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OPINIÓN

RUMBOS AL DIA


 

Contaminación, mentiras e inútiles defensas
La contaminación ambiental generada por la minería es evidente, basta con dar un vistazo a la zona de Hualgayoc, en la región Cajamarca, y su periferia, donde no es posible hallar batracios en sus aguas ni otro tipos de especies similares. La mejor manera de verificar la presencia de agentes contaminantes en un río es con la existencia de vida en sus aguas, la siembra de truchas en la periferia de las empresas mineras sería el señuelo perfecto para detectar cuando agentes contaminantes se han disuelto en las aguas que discurren a las zonas bajas.

Escribe: Jaime Abanto Padilla

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Un laboratorio para verificar el grado de contaminación es un arma de doble filo, los costos que requieren para su instalación representan onerosas cantidades de dinero, el manejo sofisticado de los equipos requiere personal especializado que siempre dependerá de la minera que instala los equipos, lo que convierte al laboratorista en juez y parte, (al mismo estilo de los jueces de paz que trabajan para las mineras en Hualgayoc).

Un laboratorio, por moderno que fuese, no nos garantiza nada, pero el sembrío de truchas y especies acuáticas, es sumamente sencillo y evidenciará de inmediato la contaminación en cualquiera de las vertientes.

Y citamos ejemplos de Hualgayoc, porque es un modelo de cómo queda un pueblo después de una actividad minera  saqueadora y sin medidas ambientalistas que protejan el mundo que habitamos. Hualgayoc es un pueblo que tiene más de 230 años de minería, años que han significado decenas de cementerios y millares de muertos por efectos de accidentes y contaminación.

La minera sabe que ello es un peligro para sus intereses, por que la simpleza de un campesino no va a comprender los complejos discursos de los “especialistas” como la doctora polaca que trajo hace un tiempo con una propuesta embustera, en la que se planteaba que las truchas eran perniciosas y dañinas para la ecología y por último no tenían proteínas ni vitaminas, algo así como la criollada de nuestros productores nacionales, fabricantes de calzado, cuando vieron que sus empresas hacían agua por la invasión de calzado chino en nuestra patria a un precio con el que no se podía competir.

De inmediato nuestros criollos compatriotas corrieron la voz que decía “Los zapatos chinos producen cáncer”. Y la artimaña resultó… el rumor corrió y nadie quería comprar calzado importado del lejano oriente.

Las transnacionales pueden tener capitales extranjeros pero sus asesores son criollos y sus escuderos lo son más; por esto inventan historias como el “milagro en las alturas” donde una niña de seis años se pierde en la periferia de la mina y sobrevive por seis días tomando agua cianurada. Luego es encontrada por unos cazadores, al mismo estilo de los Anderssen o los hermanos Grimm.

Si los animales empiezan a desaparecer de los alrededores es sospechoso. Examinemos el vuelo de las aves, los rastros de los batracios, el nado de las truchas y hasta el vuelo de los insectos que donde cae el cianuro no crece jamás la hierba.

Los ecologistas que trabajan para la mina y los políticos con puestos de encargatura pueden mentir a la prensa, mentir a la población y a las cándidas autoridades, pero no pueden mentir a la misma vida… la ausencia de ella siempre significará contaminación y con ella, aunque no lo quieran… Muerte.

 

 

Cambio climático: ¿la hora de la verdad?                                                               Tras cerca de 20 años de interminables negociaciones internacionales, 4 informes del IPCC, el tortuoso desarrollo del Protocolo de Kioto, la oposición de las presidencias estadounidenses de Bush padre e hijo, la verbosidad de los gobiernos instalados en la inacción y los signos inquietantes del cambio climático, todo parece indicar que nos acercamos al momento de la verdad.

Escribe: José Santamarta Flórez                                                                                             Publicado en ADITAL

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El cambio climático se debe a las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera ocasionadas por el empleo de combustibles fósiles y la deforestación, donde no hay fronteras nacionales. Hoy las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono son las mayores de los últimos 650.000 años. Las actividades humanas (de unos más que de otros) han cambiado la composición química de la atmósfera. Durante decenas de miles de años las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono nunca superaron las 300 partes por millón, pero en 2007 llegamos a 382 partes por millón y a 430 equivalentes, si incluimos el efecto de otros gases de invernadero. Cuando se superen las 550 partes por millón, el cambio climático puede adquirir proporciones catastróficas, un límite que muchos científicos sitúan en las   450 partes por millón. Subsisten, por supuesto, muchas incertidumbres, pero el más elemental principio de precaución nos dice que sabemos lo suficiente para actuar, reduciendo las emisiones y adaptándonos a lo inevitable. Nos quedan menos de 20 años para invertir la tendencia y reformar el modelo energético.

Frenar e invertir tal tendencia implica aumentar la eficiencia, desarrollar las energías renovables, promover el transporte público, descarbonizar paulatinamente nuestro sistema energético y frenar la deforestación, creando nuevas actividades, empresas y empleos. Habrá sectores que ganen, pero también algunos sectores y empresas perderán. El coste será de poco más del 0,1% del PIB mundial, pero sin embargo el coste de la inacción puede llegar al 20% del PIB mundial.

El cambio climático, a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero, tras el cuarto informe del IPCC, es una realidad aceptada por toda la comunidad científica, e incluso por los responsables políticos, al menos sobre el papel. Cierto que aún quedan algunos "disidentes", siempre a sueldo de las empresas que se verán perjudicadas por las medidas que habrá que adoptar, pero la resistencia es cada vez menor y hoy no pasa de anécdotas, al menos frontalmente. La verdadera resistencia probablemente provenga de quienes quieren perpetuar el sistema actual y un modelo ambiental y socialmente insostenible, promoviendo la energía nuclear, las arenas alquitranadas, la oriemulsión, los hidratos de metano y otros hidrocarburos no convencionales, los llamados biocombustibles (que deberían denominarse agrocombustibles) y la captación y almacenamiento de dióxido de carbono, que permitirían continuar con un empleo creciente y amplificado de carbón, petróleo, gas natural y otros combustibles fósiles no convencionales. Es decir, seguir aumentando el consumo de energía y perpetuar un modelo de transporte basado en el automóvil privado, con pequeños cambios que no tocan la raíz de la insostenibilidad y de la inequidad social.


      

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