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El Retorno del Paiche
Una de las principales arterias de esa red de ríos, lagunas y bosques que es Pacaya Samiria, es la cuenca del Yanayacu. RUMBOS recorrió cinco días (*) este territorio único por su diversidad de especies de flora y fauna. Nuestro destino era la cocha El Dorado, hogar y refugio del "rey de los peces de agua dulce": el Paiche (Arapaima gigas). Durante el camino pudimos observar cómo las comunidades del río Yanayacu viven en armonía con la naturaleza y a la vez intentan salir adelante a través de un turismo responsable.
Texto: Anja Köder
Fotos: Carlos Sala Otero
Saltamos al agua, y de repente sentimos que algo rozaba nuestra piel. Primero pensamos que lo que tocaba nuestros brazos y piernas era algun tipo de alga que habitaba la laguna, pero no pasó mucho tiempo para darnos cuenta de que estábamos rodeados de pequeños peces que nos mordían por todas partes. En nuestros rostros se reflejaba el asombro e inquietud por el momento que estábamos viviendo. Sin embargo, las dentelladas submarinas resultaron inofensivas: casi un masaje muy especial. Grande fue nuestra sorpresa cuando observamos que los pescadores que nos acompañaban extraían del agua unos peces de tonos naranjas y dientecillos afilados. "Son pirañas", nos dijeron despreocupados. Nos apuramos en subir nuevamente al bote que nos había conducido a la cocha El Dorado, en el corazón de Pacaya Samiria.
Rumbo a la Reserva
Después de abandonar el costurón de nubes que cubre Lima, cruzamos los Andes, y en poco más de una hora aterrizamos en Iquitos. Sentimos el mazazo de calor apenas descendimos las escalerillas del avión. Pronto estuvimos en Nauta, ubicada sobre el Marañón, pero casi en el vértice que forma con el Ucayali para crear el Amazonas, el río más colosal del planeta.
Dimos una vuelta por Nauta con María Elena Lau, coordinadora de Turismo de ProNaturaleza. Visitamos la laguna Sapi Sapi. Allí observamos algunas especies de animales típicos de la zona, como la tortuga taricaya (Podocnemis unifilis) y la arahuana (Osteoglossum bicirrhosum), un pez ornamental, cuyo macho incuba a sus crías dentro de su boca. Fue también ahí que tuvimos nuestro primer encuentro con el paiche, cuando, por un instante, pudimos ver a uno de ellos emergiendo del agua para comer uno de los trozos de pan que lanzamos.
El sol era ya una antorcha en el cielo. Con gran expectativa subimos a una embarcación y partimos acompañados de Ómer Guerra, nuestro guía de la comunidad Veinte de Enero. Primero navegaríamos por el Marañón, y luego por su afluente, el Yanayacu.
De Habitantes del Río y Personajes de Fábula
Grandes troncos parecían saludarnos desde el agua (al caer la noche asemejan personajes de fábula). Estos troncos aparecen debido a las lluvias, durante las cuales los ríos suben de nivel e inundan extensas áreas de selva. Por esta razón, estos bosques tropicales reciben el nombre de bosques inundables.
Ómer nos explicaba, con ejemplos a la vista, sobre los delfines (o bufeos), tanto el colorado como el gris. Según la leyenda, estos animales pueden convertirse en seres humanos, y además poseen poderes divinos. Mientras nos hablaba, tallaba al mismo tiempo y muy hábilmente una boa, a partir de la semilla de una palmera. Las comunidades de Pacaya Samiria se han especializado en esa forma de artesanía para acceder a los mercados de Nauta e Iquitos.
Cerca de las tres de la tarde llegamos al puesto de control del INRENA, donde nos registramos. Sólo las personas que tienen un permiso, el cual se expide en Iquitos, pueden ingresar. Aunque éste sirve en gran medida, al parecer no ha frenado la codicia de los madereros.
La Voz de la Naturaleza
Minutos después, arribaríamos al punto de ingreso de Pacaya Samiria: la comunidad Veinte de Enero (nombrada así por su día de fundación en el año 1967). Los habitantes de ese pueblo fueron los primeros que, en vez de explotar desmesuradamente las palmeras de aguaje (Mauritia flexuosa), emplearon una forma mesurada de explotación y se la enseñaron a las otras comunidades.
Nos recibieron amablemente, y a continuación tuvimos la oportunidad de observar el método que usan para trepar las palmeras. Equipado de cuerdas y dos triangulos de madera, Ómer empezó a escalar un aguaje. Primero fijó los triangulos con las cuerdas a diferentes alturas del tronco y, ayudándose con los brazos y pies, subió hasta llegar a
la cima del árbol, para luego cortar los frutos con un machete.
