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Descarnado análisis sobre la actual situación del Manu y la controvertida participación del INRENA.
Texto y Fotos: Boris Gómez Luna
Hace 23 años viaje al Manu por primera vez encima de un rechinante y vetusto camión maderero. En ese tiempo no existía ningún servicio comercial de transporte terrestre o fluvial. Para pedir el aterrizaje de la única avioneta de la región, debíamos quemar y limpiar la pista de aterrizaje en Boca Manu con una semana de anticipación.
Bienvenida a flechazos
Mucho ha cambiado desde esos días en que apenas un puñado de los más osados exploradores se aventuraban a viajar casi una semana desde el Cusco hasta los bosques aluviales del Parque Nacional del Manu. Por lo general, llegaban a la Estación Biológica de Cocha Cashu sin comida ni suficiente combustible para volver.
Hace algunos años, una partida de caza de nativos no contactados estrelló varias flechas en uno de nuestros botes. Los antropólogos que inspeccionaron el pedazo de la enorme flecha, que aún conservo, la identificaron como perteneciente a los Mashco Piro, misterioso grupo de nativos no contactados y que aún permanecen en aislamiento voluntario.
Años después, mi percepción del mundo terminaría de cambiar al encontrarme cara a cara con nativos Nahua, que huían enfermos de gripe transmitida por los exploradores petroleros de Camisea. Los mismos nativos que recibieron a flechazos al helicóptero del Presidente Belaúnde y no lo dejaron aterrizar.
Reconocimientos y olvidos
Después de 23 años de trabajar en Manu y viajar por el mundo entero difundiendo sus atractivos, puedo decir, sin temor a equivocarme, que el turismo y su relativo aislamiento natural han salvado al Parque Nacional del Manu de la degradación y destrucción que aquejan a otros "parques de papel" en el Perú.
Hoy existe, gracias al esfuerzo de muchos empresarios locales, una frontera "viva". De hecho, el Manu fue reconocido por el Tratado de Cooperación Amazónica como el mejor ejemplo de gestión del turismo de naturaleza en los trópicos, y hace un año, el Gobierno de Brasil trajo a sus mejores empresarios a observar cómo el turismo en Manu hace uso tan sólo de la periferia de los 1.8 millones de hectáreas (ocupa apenas el 0.1 % del interior de este enorme territorio, para generar aproximadamente un cuarto de millón de dólares en
pagos a la administración del parque). Todo con menos de tres mil turistas anuales.
Este modelo de gestión incipiente -sin duda imperfecto, pero el mejor que tenemos- ha sido destacado por publicaciones de calidad mundial como el Time Magazine, el Washington Post, el New York Times, etc. Por ello, cualquier persona asumiría que el Estado peruano, complacido en contar con un producto turístico de primer nivel, apoya y trabaja de la mano de sus empresarios locales. En otro país tal vez, no en Perú.
INRENA al banquillo
Hace unos meses, durante un congreso de turismo, un empresario felicitaba al INRENA porque luego de 15 años de intentos le habían otorgado una concesión de ecoturismo. Lo dijo sentidamente, pero a mí me sonó a ironía. Antes, un despistado teórico universitario intentaba mostrar a una audiencia repleta de jóvenes estudiantes y empresarios cómo las áreas naturales del Perú son una oportunidad para hacer negocios en turismo.
Hace cuatro años que la mayoría de los empresarios del Manu se vieron obligados a llevar al INRENA a los tribunales, para defenderse de un intento de sacarlos del medio sin el menor reparo por el trabajo de toda una vida. Los resultados de seis meses de trabajo y más de 600 folios del documento de la Contraloría General de la Republica, dan cuenta de manera detallada e inequívoca cómo funcionarios inescrupulosos intentaron manejar el Manu y a su antojo. Sin embargo, el informe sólo confirma los resultados previos de la Oficina de Asesoría Jurídica del Ministerio de Agricultura, además de las opiniones del Colegio de Abogados del Cusco, del Colegio de Abogados de Lima y de casi todas las bancadas congresales que se interesaron en el tema.
A pesar de todo lo anterior, parece que éste será un año más en que el turismo en Manu seguirá estancado y sin inversión.
La Torta Forestal
Esta espeluznante experiencia, ha llevado a los empresarios de Manu a conocer los juzgados de tres departamentos y hacerle frente a un bufete de 20 abogados del INRENA. Durante este tiempo, los empresarios han visto también cómo algunas organizaciones de conservación contribuyen a la creación de nuevas áreas naturales protegidas y reciben significativas sumas de dinero por hacerlo y -como corolario del proceso- no sólo reciben más fondos para escribir el Plan Maestro, sino que finalmente se hacen de contratos de concesión por 20 años para administrar áreas del tamaño de Lambayeque. Los directorios de algunas de estas organizaciones convocan, con alguna variación, a los mismos personajes.
Otro tema es el de la seguridad: En la vía entre Cusco y Manu hay cinco comisarías. Ninguna tiene un solo oficial a cargo y, por ende, no pueden hacer patrullajes. Tampoco hay en qué hacerlos. En toda la región no hay un solo patrullero. Luego de un reciente atraco, la respuesta de la policía fue pedir dinero a los empresarios para cubrir sus gastos de logística y poder "investigar".
