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ARTÍCULO EXPEDICIÓN

Perlas y Rosarios del Camino

RUMBOS y el Grupo Tititrek unieron (abriendo ruta) el valle de Mala con el de Yauyos, enlazando los pueblecillos de Ayavirí y Miraflores, tras cuatro días bajo las montañas y el cielo de la siempre sorprendente sierra limeña.

Textos y Fotos: Víctor Villanueva (*)

Cuando pienso en Rosario Sedano, bah... en Charito, juro que no lo creo. Sobre todo ahora, mientras la luz desliza su alma de terciopelo en nuestra primera noche fuera de Lima la Horrible. Pero qué le vamos a hacer, Charito, es nuestra ciudad... así como tu vida fueron las caminatas, con un espíritu aventurero a prueba de balas. Nos acompañaste en muchas de las rutas que describiremos en la segunda parte de este artículo, pero nosotros hubiéramos dado cualquier cosa para que nos acompañes en esta excursión. Creo que no es necesario mencionar que estas líneas van en tu memoria.

Rumbo al Sur
El grupo compuesto por 5 personas, salió muy temprano de Lima en una cómoda Van, rumbo a la Panamericana Sur, haciendo escala en Asia para tomar desayuno. Luego, a la altura del kilómetro 102 de dicha vía, cambiaron de dirección y se dirigieron resueltamente al Este. Pasaron por lugares áridos como Coayllo, Uquira, y llegaron a Omas, donde almorzaron. La vegetación fue apareciendo en San Pedro de Pilas. En este lugar la movilidad sufrió desperfectos y "ya no daba para más". Felizmente, esa noche pasaría un bus con destino a Ayavirí, nombre de evidentes reminiscencias puneñas.

Ayavirí es uno de los 33 distritos de la provincia de Yauyos; sin embargo, su valle no se sitúa en la cuenca del río Cañete, sino en el de Mala. Este pintoresco pueblo rodeado de cerros y campiñas, se eleva a 3,235 metros. Max Espinoza Galarza, en su libro "Topónimos Quechuas del Perú", indica que el nombre proviene de "aya" (cadáver), y "huiri" (faja de envolver cadáveres). Es decir: "Embalsamadores". En la batalla de Ayavirí de 1537 fue muerto uno de los capitanes de Manco Inca, Allin Songo Inca, quien participó del cercado y ataque a la Lima de aquella época.

Luego de pasar el abra Tres Cruces (a 3,745 metros de altura), divisaron a lo lejos -en la oscuridad- la blancura de un nevado, en cuyas últimas estribaciones reposaba Ayavirí. Llegaron finalmente a su destino a las once de la noche. Les recomendaron un hospedaje… el único en el pueblo.

Constelación Andina
Al día siguiente, luego de un opíparo desayuno en el mercado, emprendieron la marcha con sus mochilas de expedición a cuestas, sin pasar desapercibidos en el pueblo: adultos y niños los miraban con ojos de extrañeza, no era común ver a un grupo que se enfrentaba a las montañas por placer. Simplemente no lo podían creer.

Los primeros kilómetros son de un ascenso continuo, hasta una pequeña planicie, "Cullpamarca" (3,500 m.), desde donde se tiene una excelente panorámica de casi 360 grados y se puede divisar gran parte de la ruta a seguir ese día. En los alrededores de Ayavirí existen restos arqueológicos como Chungamarca, Ullaraca, Antayalla y Cullpamarca. En este último, se detuvieron a descansar y contemplar el paisaje circundante. El día era propicio para caminar: cielo despejado y con moderada radiación solar.

