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Plumas de Humedal
La costa peruana tiene en su haber once humedales que forman un gran corredor biológico que se estira desde Tumbes hasta Tacna, un rosario de oasis enclavados en áridos desiertos, que se han convertido por siglos en el santuario de miles de aves, muchas seriamente amenazadas y otras en vías de extinción, y cuyas vidas son extremadamente frágiles en estos tiempos de cambio climático y falso progreso.
Texto: Iván Reyna Ramos
Fotos: Alejandro Tello Guevara
Al seguir el trayecto de las aves desde el norte, nos encontramos con los Manglares de Tumbes, área protegida por el Estado, con frondosos bosques de mangle, uno de los ecosistemas más productivos del planeta donde conviven concheros, cangrejeros e infinidad de pájaros que pueblan el aire y la copa de los árboles.
En Piura, está enclavado San Pedro, el bosque de mangle más austral del continente, donde el municipio local, con el apoyo de grupos ambientalistas, está levantando una propuesta para el mantenimiento y categorización del significativo manglar. En Piura se encuentran otros dos humedales importantes: el Estuario de Virrilá, donde el mar ingresa al continente por más de 30 kilómetros, siguiendo un antiguo brazo del río Piura: allí se encuentra la mayor población de parihuanas (Phoenicopterus chilensis) de toda la costa peruana; el otro humedal de importancia se da en las lagunas de Ramón y Ñapique, en pleno desierto de Sechura.
Marea de Aves
Para el equipo técnico del Proyecto de Conservación y Manejo Sostenible de los Humedales de la Costa Central (PROCOMHCC), de la ONG Terra Nuova, preservar los humedales desde Huacho hasta Cañete (Medio Mundo, Paraíso, Pantanos de Villa y Puerto Viejo) es una tarea de alta prioridad, y por eso vienen coordinando con municipios, colegios, universidades, artesanos, a fin de valorar la naturaleza y la cultura, con participación de la población involucrada en las áreas de influencia.
La Albufera de Medio Mundo (Huacho), con una notable biodiversidad, puede deslizarse a un desequilibrio ecológico debido a los avances de las granjas avícolas en su entorno. Juan Espinoza, presidente del Comité de Gestión de Bosques de la Cuenca del Río Huaura, advierte que "estamos preocupados por la contaminación, la basura y el crecimiento de la población".
La Laguna Paraíso, a tiro de piedra de Huacho, es el humedal más importante (biológicamente hablando) de la costa central. Alberga a más de 125 especies de aves, de las cuales diez son endémicas de la región. Más de veinte mil aves en tránsito son el deleite para los observadores de aves: se pueden avistar grandes manchas de parihuanas y playeros. El año pasado el proyecto Refugios del Desierto halló siete mil gaviotas migratorias en una sola temporada.
Incendio en Villa
Pero en El Paraíso, la atención se concentra en el gaviotín peruano (Sterna lorata), recientemente considerado por Birdlife International como especie en peligro de extinción. En esta línea, Alejandro Tello, fotógrafo naturalista y responsable del proyecto Refugios del Desierto, señala que el gaviotín "es un ave que merece especial atención por ser la única que se reproduce en pleno desierto costero, es decir, en la arena. Todavía se pueden apreciar grupos en Paracas y en Paraíso, incluso con ejemplares de polluelos y juveniles, por lo que se debe hilar fino a fin de conservar su hábitat lejos del impacto humano".
Los humedales de Ventanilla en el Callao, con una superficie de 366 hectáreas, tienen como principal fuente al río Chillón; poseen 12 espejos de agua y albergan 62 especies de aves. Ha sido declarado por la municipalidad de Ventanilla como área ecológica intangible.
Los Pantanos de Villa, ubicado en el distrito de Chorrillos, se extiende por 396 hectáreas donde se pueden observar más de ciento cincuenta especies de aves. Sólo las migratorias suman unas setenta. Ha sido reconocido por la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional (RAMSAR) como sitio prioritario. Asimismo, posee un buen afloramiento de la capa freática al formar parte del sistema hídrico del río Rímac, pero en opinión de Omar Ubillús, Jefe de la Zona Reservada de Los Pantanos de Villa, "requiere de la categorización definitiva como Refugio de Vida Silvestre, a fin de tomar acciones directas de aprovechamiento y de uso". Y agrega: "Hace 30 años los Pantanos tenían mil hectáreas, desde el Morro Solar hasta Lomo de Corvina, pero desaparecieron por la contaminación y la urbanización". Y todavía está fresco el reciente incendio voraz ("provocado", según algunos medios), que alteró el hábitat del totoral y quemó varios nidos.
