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Vida
en retroceso
El zambullidor de Junín es el símbolo de la conservación en la
sierra central del Perú
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Foto: Alejandro
Tello |
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Todavía húmeda por la helada de la noche anterior, los parajes de la
sierra central despiertan al amanecer con caminos que nos llevan a
recorrer ríos rojos, tierras infértiles y lagos envejecidos. Estamos
en la ruta de las mineras. El camino que conduce hacia los socavones
de la muerte.
Escribe: Iván Reyna
Ramos
Fotos: Yessica Vega Zegarra
Dos de febrero. Es el
Día de los Humedales y la ocasión nos lleva al lago Junín o
conocido también como Chinchaycocha que se encuentra dentro de la
Reserva Nacional de Junín. Despertar en la carretera central, por
encima de los cuatro mil metros sobre el nivel del mar es toparse
con paisajes arropados de copas de nieve, es avistar aves endémicas
del Perú como el Cinclodes Ventriblanco
(Cinclodes palliatus), el Canastero de Junín (Asthenes
virgata), el Tijeral Conicastaño (Leptasthenura pileata),
la Estrellita Andina (Oreotrochilus melanogaster),
el Minerito de la Puna (Geositta saxicolina),
entre otras que suman unos 600 individuos distribuidos en los
territorios de Junín y Cerro de Pasco; según los cálculos de
Constantino Aucca, ecólogo y presidente de la Asociación Ecosistemas
Andinos (ECOAN), quien nos habla que estas especies son endémicas o
propias del Perú y algunas están críticamente amenazadas por la
pérdida de su hábitat natural.
Pero los paisajes y
las poblaciones de la sierra central también se hallan cubiertos de
contaminación, de polvo minero, de tierras y aguas rojas por la
sedimentación de metales que dejan los relaves. Sin duda, estamos en
la ruta de la contaminación. Y paradójicamente en la ruta de la
biodiversidad. La vida aquí se sostiene de un hilo.
Símbolo de la
conservación
En esta meseta llamada Bombón se estira el
lago Junín (el segundo
lago más grande del Perú, después del Titicaca), que con más de 53
mil hectáreas
(364 kilómetros
cuadrados)
da vida a unas 150 especies de aves entre residentes y migratorias,
de las cuales se encuentran el
Zambullidor de Junín
(Podiceps taczanowskii
Berlepsch & Stolzmann),
el
Yanavico (Plegadis ridwayi),
la Gallareta Andina (Fulica ardesiaca), la Polla de Agua (Gallinula
chloropus), el Pato Puna (Anas puna), y otras más.
Pero
también aquí vivió la
Rana Gigante o Goliat (Batrachophrynus
macrostomus).
De acuerdo a una publicación de la Universidad Católica del Perú,
hace doce años, el primer
Centro Experimental
de Ranas
inició un
proyecto en el que reprodujo 10,000 ejemplares en cautiverio con la
finalidad de evitar su extinción. En la actualidad ya no hay rastros
de este batracio. De acuerdo a estudios histológicos, la rana se
extinguió hace un par de años por intoxicación del cobre venido de
los relaves mineros. En oposición a estos hechos, la Dirección
General de Salud Ambiental - DIGESA, afirma que el agua del lago
Junín se encuentra apta para la crianza de ranas.
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Ahora,
el ícono de la región es el Zambullidor de Junín.
Las
autoridades han
elegido esta fecha para declararlo públicamente como ave regional y
símbolo de la conservación.
Las
primeras noticias de esta ave se remontan a 1872 cuando el
ornitólogo polaco Konstanty Jelski capturó el primer ejemplar en el
lago Junín, y después de enviárselo a su amigo Wladislaw
Taczanowski, éste publica un tratado respecto a las aves peruanas (Ornithologie
du Pérou, 1884). Es así que el Zambullidor se hace conocido pero
sería recién en 1894, que el alemán Berlepsch y el polaco Stolzmann,
permiten reconocerla como nueva especie para la ciencia.
