Contaminación, mentiras e inútiles defensas
La contaminación ambiental generada por la minería es evidente,
basta con dar un vistazo a la zona de Hualgayoc, en la región
Cajamarca, y su periferia, donde no es posible hallar batracios en
sus aguas ni otro tipos de especies similares. La mejor manera de
verificar la presencia de agentes contaminantes en un río es con la
existencia de vida en sus aguas, la siembra de truchas en la
periferia de las empresas mineras sería el señuelo perfecto para
detectar cuando agentes contaminantes se han disuelto en las aguas
que discurren a las zonas bajas.
Escribe: Jaime Abanto Padilla
|
Flickr |
 |
Un
laboratorio para verificar el grado de contaminación es un arma de
doble filo, los costos que requieren para su instalación representan
onerosas cantidades de dinero, el manejo sofisticado de los equipos
requiere personal especializado que siempre dependerá de la minera
que instala los equipos, lo que convierte al laboratorista en juez y
parte, (al mismo estilo de los jueces de paz que trabajan para las
mineras en Hualgayoc).
Un
laboratorio, por moderno que fuese, no nos garantiza nada, pero el
sembrío de truchas y especies acuáticas, es sumamente sencillo y
evidenciará de inmediato la contaminación en cualquiera de las
vertientes.
Y
citamos ejemplos de Hualgayoc, porque es un modelo de cómo queda un
pueblo después de una actividad minera saqueadora y sin medidas
ambientalistas que protejan el mundo que habitamos. Hualgayoc es un
pueblo que tiene más de 230 años de minería, años que han
significado decenas de cementerios y millares de muertos por efectos
de accidentes y contaminación.
La
minera sabe que ello es un peligro para sus intereses, por que la
simpleza de un campesino no va a comprender los complejos discursos
de los “especialistas” como la doctora polaca que trajo hace un
tiempo con una propuesta embustera, en la que se planteaba que las
truchas eran perniciosas y dañinas para la ecología y por último no
tenían proteínas ni vitaminas, algo así como la criollada de
nuestros productores nacionales, fabricantes de calzado, cuando
vieron que sus empresas hacían agua por la invasión de calzado chino
en nuestra patria a un precio con el que no se podía competir.
De
inmediato nuestros criollos compatriotas corrieron la voz que decía
“Los zapatos chinos producen cáncer”. Y la artimaña resultó… el
rumor corrió y nadie quería comprar calzado importado del lejano
oriente.
Las
transnacionales pueden tener capitales extranjeros pero sus asesores
son criollos y sus escuderos lo son más; por esto inventan historias
como el “milagro en las alturas” donde una niña de seis años se
pierde en la periferia de la mina y sobrevive por seis días tomando
agua cianurada. Luego es encontrada por unos cazadores, al mismo
estilo de los Anderssen o los hermanos Grimm.
Si los
animales empiezan a desaparecer de los alrededores es sospechoso.
Examinemos el vuelo de las aves, los rastros de los batracios, el
nado de las truchas y hasta el vuelo de los insectos que donde cae
el cianuro no crece jamás la hierba.
Los
ecologistas que trabajan para la mina y los políticos con puestos de
encargatura pueden mentir a la prensa, mentir a la población y a las
cándidas autoridades, pero no pueden mentir a la misma vida… la
ausencia de ella siempre significará contaminación y con ella,
aunque no lo quieran… Muerte.
Cambio
climático: ¿la hora de la verdad?
Tras cerca de 20 años de interminables negociaciones
internacionales, 4 informes del IPCC, el tortuoso desarrollo del
Protocolo de Kioto, la oposición de las presidencias estadounidenses
de Bush padre e hijo, la verbosidad de los gobiernos instalados en
la inacción y los signos inquietantes del cambio climático, todo
parece indicar que nos acercamos al momento de la verdad.
Escribe: José Santamarta Flórez
Publicado en ADITAL
| Flickr |
 |
El
cambio climático se debe a las emisiones de gases de efecto
invernadero a la atmósfera ocasionadas por el empleo de combustibles
fósiles y la deforestación, donde no hay fronteras nacionales. Hoy
las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono son las
mayores de los últimos 650.000 años. Las actividades humanas (de
unos más que de otros) han cambiado la composición química de la
atmósfera. Durante decenas de miles de años las concentraciones
atmosféricas de dióxido de carbono nunca superaron las 300 partes
por millón, pero en 2007 llegamos a 382 partes por millón y a 430
equivalentes, si incluimos el efecto de otros gases de invernadero.
Cuando se superen las 550 partes por millón, el cambio climático
puede adquirir proporciones catastróficas, un límite que muchos
científicos sitúan en las 450 partes por millón. Subsisten, por
supuesto, muchas incertidumbres, pero el más elemental principio de
precaución nos dice que sabemos lo suficiente para actuar,
reduciendo las emisiones y adaptándonos a lo inevitable. Nos quedan
menos de 20 años para invertir la tendencia y reformar el modelo
energético.
Frenar
e invertir tal tendencia implica aumentar la eficiencia, desarrollar
las energías renovables, promover el transporte público,
descarbonizar paulatinamente nuestro sistema energético y frenar la
deforestación, creando nuevas actividades, empresas y empleos. Habrá
sectores que ganen, pero también algunos sectores y empresas
perderán. El coste será de poco más del 0,1% del PIB mundial, pero
sin embargo el coste de la inacción puede llegar al 20% del PIB
mundial.
El
cambio climático, a causa de las emisiones de gases de efecto
invernadero, tras el cuarto informe del IPCC, es una realidad
aceptada por toda la comunidad científica, e incluso por los
responsables políticos, al menos sobre el papel. Cierto que aún
quedan algunos "disidentes", siempre a sueldo de las empresas que se
verán perjudicadas por las medidas que habrá que adoptar, pero la
resistencia es cada vez menor y hoy no pasa de anécdotas, al menos
frontalmente. La verdadera resistencia probablemente provenga de
quienes quieren perpetuar el sistema actual y un modelo ambiental y
socialmente insostenible, promoviendo la energía nuclear, las arenas
alquitranadas, la oriemulsión, los hidratos de metano y otros
hidrocarburos no convencionales, los llamados biocombustibles (que
deberían denominarse agrocombustibles) y la captación y
almacenamiento de dióxido de carbono, que permitirían continuar con
un empleo creciente y amplificado de carbón, petróleo, gas natural y
otros combustibles fósiles no convencionales. Es decir, seguir
aumentando el consumo de energía y perpetuar un modelo de transporte
basado en el automóvil privado, con pequeños cambios que no tocan la
raíz de la insostenibilidad y de la inequidad social.