Siguiendo la ruta al sur, en Puerto Viejo nos topamos con José Paico (12), estudiante del colegio primario "Alejandro Camacho" de San Antonio, quien nos dice: "llevo tres años investigando y visitando este lugar con mis profesores. Me gusta dibujar la naturaleza y sueño con ser biólogo para proteger los humedales de mi propia tierra". Los humedales de Puerto Viejo, recientemente declarado Reserva de La Región Lima, han sufrido el impacto del desarrollo urbano, y el abandono por parte del Estado.
Refugios del Sur
La Reserva Nacional de Paracas está señalada a nivel internacional como Sitio Ramsar, por albergar en un área de 335 mil hectáreas ecosistemas y humedales importantes para la conservación de especies acuáticas y aves migratorias. Paracas posee en su bahía una zona de humedal de forma intermareal fangosa, de gran extensión. Y dentro de la zona de amortiguamiento de la reserva, se encuentran los humedales de San Andrés en Pisco.
El próximo paradero de las aves migratorias es el vital Santuario Nacional Lagunas de Mejía, en Arequipa, señalado como Sitio Ramsar. Este hábitat sureño recibe alados visitantes de las regiones Neárticas, Australes, y de las islas Galápagos. Las lagunas de Ite, en Tacna, son el último humedal que conforma el corredor biológico de la costa peruana. De allí las aves deben recorrer más de mil quinientos kilómetros para poder encontrar otro albergue. Ellas, felizmente, no saben de fronteras.
Aves sin Fronteras
El circuito que siguen las aves migratorias en su mayoría lo hacen de norte a sur, desde las Tundras Septentrionales (norte de EE.UU. y Canadá), hasta Tierra del Fuego. Por nuestras costas pasan en noviembre y retornan en abril. Un caso especial es el chorlo ártico (Pluvialis squatarola), que tiene un recorrido anual de más de 20 mil kilómetros, desde la región subártica de Norteamérica hasta la Patagonia (ida y vuelta), lo cual marca todo un récord en las aves migratorias.
Pero también hay pájaros que migran de sur a norte; como el caso de aves chilenas, entre ellas la gaviota gris (Larus modestus). Asimismo, hay plumíferos que bajan de los Andes, como el yanavico (Plegadis ridgwayi), la parihuana y el pato puna (Anas puna).
Las siguientes son algunas de las aves migratorias que nos acompañan en los meses de noviembre y abril: águila pescadora (Pandion haliaetus), gaviota de Franklin (Larus pipixcan), gaviotín elegante (Sterna elegans), rayador (Rinchops niger), playerito manchado (Actitis macularia), zarapito trinador (Numenius phaeopus), y el falaropo de Wilson (Phalaropus tricolor).
Reporte de Humedales de la Costa Central:
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En el 2004 se identificó en el humedal de Paraíso a grupos de gaviotín peruano (Sterna lorata) con crías. Los reportes son constantes en la zona (A. Tello, G. Engblom / 6to Congreso Nacional de Ornitología, 2005).
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El Gobierno Regional de Lima emitió ordenanzas con el objetivo de poner en cautela ecosistemas como los Humedales de Puerto Viejo y recientemente El Paraíso.
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Aves no comunes en la región han sido registradas últimamente, como la garza manglera (Nyctanasa violacea) en los Pantanos de Villa, y la cigüeña Gabán (Mycteria americana) en los Humedales de Puerto Viejo.
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La gaviota reidora americana (Larus atricilla) normalmente es vista en los meses de verano. Se han registrado anidamientos anuales en Los pantanos de Villa.
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En una última evaluación del mes de junio en Paraíso, se constató la presencia inusual de especies migratorias de Norteamérica: playeros y chorlitos, como la aguja moteada y la aguja de mar, vuelvepiedras, zarapitos trinadores, el chorlo de las rompientes, e incluso un grupo de gaviotines árticos (Sterna paradisaea), que realizan un maratónico vuelo.
Fuente: Yanavico / Refugios del Desierto
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