Desde entonces, se ha
reconocido al zambullidor como ave endémica, es decir, que no habita
en otra parte del mundo sino en la región Junín del Perú. De acuerdo
a los datos del Fondo Nacional para Áreas Naturales Protegidas por
el Estado - PROFONANPE, hoy existen aproximadamente 250 ejemplares
en el humedal más grande de Sudamérica.
| Foto:
Alejandro Tello / ECOAN |
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Sin alzar vuelo
El Zambullidor en esta época se encuentra en periodo de reproducción
(noviembre a marzo), que por lo general originan dos crías por año,
y se suma a ese bajo índice el fuerte impacto provocado por los
seres humanos. “El Zambullidor necesita profundidad para
alimentarse, pero con la contaminación urbana, rural, minera,
embalse y desembalse de la compañía eléctrica, han logrado que el
Zambullidor ahora se alimente de insectos”, refiere el ingeniero
Orlando Delgado Vicuña, responsable técnico del Instituto Nacional
de Recursos Naturales (INRENA) de la Reserva Nacional de Junín.
A
decir del especialista, el Zambullidor no se encuentra en los
diferentes pisos ecológicos. Y aunque tiene alas normales no tiene
hábito de vuelo porque carece de músculos pectorales y el esternón
atrofiado. Su dieta se basa en pequeños peces como “challhuas” (Orestia
sp.), insectos y otros invertebrados que viven protegidos en
extensiones de Chara. Y en la época de anidamiento salen a las
orillas en busca de totorales o islas de vegetación flotantes.
El
zambullidor pasa gran parte del año en el centro del lago debido a
que allí puede alimentarse de peces y de algunos insectos para no
compartir con otras aves. De acuerdo al monitoreo efectuado por el
fotógrafo de naturaleza e investigador de ECOAN sobre el Zambullidor
de Junín, Alejandro Tello Guevara, “La mayor
población del Zambullidor se encuentra replegado en la zona sureste
del lago, ya que es
la parte -al parecer- menos contaminada por los relaves mineros
y los efectos del embalse y desembalse”.
Si bien se ha iniciado
una campaña a favor del Zambullidor de Junín como Ave Regional y
Símbolo de la Conservación por todos los méritos que significa una
especie endémica. También es una especie seriamente amenazada. Según
el Decreto Supremo N° 034-2004-AG, le otorga la categoría nacional
de Especie en Peligro Crítico. En el ámbito internacional, la Unión
Mundial para la Naturaleza - UICN le ha dado la categoría de Especie
Críticamente Amenazada. Igualmente ha sido incluida en el Apéndice I
de la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies
Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) como Especie en Peligro de
Extinción. Y Bird Life Internacional en el Area de Aves Endémicas (IBAs)
lo considera Especie de Distribución Restringida y Amenazada.
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Valle de las minas
Desde hace aproximadamente tres siglos
las
cuencas del río Mantaro y el lago Junín se vienen contaminando
con relaves mineros en una proporción estimada en 50,000 metros
cúbicos por año. Entre los residuos de metales que se vierten cada
día por el llamado Complejo Metalúrgico de la Oroya al río Mantaro
se encuentran aproximadamente 1,000 toneladas de bióxido de azufre,
2,500 toneladas de plomo, 2,500 toneladas de arsénico, 20 toneladas
de cadmio y 20 toneladas de material particulado, además de fuertes
cantidades de hierro, mercurio, zinc, manganeso y cobre, según se
puede leer un informe del
Dr. Godofredo Arauzo
a la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental en marzo de 2007.
La
contaminación se inicia en las alturas donde la Compañía Minera
Volcán S.A. (primera productora de zinc en el Perú), la Sociedad
Minera El Brocal S.A. (extrae cobre y plata de la mina Colquijirca),
y la Compañía Minera Aurex S.A. (extractor de oro),
arrojan sus
desechos a las aguas del río San Juan que baja a contaminar el lago
Junín y continúa luego por el río Mantaro, según un informe
emitido en 1996 por
la Dirección de Asuntos Ambientales de Centromín Perú, y en el que
se agrega que las sustancias descargadas son potencialmente
peligrosas como el cadmio, cobre y plomo, al exceder los valores
límites permisibles.
