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La Zona Reservada Sierra del Divisor, creada el 11 de abril del 2006, tiene una selva única en el planeta, con más especies de monos (16) que cualquier otro sitio de América, entre otras perlas de su exuberante biodiversidad. Sin embargo, como indica el reportaje, su futuro está seriamente amenazado por la mafia de la madera, los traficantes de cocaína y la minería artesanal. Sólo con una manifiesta voluntad política (expresada en el lugar de los hechos), el manejo sostenible de los bosques, y el ecoturismo, se puede revertir esta grave situación.
Texto: Alvaro Rocha Revilla
Fotos: Alejandro Tello
¿Vale la pena crear áreas protegidas? La pregunta parece retórica ante los abrumadores motivos para impulsar la creación de ellas. Pero no lo es, en especial si luego de librar una larga batalla legal y administrativa para que ingrese al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAMPE), la zona no tiene la mínima protección para que sea sostenible en el tiempo.
Ése es, lamentablemente, el caso de Sierra del Divisor. Raúl Vásquez Meza, 36 años, ingeniero forestal, director de campo de Pronaturaleza en esta Zona Reservada, señala que "sin voluntad política no se puede cambiar nada", deslizando un mensaje a las nuevas autoridades. Y añade sin dudar que "los madereros ilegales son el principal problema para la supervivencia de esta área protegida, aunque ya prácticamente han sacado la mayoría de madera valiosa del Perú, y utilizan Sierra del Divisor como un corredor para ingresar a Brasil, especialmente a la Quebrada Ramón, para tumbarse la caoba que ya no se ve en nuestro país".
Malas Maderas
Prueba indubitable de sus palabras es el centenar de peruanos que han caído presos en Cruzeiro do Sul (la ciudad brasileña más próxima a Pucallpa), a lo largo de los últimos años. Una vez encarcelados, se les sigue un proceso. Luego los liberan. Si reinciden, su permanencia es más prolongada. A mediados de agosto del 2006 la policía militar brasileña capturó a 11 peruanos (8 hombres, 2 mujeres y una niña de tres años). Los presos se quejan fundamentalmente de la desidia de las autoridades peruanas para ver su caso. Dicen que Cancillería no hace nada por ellos. Incluso hay un preso que aún tiene esquirlas de bala en la pierna, producto de la escaramuza con las fuerzas del orden brasileñas.
En cambio, en el Perú nadie va preso por traficar con madera. Por eso, según el ingeniero Raúl Vásquez, hay brasileños dentro de Ucayali que se dedican a sacar madera ilegalmente por Pucallpa. También siembran coca. Vásquez indica que es impostergable un control efectivo, con puestos de vigilancia en la entrada de los principales ríos por los que se tiene acceso a Sierra del Divisor, como el Callería y el Utiquinía, y otro en el puerto Bahía, en Pucallpa.
En agosto del 2005, cuando una veintena de científicos ingresó a Sierra del Divisor, no se encontró presencia humana en muchos días, hasta que se toparon con los madereros furtivos que, según el ictiólogo Max Hidalgo, sacaban su carga ilegal sin problemas por el río Tapiche, para llevarla a Requena y luego a Iquitos. De la capital de Loreto se exporta a Estados Unidos y México.
Otras Amenazas
Asimismo, las concesiones mineras a lo largo del río Shesha, donde trabajan a tajo abierto, están devastando ambas orillas de este importante curso de agua. Incluso tienen líos y roces con los madereros, lo cual resume quiénes son los que realmente mandan dentro de este territorio, donde el Estado ha declinado su poder. Incluso el mismo Cono, una montaña emblemática al sur de la Zona Reservada, se encuentra también concesionada para la minería. Se espera -no con mucha esperanza, es cierto- que el Ministerio de Energía y Minas no renueve estas concesiones ubicadas al interior de esta nueva área protegida.
La sobrepesca es otra de las malas prácticas que deterioran la salud ambiental. Además, la utilización del Tiodan, un agroquímico tóxico, está acabando con el pescado. La comunidad shipibo conibo de Callería es una excepción. Allí existen vedas y normas que han permitido que los recursos hidrobiológicos se renueven. Pero lo ideal es proteger a la cuenca en su conjunto, organizando y concientizando a la población.