Tras la impresionante demostración, saboreamos un almuerzo delicioso, preparado por las mujeres de la comunidad. Luego, hacia las ocho de la noche realizamos una salida nocturna con el bote. Las linternas resultaron muy útiles, pues con ellas pudimos distinguir los cuerpos de los bufeos emergiendo del río, en cuya superficie oscura se reflejaba el cielo estrellado. Al mismo tiempo escuchábamos con atención una diversidad de ruidos y sonidos que juntos formaban una voz: la voz de la naturaleza.
Destino Dorado
Temprano por la mañana, seguimos nuestro viaje río arriba, hacia Yarina, en companía de mariposas elenas y camungos
(Anhima cornuta). Al mediodía arribamos a la comunidad del Yarina, y también fuimos recibidos cordialmente por la población. Exploramos el pueblo, el cual vive de la pesca y los ingresos adicionales de la venta de bisutería y adornos. Durante la visita, un pequeño majaz
(Agouti paca), de apenas tres meses, que jugaba familiarmente con un grupo de niños, fue corriendo al encuentro de nosotros. Este simpático mamífero es de hábitos nocturnos, por ello achinaba los ojos continuamente.
Continuando con el recorrido, arribamos al anochecer al refugio Tambo German, donde montamos rápidamente las carpas y salimos otra vez al encuentro de los habitantes del río. Alumbrados por la luz de las linternas, divisamos pronto los ojos rojos de los caimanes. Toni, nuestro nuevo guía de la comunidad de Yarina, incluso logró capturar un joven caimán para mostrarnos la belleza de esta especie.
Al anochecer del día siguiente, luego de una larga jornada, alcanzamos el destino de nuestro viaje: la cocha El Dorado, que es parte del territorio de la comunidad de Yacu Tayta. En el camino escuchamos el grito de los monos coto y tuvimos la oportunidad de observar una taricaya desovando en un banco de arena.
Fiesta de Liberación
Como nos explicaron María Elena y Toni, las comunidades recolectan los huevos de taricayas y luego los colocan en playas artificiales. Al excavar y enterrar los huevos es especialmente importante mantenerlos en la exacta posición en que fueron encontrados. De no hacerlo, el embrión podría verse afectado. Es necesario mencionar que esta práctica fue inicialmente aplicada en los ochenta por el naturalista peruano-finlandés Pekka Soini (recientemente fallecido), cuando los expertos calculaban que en todo Pacaya Samiria apenas sobrevivían 500 hembras reproductoras.
Los huevos y la carne de las tortugas son muy cotizados. En la medida que creció la población humana, decrecieron alarmantemente las tortugas. Por esta razón, la administración de la reserva estableció una cuota de conservación anual. En la actualidad se pueden ver los resultados positivos del programa; incluso el excedente de los huevos es utilizado para el consumo local. Los pobladores de las comunidades celebran el nacimiento de las tortugas con una "Fiesta de Liberación".
Mirada de Paiche
Durante ese largo día, atravesamos los puestos de vigilancia Canta Gallo y Huarma Isla. Nos acompañaba ya Enrique Silvano, uno de los Yacu Tayta, o guardianes de este pequeño paraíso. Todos los Yacu Tayta ("Padre del Agua") pertenecen a la comunidad de Manco Cápac y cuidan la laguna casi con devoción. Después de un rico almuerzo y una pequeña pausa, recorrimos la cocha El Dorado por primera vez. Toni y Enrique nos relatarían la leyenda de dos islas que se mueven constantemente. Se dice que dos anacondas, que representan a la madre agua y a su esposo, tiraban de las islas.
Una puesta de sol, que tornaría el color azul del cielo en un rojo intenso, nos daría a entender que era tiempo de prepararnos para la noche. A la mañana siguiente nos levantaríamos muy temprano, para finalmente cumplir con el motivo principal de nuestra visita: conocer al paiche. Como la taricaya, esta especie también se encuentra bajo protección especial. Para asegurar su supervivencia, los pobladores de Manco Cápac han desarrollado métodos especiales de pesca. Entre otras cosas, emplean redes de punto ancho para atrapar a los ejemplares de más de 1, 80 metros de largo, aquellos que ya han logrado reproducirse.
Llegamos justo en el momento en que los pescadores ya habían dejado caer la red en forma de círculo y esperaban que el pez se hiciera notar. Después de 20 minutos, por fin se dio la señal esperada: "el boqueo", que es cuando el paiche emerge a la superficie para tomar aire. Enseguida se empezó a recoger la red, para acercar al inmenso animal al bote y luego poder introducirlo al mismo. Es el momento más dificil, pues éste, haciendo uso de toda su fuerza, intenta escapar de la red. Sin embargo, pudo más la habilidad de los pescadores y finalmente pudimos contemplar al animal de más de un metro y medio de altura moviéndose en la canoa.
Sin tiempo que perder, tomamos varias fotos antes de enviarlo nuevamente al agua. Pareció dedicarnos una mirada complacida al volver a su elemento. Luego, desapareció. Una parte de nosotros se fue con él.
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