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A pesar de que las principales investigaciones arqueológicas en Chavín comenzaron hace más de setenta años, sigo sorprendido por lo que nuestro proyecto continúa revelando permanentemente, desde que lo comenzáramos hace ya once años.
Escribe: John Rick
Fotos: Luis Yupanqui
En fechas más recientes, hemos tratado de combinar el entusiasmo y el conocimiento derivados de los descubrimientos arqueológicos con la responsabilidad de conservar nuestros hallazgos y, asimismo, lo que queda del sitio. Afortunadamente, ambas actividades pueden ser combinadas creativamente, y así cosechamos mejores resultados que si se desarrollara cada una aisladamente. Nuestros logros recientes sirven para ilustrar esto.
Galería Las Rocas
Hemos enfatizado particularmente la labor de investigar y poner nuevamente en funcionamiento la galería Las Rocas, que es el sistema de drenaje original del templo. El canal es conocido desde hace décadas, pero tan solo recientemente hemos comprendido su complejidad, dimensión y múltiples funciones. En casi toda su extensión, el canal era lo suficientemente largo como para ir de abajo hacia arriba, comenzando desde el área de la Plaza Circular y prosiguiendo, en tortuosa ruta, hasta llegar -parece ser- al río Mosna; esto es, un recorrido de 300 a 400 metros, pasando cerca de los templos más importantes. Unos canales de alimentación a lo largo de la ruta permitieron, mediante este sistema, escurrir agua de lluvia de todo el centro ceremonial, que mide cerca de medio kilómetro cuadrado.
El canal está recubierto, está techado, y su cauce es empedrado; pero una gran variedad de formas y tipos de materiales adicionales fueron también adaptados para algunos aspectos específicos de la construcción. En su mayor parte, el canal ha sobrevivido sorprendentemente bien, pero durante el inmenso aluvión que golpeó el sitio en 1945, parte del canal quedó sin techo, lo cual generó el ingreso de materia aluviónica, que lo llenó completamente.
Para recuperar el canal, estamos removiendo estos sedimentos recientes, asimismo excavamos la arcilla y los materiales que se introdujeron cuando se usaba, y estamos restaurando las secciones colapsadas y los techos. El trabajo requiere tener mucha tolerancia hacia los espacios cerrados, igual a como cuando se está en una mina angosta: precisamente por ello, hemos tomado prestada, para trabajar, la tecnología de los mineros. Se ha reemplazado vigas de piedra cuando ha sido necesario, pero en lo esencial se han utilizado los materiales originales que los constructores Chavín alguna vez usaron.
Hallazgos y muerte
En el camino ha habido muchos descubrimientos interesantes. En las capas más altas del segmento del canal, bajo la Plaza Mayor, una gran masa de huesos humanos fue encontrada en 1998 por investigadores del Instituto Nacional de Cultura. Diversas circunstancias impidieron que concluyeran las excavaciones, y en el 2004 decidimos nosotros reabrir y terminar la documentación, extracción y registro de los huesos humanos. Todos éstos son de épocas post-Chavín, cuando alguna gente, apresuradamente, habría abierto la galería y depositado, sin ceremonia alguna, entre veinte y treinta cuerpos de individuos de diversas edades y sexos. Es posible que haya acontecido algún tipo de guerra sucia, y que este hallazgo sea el resultado de ese tipo de violencia masiva.
Más tarde, el mismo 2004, descubrimos una entrada formal desde la superficie hacia el interior del canal; esto resultó interesante, pues desde ese punto, y en dirección de la corriente, hallamos desperdigados y lavados por el agua, huesos humanos de la era Chavín, además de ciertas evidencias de ofrendas ceremoniales. Nuestra interpretación actual es que en tiempos de los Chavín algunos muertos eran depositados en el canal, y que las aguas al pasar los llevaban consigo en parte o totalmente. Tal forma de disponer de los muertos es un aspecto enteramente nuevo en la cultura andina. Pero asimismo, este acceso a la galería Las Rocas es en realidad un conducto, es decir, un paso para aguas y quizás hasta cadáveres; pero sobre todo -e indudablemente- para que ingresen personas vivientes. Hubo hasta cuatro accesos importantes a la galería Las Rocas a lo largo de su recorrido, que parecen haber sido reservados para entrar o salir de áreas rituales, como las plazas o las escaleras ceremoniales.
El poder de los dioses
Suponemos hoy en día que la galería Las Rocas proveía a los sacerdotes de Chavín de medios para aparecer inesperadamente en diversas ubicaciones y
situaciones, contribuyendo de esta manera al drama de los rituales que se llevaban a cabo en los precintos del templo. Sabemos que éstos incluían el uso de drogas alucinógenas, de luz reflejada en los oscuros espacios interiores con pequeños espejos de carbón, y el uso de ruido proveniente de corrientes de agua y de pututos. En el 2003, en la pequeña galería de Caracolas, en Chavín, encontramos veinte pututos intactos, que testimoniaban la presencia de estos intensos e impresionantes instrumentos.
Así, el complejo sistema de drenaje de la galería Las Rocas agrega ahora a nuestros conocimientos, mucho de lo referente a las muy avanzadas habilidades ingenieriles de esta temprana civilización. Podemos afirmar que eran capaces de tener un sistema de desagüe del templo, mejor que el de muchas ciudades de hoy en día. Pero sabemos también, que los sacerdotes Chavín usaban las complejas interconexiones de canales, como complemento de los muchos y extensos espacios subterráneos destinados al culto; es decir, como espacios adicionales para los rituales dramáticos, que ayudaban a convencer a los seguidores acerca de sus derechos divinos y la autoridad que estos vínculos les conferían con los dioses.
Hoy en día nos es difícil imaginar la utilización de una alcantarilla o cloaca como parte de un mecanismo de persuasión, pero Chavín parece ilustrarnos acerca de un periodo particularmente creativo y eficaz de emergencia de poder político-religioso en el ser humano.
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