A menos de medio kilómetro de reiniciada la caminata, observaron la parte alta del nevado Llongote, y también se encontraron con una bifurcación. Siguieron el rumbo izquierdo, que iba por la parte alta de la margen izquierda del río Ayavirí (que es un afluente del Mala). Con ligeros altibajos cruzan quebradas, algunas de ellas regadas con agua que logra calmar su sed de andariegos. Luego de varias horas, llegan al lugar llamado Puculluy, a 3,700 metros. Dada la hora avanzada, deciden acampar junto a una cabaña, y debajo de un abrigo rocoso. La noche despejada, e iluminada parcialmente por la luna, seduce a los caminantes. Uno de ellos, aficionado a la astronomía, obsequia una charla magistral sobre constelaciones y estrellas, que los demás escuchan embobados hasta caer dormidos.

Cerca al Cielo
Al tercer día, les sorprende la presencia de Carlos, un niño de la zona de Cachi, que sería el invitado de honor de esa mañana para compartir el desayuno: quaker, jugo, pan de centeno y huevos revueltos con chorizo.

A pocos metros de iniciada la caminata, dejan el camino principal, que conduce a Yauyos, para seguir el curso de un canal de regadío. A medida que avanzan, el ichu empieza a dominar el paisaje. Pasan cerca de estancias de pastores, a 3,800 metros, quienes les advierten sobre la presencia de pumas. Fue entonces que tienen la primera vista del nevado Ticlla. La trocha se va angostando y deben sortear algunas rocas salientes en el camino. Más adelante, llegan a una pequeña represa, donde es desviada el agua del río, para ser canalizada y utilizada en los campos de cultivo. 

A 3,900 metros, les impresiona la cascada Pilkachaca, "encajonada" en una fractura del cerro. La tarde avanza y tienen que apurar el paso antes que los asalte la noche. Deben alcanzar la laguna Huascacocha, flanqueada por los imponentes nevados Ticlla (5,897 m.), Llongote (5,780 m.) y Huaynacutuni. La sombra de los cerros y el viento hacen que la temperatura baje considerablemente, pero la presencia de huashuas (o gansos andinos) alegran la caminata. A las seis y cuarto de la tarde, y casi a oscuras, alcanzan el pie de la laguna Huascacocha (4,300 m.), donde ubican un lugar plano y cerca de un riachuelo, para acampar. Al igual que la noche anterior, y luego de una reparadora cena, nuestro "astrónomo" vuelve a dar cátedra sobre las estrellas. El Ticlla estaba cada vez más cerca, y el cielo también.

El Espíritu de Charito
Éste sería el último día de caminata, pero también el más largo y esforzado. Muy temprano preparan el desayuno, y antes de las 9 estaban con las mochilas a cuestas. Bordean la laguna por su lado oriental y al poco tiempo se cruzan con un señor procedente del pueblo de Carania, Pablo Ramos, quien les da algunas indicaciones y datos. La vista del Ticlla es impecablemente bella. Sin embargo, la contemplación no dura mucho, pues tienen que cruzar el abra. Por fin, a inicios de la tarde, el primer caminante arriba al abra Portachuelo (4,750 m.), y mientras espera al resto del grupo tiene una visita inesperada sobre su cabeza: 7 cóndores le sobrevuelan a apenas diez metros de distancia. No lo puede creer... Ni en el Colca se había topado con semejante espectáculo. 

Fueron alrededor de quince minutos de "convivencia" con estas aves, cuyo recuerdo le durará para toda la vida. Surge inevitablemente la evocación del libre espíritu de Charito Sedano (como si fuera ayer la vez que cruzaron el abra Portachuelo en el cercano Pariakaka). Y aunque todo el grupo toma un reparador descanso, un kilómetro después de traspasar este paso cordillerano, la única mujer del grupo tiene inflamadas las rodillas, y su andar se hace lento. Totalmente entendible, tras cubrir casi sin tregua los 42 mágicos kilómetros de esta ruta.

