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Ayacucho Profundo


El recorrido nos lleva por tres provincias del sur de Ayacucho: Lucanas, Parinacochas y Páucar del Sara Sara. Seríamos guiados por Elizabet Rojas, una entusiasta ayacuchana que pasó su primera infancia por este lugar y que haciéndole honor a la frase de Rilke "La verdadera patria del hombre es la infancia", trabaja desde hace algún tiempo impulsando el turismo de esta zona. A estas tres provincias no le faltan recursos naturales para atraer al viajero, y a Elizabet le sobran las razones para trabajar por ellas.

Escribe: Gabriel Aller
Fotos: Luis Yupanqui


Las vicuñas aparecieron de pronto y, tras el aletargado viaje desde Nasca, nuestros corazones despertaron en un instante. Estábamos en la provincia de Lucanas, en una gran meseta densamente poblada por hermosas y esquivas vicuñas. Se trata de Pampa Galeras, más de 60 mil hectáreas de ichu de las cuales 6500 forman parte de una reserva protegida por el Estado desde 1967. En los ochenta la población de vicuñas fue casi diezmada por la cacería intensiva de militares y senderistas que hicieron de esta pampa un campo de batalla, y de la carne de vicuña el rancho diario. Esos días han terminado, y hoy se estima que algo más de 13 mil ejemplares pasean en estado silvestre por la zona. Se ven desde solitarios machos expulsados de alguna familia, hasta tropillas de 200 de estos camélidos.

El ecosistema de Pampa Galeras funciona perfectamente, la muerte eventual de alguna vicuña sirve de alimento para zorros, o para los numerosos cóndores y águilas que sobrevuelan la zona. También los comuneros de Lucanas, durante los días 22 y 24 de junio participan del ancestral chaccu: la temporada de esquila que los provee de la valiosa fibra de vicuña. El dinero recaudado sirve para dar trabajo, hacer obras en la comunidad, y para el pago de los guarda parques. Como ven, el círculo cierra perfecto.

El pueblo de Lucanas queda junto a la ruta 26, sin embargo continúa siendo un apacible lugar en el que las cosas se vienen poniendo de a pocos en orden, gracias a los ingresos provenientes de la venta de fibra de vicuña. En este lugar nos recibe el frío de la madrugada, y pronto el intenso sol del amanecer nos despoja no sólo del abrigo, sino también del cansancio, y motivados por el entusiasmo de los jóvenes comuneros que se vienen organizando para promover el turismo, nos dirigimos hacia el sitio arqueológico de Pullapucco: 300 construcciones circulares, entre pircas y habitaciones derruidas. La vegetación cubre gran parte de ellas; sin embargo encontramos tres cámaras funerarias hechas con grandes piedras labradas, que se encuentran en muy buen estado de conservación. 

Nos fuimos de Lucanas entendiendo un poquito del duro trabajo con la fibra de vicuña, conociendo un interesante lugar arqueológico, y habiendo aprendido en el campo que la achicoria es buena para el hígado y los riñones, la tantarca es de lo mejor para las amígdalas, el chanchanco y la muña alivian males estomacales, y que la puca gitana y el latacc son buenas para la gripe y los bronquios. Los campos de Lucanas parecen ser todo un laboratorio y nuestro guía un gran farmaceuta. 

Escalera al Cielo
Luego de una noche fugaz y poco grata en Puquio, la capital de la provincia de Lucanas, salimos hacia Andamarca, capital del distrito de Carmen Salcedo: uno de los lugares más hermosos de este viaje. Para llegar hasta allí debíamos recorrer aproximadamente nueve kilómetros por la ruta 26 y entrar a un camino afirmado en un desvío, a la izquierda de la carretera.

El camino dura unas tres horas, pero uno no deja de sorprenderse en cada curva del camino. Lo primero que encontramos es la represa de Pachaya, actualmente con un muy buen nivel de agua gracias a las lluvias del año pasado. Unos treinta minutos más por el mismo camino nos permiten llegar a las aguas termales de Jeronta. Las vizcachas cruzan la carretera con un ritmo perturbado hasta perderse entre las peñas que las protegen. El camino sigue deslumbrándonos con más lagunas y más fauna hasta llegar a Andamarca.

