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ARTÍCULO TURISMO

Desfile de Silleteros
Medellín Florece


Cada año, en los agostos primaverales antioqueños, descienden de lo alto del corregimiento Santa Elena cientos de silleteros, con amor de terruño montañero sellado en sus frentes, y desfilando por la pujante y hospitalaria Medellín. Rumbos vivió paso a paso uno de los eventos más tradicionales de Colombia, sintiendo en la piel esa conexión entre el silletero, su silleta (repleta de las más bellas flores que brota la tierra "paisa") y medio millón de personas que se aglomeran a lo largo del recorrido, por las principales avenidas de la capital de Antioquia.

Texto: Julio César Penagos Tobón (*)
Fotos: Jenny Chua (**)


Un sol espléndido bañaba la avenida Oriental, una de las principales de la ciudad de Medellín, que se encontraba colmada por una impresionante muchedumbre. Tras los balcones de los edificios, las terrazas, y aun desde la copa de los árboles, se asomaba un alegre gentío en una manifestación pública, parecida a las antiguas llegadas de héroes, próceres y líderes históricos. Una banderola recordaba, por si hacía falta, que "cuando pasa un Silletero, es Antioquia la que pasa".

El desfile se va estirando con el paso de cuatrocientos ochenta y tres silleteros, además de vibrantes muestras folclóricas regionales, a todo lo largo y ancho de la vía, antes de desembocar en San Juan, punto de acceso al Floródromo, que está engalanado de graderías multicolores y bellas ornamentaciones, y cuyo entorno, integrado por el complejo gubernamental de La Alpujarra, la Plaza de Cisneros y las construcciones coloniales de la Estación Caribe y el Edificio Vásquez, sirven como estrado para el mejor esfuerzo realizado por el silletero para elaborar la mejor silleta, y ganar así el ansiado galardón.

Las alrededor de quinientas mil personas, apostadas en los lados de la Oriental y provenientes de todas las clases sociales, gozan por igual el orgullo de patria chica que les produce el paso de estos gigantes de las montañas antioqueñas.

Pétalos de Historia
Los 403 adultos, 50 jóvenes y 30 niños participantes en este año, representaron la idiosincrasia silletera colombiana, destacando veintiocho silleteros, considerados pioneros por llevar más de cuarenta años en el maravilloso arte de elaborar la silleta floricultora.

Los cientos de extranjeros de todas las latitudes del mundo, representados por turistas y periodistas que llegaron al colorido espectáculo, gozaron del evento y de la simpatía del pueblo antioqueño, guardando dentro de sí recuerdos e imágenes inolvidables: lo suficientemente fuertes para desvirtuar cualquier comentario adverso que sobre esta tierra hayan escuchado.

Para entender lo que es el mundo de los silleteros, hay que remontarnos a sus raíces históricas y a la influencia que ellas han tenido en el desarrollo de la cultura "paisa". Antes existía una versión menos ostentosa para transportar mercancías o productos del campo. La nobleza del oficio se exaltaba por sí misma, no sólo por haber aliviado las penas de los viajeros, sino también porque muchos de los productos que ingresaban a Antioquia, provenientes de lejanas tierras, lo hicieron gracias a la tenacidad del silletero. Efectivamente, ya sea con lluvia o sol, ya por senderos pedregosos o entre fangales, delicadas porcelanas, piezas de maquinaria para la minería, valiosas colecciones de libros, lámparas o tejidos… (¡prácticamente todo!) podía transportarse "a lomo de canguro", como era llamado este tipo de transporte rural. Y así fue hasta que sobrevino el auge de la producción de flores.

Con el advenimiento de la bonanza de la floricultura en Antioquia, se abrieron también otras opciones prometedoras para los campesinos, y una de ellas fue la silleta engalanada. 

Familia "Paisa"
Los preciosos arreglos que contemplaron millones de ojos (fue transmitido en directo por los canales nacionales de Colombia), son el resultado de múltiples labores planificadas con la asistencia de especialistas en cada una de las fases de elaboración, pues mientras unos hacen el armazón de la silleta (de acuerdo con la categoría señalada), otros arreglan los manojos de flores previamente cortados, preservándolos en agua para mantener su frescura y colorido.

