista” José Carlos Meirelles, con amplia
experiencia en asuntos indígenas en Brasil, dice que “los aislados
necesitan áreas liberadas, en estos casos se deben tomar las cosas
con calma, pues hay una brecha de miles de años entre las diferentes
culturas, y lo más común cuando se fuerza el contacto es que se
devenga en un desastre físico, cultural y psicológico”.
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| José Carlos Meirelles,
59 años, especialista enaislados brasileños. Importante
personaje dentro de la FUNAI. |
Cita en Río Branco
A comienzos de diciembre hubo una cita en Río Branco, capital de
Acre, donde se tocó el tema sobre los problemas que estaban causando
los madereros peruanos al empujar a los aislados hacia el otro lado
de la frontera. Especialmente en los ríos Purús y Yurúa, ubicados en
Ucayali, por donde bajan los aislados perseguidos por los
traficantes de madera. Esto ha provocado que los aislados peruanos
se enfrenten a indígenas brasileños. Joaquín Maná, de la etnia de
los Kaxinawá, en Brasil, cuenta que los aislados “roban y matan a
sus mujeres”.
Beatriz
Huertas añade que “esto sucede hace diez años y nadie hace nada del
lado peruano”. A pesar de que han existido reuniones al más alto
nivel en Itamaraty (el Torre Tagle brasileño), y que tanto Indepa e
Inrena hayan sido advertidos, la respuesta siempre ha sido la
inacción y el silencio. El 2006 la FUNAI detectó y denunció la
explotación de caoba en una reserva indígena del lado peruano. Un
gran grupo de tablones de caoba bajó al Brasil por las cabeceras del
río Envira. Una crecida del río les había arrebatado el botín a los
madereros peruanos.
Meirelles resaltó que los tablones no fueron soltados a propósito,
pues estaban marcados "Si las trozas están marcadas es porque deben
existir varios grupos explotando caoba”, alertó. “No es una pequeña
explotación. Como en esa región el limite de los países es
terrestre, tememos que exploten toda la caoba del lado de allá
(Perú) y comience a haber explotación en el lado brasileño”, agregó.
“En mi país no me
escuchan”
Edwin Chota, asháninka del Alto Tamaya, en Ucayali, también asistió
a la cita en Río Branco, y corrobora que los principales problemas
de su comunidad “son la superposición con las concesiones
forestales, y por la invasión que sufrimos de parte de los
habilitadores, que se meten ilegalmente a nuestros territorios bajo
amenaza de muerte. Llevan fusiles AKM y luego la madera valiosa la
blanquean en las concesiones supuestamente legales”. Edwin ha
presentado numerosas denuncias al Inrena, y no hay ninguna
respuesta, ninguna enmienda antes esta arbitrariedad. Salvo que a
Edwin lo tengan amenazado. “Por eso he venido a Río Branco”, me
dice, “porque en mi país no me escuchan”.
Del lado brasileño, también hay asháninkas, como
Francisco Pianko, que es secretario del estado de Acre, y asesor
directo del gobernador Arnóbio Marques, más conocido como Binho. Era
reconfortante saber que los indígenas brasileños pueden tener, con
limitaciones, claro, mucho más movilización social, y acceder a
cargos que en el Perú casi les están vetados, por racismo y rezagos
del colonialismo mental. Francisco me cuenta que en Acre un 14 por
ciento del territorio protege a comunidades nativas y aisladas.
Estamos hablando de 2 millones y media de hectáreas. “La situación
que están pasando los aislados peruanos es preocupante, delicada y
riesgosa”, me cuenta Francisco y añade que “el Frente de Protección
Etnoambiental (que es parte del FUNAI) y el estado de Acre están
confrontando el problema, que está permanentemente en agenda”.
Carretera sin
Sentido
Otra amenaza que se cierne sobre los aislados peruanos, pero también
sobre las comunidades nativas oficiales, y el pueblo indígena en
general, es la pretendida carretera que iría desde Puerto Esperanza,
en Purús (Ucayali), hasta Iñapari (en Madre de Dios), para
empalmarse con la Interoceánica. Una locura, claro. En Puerto
Esperanza hay apenas 600 habitantes, es obvio que esta carretera
(que además cortaría en dos el Parque Nacional Alto Purús) está
siendo alentada solamente para que los madereros ilegales puedan
hacer mejor su trabajo.
El problema es que en el Perú, la actuación del
Inrena, deja mucho que desear. Es casi paradójica su dependencia
del Ministerio de Agricultura (cuya misión es aumentar la frontera
agrícola), mientras que una misión fundamental del Inrena es (o
debería ser) resguardar las áreas protegidas del estado, como en
este caso el Parque Nacional Alto Purús. Sin embargo, no hay un
pronunciamiento firme al respecto. Y, como suele suceder, son los
nativos organizados, en este caso, FENAMAD, los que están
enfrentando este problema.
En la espesura del monte, los aislados, los olvidados entre los
olvidados, solo reciben un mensaje de la “civilización y el
progreso”: pólvora, asesinatos y persecuciones. El exterminio
continúa, total ellos no tienen ni voz ni voto, y ni los buitres
llevan la cuenta de los muertos en esta vergonzosa etapa de nuestra
historia. Y estamos en el siglo XXI, quién lo diría, pues pareciera
que la sangrienta época del caucho hubiera vuelto del pasado, sólo
que con otros nombres y otros rostros, pero con la misma actitud
criminal y genocida. |