Isla Amazónica
Sierra del Divisor es una cadena montañosa que emerge de la nada, a cientos de kilómetros al Este de los Andes peruanos, en plena selva baja, por lo que ha sido calificada por Corine Vriesendorp, del Field Museum, como "una isla dentro del mar amazónico".
Los estudios (aunque aún se esperan los definitivos del Field Museum) revelan que hay 12 nuevos registros para la ciencia, además de la mayor cantidad de primates registrados en todo el Geotrópico, entre ellos el mono guapo colorado (Cacajao calvus), que se encuentra en situación vulnerable. Los expertos calculan en alrededor de 600 el número de pájaros, siendo la estrella el Thamnophilus divisorius, que sólo vive en este lugar del planeta.
"Sierra del Divisor es un refugio de vida sumamente antiguo, que en parte data del tiempo de los dinosaurios. Sus suelos son muy pobres y arenosos, condiciones extremas que han impulsado la "especiación". Sierra del Divisor es como un laboratorio natural para la evolución", añade Vriesendorp.
Mirando al Futuro
Roberto Guimaraes, vicepresidente de AIDESEP, opina que "es estratégico garantizar el uso sostenible de los recursos en esta área que enfrenta muchas actividades ilícitas. Al crearse la zona reservada, se permite institucionalizar su protección". Y es cierto, pero se debe cambiar radicalmente el accionar del INRENA, que además sólo tiene presencia de técnicos forestales (no de Áreas Protegidas) en la región, y que además de ser rotados constantemente, son contratados por servicios no personales, es decir, no son funcionarios.
Incluso, los pobladores muchas veces tienen conciencia ambiental, pero cuando hacen la denuncia al INRENA, "les piden un pago por derecho de inspección de 220 soles diarios, algo que corta todo intento de fiscalización, pues los comuneros carecen de medios económicos", dice Raúl Vásquez, que tiene la experiencia de haber trabajado en el INRENA.
En cambio, cuando el IBAMA (Instituto Brasileño de Medio Ambiente y de los Recursos Naturales) recibe una denuncia, tienen un helicóptero en la puerta a su disposición, y se movilizan inmediatamente. El 2001 hubo acercamientos entre el IBAMA y el INRENA. IBAMA ofrecía equipar puestos de vigilancia en la frontera, pero las autoridades peruanas dejaron inexplicablemente escapar el ofrecimiento.
Es loable el trabajo de Nature Conservancy y Pronaturaleza en el área, pero lamentablemente no basta. Es necesario un apoyo político más decidido. "Con el cambio de gobierno se espera que mejore la situación", dice Vásquez, mientras mira el cielo como buscando una solución.
Los Nativos Invisibles
Al parecer los Isconahuas -indígenas en aislamiento voluntario al sur de Sierra del Divisor- acosados por el "progreso", decidieron trasladarse al Brasil.
En tiempos de globalización, con redes informáticas que permiten una comunicación instantánea con cualquier lugar del mundo, el mar auscultado hasta en sus últimas profundidades, el cielo poblado de satélites, y con serios planes de establecer colonias humanas en Marte, hay pequeños grupos humanos en la Amazonía que no quieren saber nada con la civilización, y rechazan el contacto con lo occidental porque sólo les ha traído desventuras y despojo. Lo que para nosotros es un boom (el caucho antes, el gas y la madera ahora), para los primigenios habitantes de la Amazonía es una catástrofe segura. Uno de los grupos afectados por esta "cruzada civilizadora" son los Isconahuas.
Los primeros datos sobre los Isconahuas se remontan al año 1792, durante la expedición que realizara el padre franciscano Dueñas. Luego de la independencia del Perú en 1821, los franciscanos de origen español fueron expulsados, por lo cual, las siguientes noticias (bastante generales) de los Isconahuas las proporcionaron los tenientes de la marina británica W. Smith y M. F. Lowe, quienes viajaron por el río Ucayali entre los años de 1834 y 1835.