Como primera impresión, este valle nos recibe con un leve viento cálido, que roza los maizales a punto de ser cosechados. El río Negromayo refleja desde el fondo del valle los rayos del sol, y nuestra mirada recorre de abajo a arriba esa increíble geografía tatuada por andenes que nos llevan hasta el cielo. 

La plaza, como casi todas las que conocimos en este viaje, son austeras y muy lindas: poco cemento, flores del lugar y pequeñas fuentes. Andamarca nos recibe con una iglesia construida en 1913, un reloj detenido a las 6 y 30, y la luna instalada en pleno día. El silencio sólo se ve interrumpido de vez en cuando por el megáfono del locutorio local, anunciando que llaman al señor Inca, al señor Tito, a la señora Flores. Qué se va a hacer... el teléfono es una necesidad.

Elizabet nos presenta a Alberto Palomino, director ejecutivo de la Asociación Andina Cusichaca, una ONG que viene trabajando desde hace algunos años recuperando y reutilizando los antiguos andenes y canales de irrigación Wari e Inca. Esta ONG, junto a un grupo de pobladores y al alcalde, vienen promoviendo el turismo de la zona y han armado algunas rutas de caminata que incluyen cataratas altísimas, pesca en el río, bosques de queñuales, caminos inca y baños termales. 

A pocos metros del pueblo se encuentra Caniche, considerado el sitio arqueológico más grande del sur de Ayacucho. Es probablemente la ruina Wari menos estudiada y mejor conservada de la que se tenga registro. Casi intactas, las imponentes construcciones circulares permanecen erguidas en lo alto de la loma que separan las tierras de Andamarca del anexo de Chiricre. La experiencia de pasear por estas ruinas, observando los colores de las cosechas, sintiendo el viento cálido del valle y palpitando la apacible vida de Andamarca, es insuperable. 

Después de una deliciosa noche de silencio en Andamarca, Fátima nos atiende en su restaurante Misky Misky (rico rico) con un desayuno de reyes. Pequeñas papas suitu, choclos recién cosechados acompañados de una salsa qapchi y queso, nos exigían quedarnos unos días más por allá, pero el viaje debía continuar inexorablemente. 

Agua de Coracora 
Para llegar con tranquilidad a Coracora, la capital de la provincia de Parinacochas, es necesario salir temprano desde Puquio. Una hora y media por la carretera 26 hasta tomar un desvío a la altura del pequeño poblado de Negromayo. Este camino no está en buen estado y hay que tener una buena camioneta 4 x 4 para poder hacerlo. 

Igual de fuerte tiene que ser el físico si se quiere llegar hasta las ruinas de Huaman Percca (muro del águila), una pequeña y aislada construcción ubicada a unos 4700 msnm. Se trata de una construcción posiblemente inca, desde la que se tiene una insuperable vista al conjunto de lagunas de esta zona y de los nevados Harguarazo y Palla Palla. Los pobladores de esta área se dedican al pastoreo y venta de auquénidos; por eso, a la bajada de la ruina nos esperaba una rica huamancanca: carne de la cabeza de alpaca ahumada. 

Siguiendo por la ruta de esta geografía digna de Marte, se encuentran los baños termales de Humaccunsiri. Llegamos al lugar casi al anochecer y a pesar del frío (unos 10 grados) nos introdujimos en sus cálidas aguas. La experiencia reparó el desgaste del largo viaje y nos preparó para los días siguientes.