Toda la familia está involucrada en la preparación del arreglo. Algunos hacen el diseño o toman decisiones, dirigiendo la composición, estableciendo proporciones entre el motivo deseado y el volumen requerido, además de agenciarse un bloque de flores (cosechadas o compradas). Otros familiares -generalmente los hombres- confeccionan el arreglo final, y alguien se preocupa de servir unos aguardientes para el frío y preparar la comida para la familia, mientras que, por su parte, los vecinos y otros curiosos van llegando de Medellín para presenciar este ritual.

Pero, finalmente, será siempre el mismo miembro de la familia quien cargará la silleta durante el desfile, pues este honor es un derecho heredado y sólo se delega por motivo de fuerza mayor.

Sello de Identidad
En consecuencia, de un contrato para elaborar una silleta se derivan múltiples oficios, algunos de los cuales son especializados y se retribuyen en dinero. Por el carácter de destreza manual y su contenido estético en el producto final, la silleta debe considerarse como una artesanía ornamental y ceremonial, con sello de identidad cultural. A tal punto se especializan las familias en determinados arreglos, que gusta más que en ciertas veredas (***) cada trabajo lleve consigo una fuerte individualidad, una semblanza de su parentela.

Quien observe con detalle, puede comprobar una gran riqueza en cuanto a las variedades de flores que se emplean en una silleta. En las más grandes, que pueden alcanzar los setenta y hasta ochenta kilos de peso, se cuentan cerca de mil cuatrocientas flores, entre unas quince a veinte variedades, cuya combinación en tamaño, color y forma dan como resultado una obra admirable. Si consideramos el volumen y peso que adquieren las silletas monumentales, debe admitirse que los silleteros poseen una muy especial habilidad para cargar su valioso cargamento.

Los nombres de las flores que se emplean con más frecuencia evocan toda una tradición campesina que hace las delicias de los botánicos y floricultores, pues con ellos se designa un rico patrimonio natural de nuestro medio. Azucenas, lirios, clavelinas, alvarinas, anturios, éxtasis, agapantos, gasas, tules y gladiolos, son testimonio de esa sinfonía de pétalos que es el desfile.

Nos vemos el 2007
El participar en cada desfile, además de representar un ingreso económico adicional, es para los silleteros un gran orgullo. Por ello, toda la familia hace parte de la construcción de la silleta, que puede tardar varios días. Hoy el silletero representa toda una categoría dentro de la comunidad de Medellín, porque además de ser símbolo de una ciudad pujante, porta con orgullo sobre sus espaldas la tradición de un pueblo.

Ese mismo pueblo, que los admiró por primera vez hace cuarenta y nueve años, cuando cargados de flores y empezando a despuntar el día, bajaban desde el corregimiento de Santa Elena (al oriente de Medellín), hasta la tradicional Placita de Flores (en pleno sector céntrico), para allí poder comerciar su producto. Gracias a su ingenio, convirtieron la silleta en el instrumento ideal que les permitiría llevar con mayor facilidad una gran cantidad de flores. Poco a poco el uso de la silleta se propagó, hasta convertirse en tradición. Desde entonces, los vendedores de flores comenzaron a ser llamados "silleteros".

En 1957, aceptando la invitación que les hiciera Don Arturo Uribe Arango, en ese entonces encargado de la Oficina de Fomento y Turismo de Medellín, cuarenta silleteros llegaron hasta el Parque de Bolívar. Fue tal su acogida, que un grupo de ciudadanos ilustres propuso que los campesinos organizaran sus silletas y desfilaran por otras vías céntricas, para que más personas tuvieran la oportunidad de ver tan digno espectáculo. Así, en forma casi inesperada, se llevó a cabo el primer "Desfile de Silleteros".

Hoy, casi medio siglo después, el Desfile de Silleteros es una de las muestras culturales más importantes de Colombia. Ha sido visto en las celebraciones de las colonias colombianas residentes en las principales capitales del mundo como New York, Los Angeles, Miami, Londres, Madrid y Barcelona. 

Y, no se olvide, por favor: "Cuando pasa un Silletero, es Antioquia la que pasa". Gracias, los esperamos el 2007.

(*) Periodista oriundo de Medellín.
(**) Fotógrafa filipina.
(***) Jurisdicción política rural.


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