El
hecho es que la contaminación ya ha ocasionado
la
muerte de la mayoría de la flora y fauna que habitaban en la región.
A veces se cree que la contaminación sólo ocurre en contacto con los
minerales, sin embargo también se da por la oxidación del manganeso
y el hierro. Es decir, las partículas de la oxidación de estos
metales son las que producen la tonalidad roja y al mismo tiempo se
forma una capa sobre la superficie del agua. De modo que las plantas
acuáticas no pueden realizar la fotosíntesis y finalmente mueren.
Se
suma otro hecho preocupante. Se trata de los relaves que contaminan
el subsuelo. La razón es que la tierra se vuelve infértil al
absorber los tóxicos. De esa manera el desarrollo de la vegetación
se encuentra aniquilado, y el consumo de los alimentos producidos en
estos sembríos origina enfermedades irreversibles como el cáncer.
Pero la contaminación también conduce a la pobreza, debido a que las
poblaciones de esta parte del país viven en su mayoría de la
agricultura.
Si
bien hasta ahora la situación es degradante. Que se puede esperar
dentro los próximos treinta o cincuenta años. No se trata de medir
los efectos del momento sino las consecuencias en el futuro. El
informe del
Dr. Godofredo Arauzo
indica que existen
17
centros mineros en el ámbito de la cuenca del Mantaro, y también 67
centros mineros abandonados que anualmente arrojan 50 mil toneladas
de relaves. Basta recorrer el espinazo andino de Cerro de Pasco y
Junín para sorprenderse con montañas intactas de minerales, lo que
significa que la explotación continuará en el futuro.
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Una explotación sin
principios de sostenibilidad ambiental y sin responsabilidad social
como hasta ahora se viene realizando, es lo que lleva a dejar de
lado el tema del agua como fuente de vida. Un ejemplo de esta
práctica es un informe técnico donde se refiere que el agua del río
San Juan es ácida por su alta concentración de hierro conocido como
Potencial de Hidrógeno (pH). Mientras el Ministerio de Energía y
Minas y OSINERGMIN sabe que el tiempo pasa y los residuos sedimentados siguen
formando parte del pasivo ambiental minero, sin emitir respuestas a
favor de la recuperación.
Lo
que tampoco se sabe es si se está cumpliendo con los Programas de
Adecuación del Medio Ambiente (PAMA) y demás asuntos planteados en
el Plan de Manejo Ambiental para el lago Junín desde el 2002. En ese
sentido, algunas instituciones involucradas vienen coordinando a fin
de efectuar una auditoria ambiental independiente que a través de
una consultora internacional se logre saber lo que realmente sucede
con el lago Junín.
En voz alta
Unas 46,000 personas viven en condiciones de pequeños propietarios
en tierras que rodean la Reserva Nacional de Junín. Sólo en el
interior del área se encuentran aproximadamente 4,000 asentados. La
mayoría vive de la agricultura y ganadería. La pesca está prohibida
por encontrase infectada.
Actualmente hay sobrepoblación de ganado que ha llevado al
sobrepastoreo. Es común la extracción de turberas (champa de pasto
en bloques) para fines energéticos pero que genera la pérdida de
depósitos de agua, colchones de nidificación y escasez de alimentos.
Otra es la extracción de totora para alimentar a los animales
domésticos. También la caza de aves y el recojo de huevos. La quema
de totorales dicen que favorece su rebrote y ayuda a la caza de
cuyes silvestres; pero con la implementación de vedas se regulan
estas prácticas de alternativas económicas.