Deciden entonces ir lo más rápidamente posible a Miraflores, a conseguir un caballo. Tienen suerte (o el espíritu de Charito los ayuda), pues casi inmediatamente se encuentran con un pastor, Óscar, en un lugar llamado Bañadero. Allí vive con su pequeño niño Roger, cuidando el ganado de una señora de Miraflores. Luego de las explicaciones del caso, y tras solicitarle ayuda, el pastor les alquila un par de caballos. Mejor dicho, un caballo, "Picaflor", y una yegua, "Vicuña". Reinician la caminata y en su descenso observan unas graciosas vizcachas escondiéndose entre las rocas. La noche pronto los cubre, haciendo el camino más largo. Finalmente, entre alucinantes sombras de vegetación -propias de la serranía- y un aroma a hierbas del campo, ingresan al pueblo de Miraflores a las nueve y cuarto de la noche, siendo "recibidos" por ladridos de perros invisibles.

(
*) Informes en perutiti@yahoo.com / excursionismo@tititrek.com / Telf. 2230806 - 98838936 / www.tititrek.com


Rutas Alternas 

Otras caminatas recomendadas en la provincia de Yauyos.

RUTA UNO
Huancaya - Vilca (2 a 3 días)


Es una de las zonas más bellas de toda la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas. La distancia total (ida y vuelta) es de 38 kilómetros aproximadamente, y se llega a una altura de poco más de 4 mil metros. Prácticamente toda la caminata se hace siguiendo la carretera afirmada que une ambos pueblos. Puede acamparse en un punto intermedio entre las lagunas Huarimarca y Huascacocha. La visita a la parte alta de Vilca es obligatoria: bellas cascadas debajo del cerro Cantagallo y la siempre espectacular laguna Papacocha.

RUTA DOS
Carania - Yauyos (2 días)


El ascenso hacia Carania es todo un espectáculo. Una serpenteante curva, siempre en subida, de aproximadamente 21 kilómetros, nos desvía del río Cañete (a la altura de Llapay) y nos conduce a Carania, en medio de idílicos paisajes. De Carania a Yauyos hay 24 kilómetros de trocha peatonal. Se pasa por la parte alta de las andenerías semicirculares de Carhua y los restos arqueológicos de Huamanmarca, donde se encontraron momias que en la actualidad son exhibidas en Carania. Se acampa en la quebrada Maizal. Al segundo día se transita por la parte alta del anexo de Achín y una bella catarata. Es un trek recomendado para los que gustan de emociones fuertes, pues parte del camino es al pie de abismos.

RUTA TRES
Puente Cochas -- Escalerayoc - Pariakaka - Tanta (3 a 4 días)


Espectacular ruta de alta montaña, sólo recomendada para gente con experiencia y que cuente con el equipo necesario. Abstenerse novatos. El trek se inicia 9.5 kilómetros después de la ex hacienda Cochas, rumbo a la laguna Huaylacancha. Cerca al puente (4,250 m.), se empalma al camino inca que viene de Jauja, y luego de 5 kilómetros de caminata en ascenso, se acampa cerca de la laguna Acococha (4,600 m.). Al siguiente día se sigue el camino inca, que por este sector no se visualiza bien, cruzando la trocha carrozable que va a Tanta. Se bordea el cerro Portachuelo y se llega al abra del mismo nombre, a una altura de casi 4,800 metros. Casi toda la ruta, hasta la laguna Mullococha, es en descenso, pasando por "Escalerayoc", obra monumental de los incas. Pero además, se aprecian las pinturas rupestres de "Cuchimachay". Los paisajes en gran parte de esta ruta son de ensueño: El Pariakaka, Apu tutelar de la zona, muestra todo su esplendor, y lagunas por doquier dejan sin aliento al caminante.

Para la segunda noche se acampa en Atarhuay (4,500 m.), en la parte alta de la laguna Mullococha, a menos de 2 kilómetros de la falda sur del nevado Pariakaka. En el tercer día se bordea el lado este de Mullococha; luego se pasa por Ocsha (desviándonos del camino inca) y bordeando la laguna Paucarcocha, para llegar finalmente a Tanta (4,278 m.) por su lado norte. Se puede complementar al día siguiente con una corta caminata hacia el sur, para conocer la catarata Paccha.


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