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Pampa
Hermosa, boceto de bosque
Luego de años de lucha, Pampa Hermosa fue nombrada
Zona Reservada por el Inrena. Centenarios cedros y elegantes gallitos de las rocas, así como los
pobladores de la región, esperan ser beneficiados por esta medida. Si se proponen implementar un proyecto serio de ecoturismo, que brinde beneficios sin destruir el recurso, no deberían tener problemas en generar progreso. ¿Quién no quiere conocer una selva virgen a solo seis horas de Lima?
Texto por: Álvaro Rocha Revilla
Las ramas raspaban y desgarraban nuestra ropa mientras ascendíamos a Pampa Hermosa en medio de árboles empapados que se mantenían erguidos a pesar de la fuerte pendiente que por partes adquiría el vértigo de un abismo. Las trepadoras y malezas de líquenes bailaban sobre nuestros rostros, cuando el guía Elmer Mapelli se plantó frente a lo que parecían ser largas colas de dinosaurios. Levantamos la vista y nos topamos con un enorme árbol. Las colas de dinosaurios, que sobrepasaban nuestras cabezas, resultaron ser las descomunales raíces que lo fijaban al suelo. "Este es el Abuelo, es un cedro que tiene más de seiscientos años, pero un maderero lo puede tumbar en menos de tres horas". Eso fue lo que dijo
Elmer. De esto hace ya ocho años. Pero yo lo recuerdo como si fuera ayer.
Pero el tiempo no ha pasado en vano. Ahora llegar a esta naturaleza salvaje ya no es la batalla épica que representaba antes. Los comuneros del cercano pueblo de Ninabamba han trazado una senda que conduce a los visitantes -sin mayores sobresaltos- hasta los inmensos cedros. Además, unas cómodas cabañas, desplegadas en la parte baja del bosque, albergan a los turistas. Una de las principales atracciones es visualizar las diarias apariciones del gallito de las rocas (Rupícola peruviana). Hay un inmejorable punto de observación a apenas veinte minutos del Pampa Hermosa
Lodge, cuyo gestor, Alexander Signori, asegura que "ahora ya no se tumban los árboles donde se alimentaban los gallitos de las rocas, hay más conciencia, y por eso el número de estas aves está en aumento". Es extraño ver -aquí, tan cerca a Lima, casi sin despeinarse- a este bello animal, que uno normalmente alucina en lejanas selvas como el
Manu, danzando entre la floresta para impresionar a las menos agraciadas hembras.
Esfuerzo compartido
Pero esta Zona Reservada también alberga otras interesantes especies de fauna, pues la gran diversidad de pisos ecológicos que se despliegan entre los 1400 y 3400 metros de altura de Pampa Hermosa permite la presencia de, por ejemplo, osos de anteojos (Tremarctos ornatus), junto a tucanes (Ranphastos sp), y tigrillos (Felis tigrina). Incluso se ha encontrado una rana venenosa (Epipedobates cf.) nueva para la ciencia. La cantidad de mariposas es abrumadora, igual que los helechos y orquídeas
Mucha gente hizo posible que este bosque sea ahora un área protegida. Entre ellos los pobladores de los distritos de San Ramón (Chanchamayo) y Huasa Huasi (Tarma), que comparten la Zona Reservada; el esfuerzo de Jorge Chacón, presidente de la Ong Tunky Conservation, al absolver trámites ante el Inrena; y el invalorable apoyo de la Ong Proterra en todo lo que requería consejo especializado. Pero, sin duda alguna, el mérito mayor le corresponde a Elmer Mapelli.
Elmer nació en San Remo, un fundo campestre a una hora de La Merced, que alberga 600 variedades de orquídeas y un alambique para producir aguardiente de la mejor calidad. Como él, hay muchos descendientes de italianos en los alrededores, en su mayoría piamonteses, que llegaron al Callao en 1876 y se fueron a pie hasta Chanchamayo. Cuando Elmer era un adolescente escuchó el estruendo de la dinamita. Eran los trabajos en la carretera que en ese entonces, 1969, construyera el maderero José Abad Granados y que, en la actualidad, ya no traslada troncos sino viajeros que recorren los 24 kilómetros que separan San Ramón de Nueva Italia, pequeño caserío ubicado al pie del bosque.
La apuesta
Lo cierto es que el hacha de Abad no llegó hasta las planicies cubiertas de cedros, nogales, mohenas y robles que constituyen el corazón de Pampa Hermosa. En los años setenta una masa de migrantes andinos convirtió la selva central en una inmensa chacra. Por esa época Elmer advirtió que la selva virgen estaba desapareciendo frente a sus narices y tomó la decisión de proteger a Pampa Hermosa. Una de esas noches en La Merced se pactó una famosa apuesta entre Georg Meinnrich, un biólogo alemán, que sacó un fajo de dólares y retó a quien pudiera demostrar que había un cedro más grande que el Abuelo. Después de un breve silencio se paró un pozuzino y aceptó la apuesta. La que luego tuvo que pagar, pues el árbol de Pozuzo no pudo superar los treinta mil pies del Abuelo de Pampa Hermosa.
Se puede decir que, a pesar de que los subversivos le quemaron su camioneta, la lucha de Mapelli por preservar Pampa Hermosas tuvo un aliado involuntario en Sendero Luminoso, pues cazadores, madereros y colonos huyeron ante su presencia y la selva creció invadiendo chacras, casas y no paró hasta tragarse la carretera. Cuando Sendero fue derrotado, los colonos volvieron a Nueva Italia y se sorprendieron al ver animales salvajes transitando sin miedo al hombre. Hasta que se los recordó Bamondi, un legendario cazador de San Ramón, que en un solo mes abatió 24 venados y 14 osos de anteojos.
Imperecedero
Siempre que vuelvo a Pampa Hermosa trepo al bosque a constatar que el Abuelo aún está ahí. No olvido que esa primera vez una nube de mariposas azules pareció bajar de la copa del Abuelo para volar encima nuestro hasta que salimos del bosque. Cuando llegamos a Nueva Italia comimos maíz duro y fibrosas paltas. Uno podía comer todo lo que quería. Era lo único que había, también. Un grupo de montañas verdes y azules nadaban encima de nuestras cabezas. El río Ulcumayo giraba plateado entre húmedos desfiladeros vegetales. Pensé que el sitio valía la pena, que era un buen lugar para vivir. Ya pasaron ocho años de esto. Pero yo lo recuerdo como si fuera ayer.
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