Parinacochas: espejo de vida
Pasamos una noche tranquila en Coracora para salir de madrugada hacia la laguna de Parinacochas. Fuimos testigos de la caída de los primeros rayos de sol sobre un Incahuasi ubicado al oeste, junto al gran espejo de agua. Como claro ejemplo de la extirpación de idolatrías, leemos en el pórtico de la pequeña iglesia una inscripción fechada en 1847: "AQUÍ SOBRE LAS RUINAS DE LA YDOLATRÍA SE ADORA Y DA CULTO AL VERDADERO DIOS"... Nos cuentan que hasta hace cien años éste era el agitado punto de encuentro de arrieros provenientes de Arequipa, Huamanga, Apurímac, Abancay, e incluso de la lejana Chala, quienes llegaban para comerciar los productos de cada una de estas regiones. 

Para acercarse a las orillas de la laguna en camioneta es necesario llegar al pueblo de Puyusca Incuyo. La ruta es confusa, así que es mejor ir con alguien del lugar. Nosotros contactamos con el regidor Iván Espinoza, quien nos guió por la extensa pampa de ichu y tola. Nunca imaginamos tanta vida en estas alturas... el paisaje era soberbio: el volcán Sarasara precedía la inmensa puna, sobre la que corrían vicuñas; y la laguna colmada de parihuanas y patos completaba el cuadro de perfección. 

Pauza con z
Aunque en los mapas aparezca como Pausa, acá reivindican la "z" como signo de su identidad, tanto así que es considerada "La capital cervantina de América". Para los que no dejamos de sorprendernos con nuestro país, nos emociona enterarnos que en este antiguo pueblo de la colonia española se hizo la segunda escenificación del Quijote de la Mancha, sólo dos años después de su publicación, en 1605. Esto ocurrió gracias al homenaje que el corregidor de estas tierras, Don Pedro de Salamanca, quiso dar al nombramiento del Virrey Juan Mendoza y Luna, el Marqués de Montesclaros.

Volviendo a la ruta, desde la laguna de Parinacocha hasta Pauza, la capital de Páucar del Sara Sara, el viaje dura unas tres horas. La geografía es igual de deslumbrante que las anteriores, pero esta vez la carretera pasa por la ladera del volcán Sarasara y baja por un serpentín interminable, estrecho y muy empinado hasta los 2500 msnm., pero el vértigo puede menos que las ganas de seguir disfrutando de las montañas. Antes de llegar a Pauza pasamos por Quilcata, un pequeño pueblo rodeado por infinita andenería Wari. 

Ya en nuestro destino y algo exhaustos por el largo viaje, descansamos acampando junto a los baños termales de Mirmaca; ubicados en una apacible quebrada desde la que baja un pequeño afluente del río Huancahuanca. Este lugar es el mejor ejemplo del buen manejo intuitivo de arquitectura y respeto por el entorno geográfico. Fue construido a pulso por los hermanos Nizano y es un complejo de cuatro piscinas: tres con agua muy caliente y una de veinticinco metros con agua tibia. Fue una gran experiencia retar a la fría noche flotando boca arriba, mirando un cielo intensamente estrellado, hasta ver desaparecer las estrellas opacadas por la luna llena. 

A la mañana siguiente, el señor Juan Santa Cruz, un sociólogo que trabaja en la zona desde hace algunos años para el Centro de Estudios de Promoción y Desarrollo (DESCO), nos lleva hasta la catarata de Tarayacu. Para llegar a ella había que andar en camioneta una hora y cruzar los pueblos de Mirmaca, San Sebastián de Sacraca, Lampa y Marcabamba. La catarata puede verse desde la carretera, pero no hay nada como disfrutar del sonido y del rocío, a los pies de una caída de agua de 80 metros. 

Muy cerca de Pauza, pero en la dirección contraria de esta catarata, se encuentra el cañón de Uchubamba; bautizado por razones obvias como el Cañón de los Cóndores. Es una impresionante caída de unos mil metros de altura hasta el río Huancahuanca, afluente del Ocoña. 

El Sur de Ayacucho es realmente un lugar apasionante y por ahora poco visitado. Nosotros esperamos regresar y si usted aún no conoce esta zona, póngala en la agenda de sus próximas vacaciones. 

      

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