En 1862, el misionero Ignacio M. Sans ubicó a un grupo de Isconahuas en la cabecera del río Callería, y a pesar de que "se hacía muy difícil la reducción de todos aquellos infieles", lograron convencer a algunos para que abandonen su vida nómada y creen un pueblo. Fue un error, pues los Conibos los atacaron, robaron sus mujeres y esclavizaron a los niños.
En 1959, luego de observar chacras (wai juni) de los Isconahuas desde el aire, H. Clifton Russell y James Davidson, misioneros de la South American Indian Mission, emprendieron un viaje en canoa con motor desde Pucallpa, y luego de una semana de viaje llegaron al puesto militar de Utiquinía, cerca de la frontera con Brasil. Luego a pie cortaron camino al sur, atravesando la selva por tres días antes de ubicar a un grupo de 25 Isconahuas. Lograron hacerse amigos de la tribu con cierta dificultad, y vivieron con ellos un año.
Las mujeres estaban completamente desnudas, adornadas sólo con collares de paniba marrón o bayas de nishita rojas, o de conchas cortadas en forma de pequeños discos. Algunas de las mujeres usaban discos de conchas de nácar que colgaban de un agujero de su tabique nasal. Lo único que usaban los hombres era un chajo jau, un pequeño hueso de la pata de venado, por cuya abertura sacaban el prepucio. Sin el chajo jau, que estaba atado a sus cinturas con una soga, se sentían desnudos y avergonzados.
La Violencia de la Civilización
Noticias más recientes sobre el Grupo Isconahua pertenecen al año 1995, cuando un estudio de AIDESEP señala la existencia 80 indígenas en situación de aislamiento voluntario en las cabeceras de los ríos Abujao y Utiquinia, y en las quebradas de Piyuya y Bushnaya, pertenecientes al río Callería. Como consecuencia, en 1998 se crea la Reserva Territorial Isconahua, con 275,665 hectáreas.
Sin embargo, la norma fue letra muerta. Narcotraficantes, madereros ilegales, y mineros, terminaron por espantar a los Isconahuas. El antropólogo Manuel Cuentas, que levantó información de campo entre julio del 2004 y diciembre del 2005, sólo encontró restos de cerámica. Su sensación es que los Isconahuas se han replegado al Brasil, ante la violencia de la civilización.
Belleza Natural
Contamana despliega singular oferta turística
Contamana, la perla del Ucayali, tiene el encanto de los poblados que no tienen acceso por carretera. La modernidad no ha tocado sus puertas con el chillón estruendo arquitectónico que ha desalmado a muchos pueblos del Perú. En Contamana, que a inicios del siglo XX fue el centro cultural de la selva, mantienen viejas casonas de madera, plazas ordenadas y limpias, y una serie de miradores, como Jerusalén, Encanto a Primera Vista, y Calvario, que le dan una cierta identidad a la ciudad y hablan muy bien de los excelentes panoramas existentes, donde no falta el inefable río Ucayali. Por si fuera poco, la gente es muy amable y festiva, y las mujeres son especialmente bellas.
A Contamana, ubicada estratégicamente entre el Parque Nacional Cordillera Azul y Sierra del Divisor, se puede llegar desde Pucallpa en avioneta, en un simpático viaje de media hora; o en deslizador por el río Ucayali, en una travesía fluvial de seis horas. A una hora de Contamana, por una trocha carrozable, y ya dentro de la Zona Reservada, se encuentra Aguas Calientes, un lugar único en el Perú. Allí, en medio de una selva prístina, uno puede darse
un baño termal en un riachuelo con temperaturas entre
los 30 y 40 grados centígrados. Si el baño es a las doce de la noche, bajo la luna llena y un coro de animales salvajes, mucho mejor.
Otro plus de la región es que en ningún otro sitio del Perú se puede observar tan de cerca a los guacamayos como en Contamana. Además, éstos pertenecen a una especie (Ara chloroptera) poco común. Sin embargo, el ecoturismo -un reto aún por enfrentar- resultará decisivo para poder combatir a otras actividades que van en desmedro del bosque.
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