Lo
que muy poco se sabe es que la contaminación se ha extendido en por
lo menos 80,000 hectáreas alrededor del lago Junín. Se estima que
el lago se encuentra contaminado en un 50 por ciento. Que la
profundidad se ha reducido y en consecuencia se advierte su temprano
envejecimiento. Y todo hace indicar que dentro de tres décadas el
lago simplemente se colmatará.
Y
aunque las poblaciones que viven alrededor del lago no conocen de
estos datos, ellos por el sentido común saben que las cosas andan
mal. Flavio Astuhuamán Yauri, comunero de Sasicucho, deja de lado la
hipocresía para hablar claro “El lago fue declarado en emergencia,
pero de qué vale si hasta ahora no se ha hecho nada. El lago sólo ha
servido de objetivo político”. Sin embargo, las comuneras Rufina
Córdova y Apolinaria Guere reciben a la comitiva por el Día de los
Humedales con vistosos paneles en el que se puede leer: “Cuidemos
nuestro lago y protejamos al Zambullidor”.
En
el distrito de Ondores, donde se impone la iglesia construida de
piedra sobre piedra, Anatolia Domínguez Echevarría dice que “La
gente no está en contra de la minería, sino en contra de la
contaminación. Los relaves han acabado con las ranas y ahora harán
lo mismo con el Zambullidor. Aquí el que contamina debe pagar”.
Luego Octaviano Quijada Meza, delegado de la comunidad va más allá
con su propuesta: “Se debe construir una compuerta debajo del puente
Upamayo para que el agua contaminado no pase al lago Chinchaycocha,
y de esa manera evitaríamos que se siga contaminando”.
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Luego ingresamos a la frontera de Junín y Pasco. En el Centro
Poblado de San Pedro de Pari. Uno de los carteles le dice a la
comitiva que avanza al norte “Viva el Día de los Humedales… Pari
está Presente”. Y entonces sale al frente Aureliano Vicente Carhuas
quien con nostalgia recuerda “Desde 1930 cuando construyeron la
represa Upamayo nos han recortado 3,750 hectáreas de nuestras
tierras sin que hasta la fecha tengamos compensación ni
indemnización de parte de la empresa que se ha hecho dueño del
agua”. En esa misma línea, la alcaldesa de Pari con mucho más
optimismo agrega “todavía podemos hacer algo frente a las empresas
hidroenergéticas”.
Sólo
al llegar a la represa de Upamayo (origen del río Mantaro) se
observa la latente amenaza al ecosistema. Al elevarse inunda nidos
de aves y al bajar deja regados a peces y anfibios sobre tierras
secas. Igualmente las áreas destinadas al pastoreo son empantanadas
en épocas no previstas. De ahí que las diez comunidades afectadas:
Junín, Ondores, San Pedro de Pari, Cochamarca, Vicco, Ninacaca,
Carhuamayo, Huayre, Chuiroc y Matacancha, claman indemnización.
Después pasamos por el distrito de Vicco, donde algunos chanchitos
llaman la atención al pasear libremente por la plaza, a un lado de
la iglesia Inmaculada Concepción levantada a punto de piedras,
Gloria López y Mariela Gómez, ambas coinciden en que todas son
buenas intenciones. “Las autoridades siempre nos repiten que van a
implementar procesos contra los que contaminan”, dice Gloria; pero
no es otra cosa que “un rosario de promesas”, agrega Mariela.
Para
agregar un dato más a esta historia, hace poco un expresidente de la
República dijo que no se hable de contaminación en el lago Junín
porque se ahuyenta la inversión privada. Si es así, entonces de qué
calidad de vida se le puede hablar al niño Angelo Morales de la
comunidad de Sasicucho. O simplemente esperar que nazcan niños
condenados a morir por la contaminación minera.
Si bien el 20 de enero
de 1997 el lago Junín obtuvo el reconocimiento como Humedal de
Importancia Internacional RAMSAR. Y hoy se inició la campaña para
reconocer oficialmente al Zambullidor de Junín como ave regional y
símbolo de la conservación. Quien anima al hombre a encaminar sus
acciones a favor de la vida.
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