Mentes Brillantes
Durante la "gestión" de los funcionarios del INRENA, a quienes la Contraloría General de la República encontró responsables penal y administrativa, una red de tres albergues fueron construidos con fondos de la Unión Europea (a través del Proyecto Pro-Manu), es decir, con dinero de contribuyentes europeos y peruanos.
Hasta la fecha, y por lo que sabemos, ninguno de ellos ha recibido un solo turista, y uno de ellos, que antes estaba a unos 80 metros de la orilla del río Manu, hoy se encuentra casi a orillas del mismo. Ello se explica por el fenómeno ampliamente documentado por los científicos acerca de la "traslación" de un río meándrico del bosque tropical.
Lamentablemente, puesto que no era una materia conocida para los funcionarios del INRENA, ante la dificultad no tuvieron mejor solución que ¡modificar el curso del río Manu! Para ello, procedieron a cortar toda la vegetación del río frente a su curioso proyecto turístico. Como esto no funcionó, procedieron a crear una palizada artificial, la cual fue también arrastrada por el río Manu. Finalmente, en un esfuerzo digno de Ripley, llenaron de arena miles de bolsas de polietileno, creando una gigantesca barricada de plástico que todos los turistas observan y fotografían con mucha curiosidad al interior de uno de los parques tropicales más importantes del planeta.
Planes serios y equitativos
En Manu, los empresarios de turismo local han pagado 9 mil dólares por una concesión anual de media hectárea, además de un cobro de $ 50 por turista. Mientras tanto, en Tambopata se han otorgado concesiones para ecoturismo que significan el pago de medio dólar por hectárea anualmente. No es muy equitativo que digamos.
Todas estas incongruencias palidecen a la luz de contratos de concesiones que otorgan -en expeditos trámites- cientos de miles de hectáreas a favor de organizaciones de conservación, cuyo interés y motivación aplaudimos, pero que parecen un poco exagerados teniendo en consideración que en Madre de Dios, dos tercios, o si se quiere dos provincias enteras, están ya protegidas. Si la justificación es investigación biológica básica, entonces uno se pregunta si no es ya suficiente con los 40 años de investigación llevada a cabo en Cocha Cashu. Estas concesiones privadas parecen ser proyectos personales y de difícil sostenibilidad social.
El Futuro del Manu
Habrá que conseguir que Manu y las áreas naturales del Perú cuenten con documentos de gestión realizados por profesionales de primer nivel y sin conflictos de interés comercial de por medio. Estos planes deberán cumplir con lo estipulado en la legislación, la que habrá que mejorar para corregir los vicios que en ella introdujeron controvertidos personajes y organizaciones, a la medida de sus ambiciones.
Una ley de Áreas Naturales Protegidas corregida y mejorada deberá darle mayor control a la sociedad regional y local organizada, y cuyos intereses están íntimamente vinculados al destino y a la conservación de enormes e importantes áreas como Manu.
Los "Comités de Gestión" planteados por la ley actual son hilarantes, pues no tienen la potestad de gestionar ni decidir absolutamente nada y, según su laxo reglamento, pueden ser conformados por los integrantes del circo de barrio local.
La Coca Nuestra
Tendremos también que olvidarnos de seguir creando áreas naturales privadas en Madre de Dios que no ofrezcan un retorno tangible, no solamente ambiental sino fundamentalmente económico en el corto y mediano plazo. Requerimos más empresas involucradas en turismo y en esquemas de aprovechamiento sostenible y menos áreas que tengan que ser cuidadas a punta de fusil.
Como en una anterior oportunidad, es hoy un secreto a voces que el valle de Kosnipata, la única vía terrestre que conecta a Manu con Cusco, ha sido ocupada por el narcotráfico y que el número de hectáreas dedicadas al cultivo ilícito de coca se ha incrementado exponencialmente. Los medios locales han denunciado ya la captura de embarques de pasta básica de cocaína. Tenemos un grave problema a sólo seis horas de Cusco.
La Comisión de Promoción del Perú (PromPerú), recientemente absorbida por Prompex, deberá dejar de ignorar groseramente al Manu y a sus empresarios, e incluirlos en sus esfuerzos de promoción de nuestra diversidad biológica y turismo.
Turismo nativo: un fiasco
El proyecto de turismo nativo en el Parque Nacional del Manu es un fiasco. Fue ideado por antropólogos y biólogos cuyo entrenamiento no los capacita para crear un producto turístico, sino para investigar. El error principal es haber extirpado a un grupo de nativos, lejos de su comunidad y sus familias, sin posibilidad de cazar, sembrar yuca y hacer masato. El proyecto asume que este grupo nativo debe dedicarse a la atención y trabajo rutinario, típico de los entornos urbanos. Lo ideal hubiera sido asumirlos como socios mayoritarios en un esquema que los vincule a organizaciones empresariales especializadas en el desarrollo de productos turísticos. El resultado hoy, es que la comunidad gana 100 soles por visitante, en un esquema de turismo con el peor retorno del mercado.
El Estado peruano debe reconocer que el INRENA, desde su creación no ha demostrado capacidad para desarrollar el turismo como una herramienta de conservación y desarrollo económico. Los resultados auspiciosos no han sido alentados por el INRENA, tan sólo entorpecidos.
Uno de los retornos que los empresarios de turismo debieran recibir del Estado (por su contribución en impuestos, generación de divisas y pagos directos al área protegida) es la contratación de personal de primer nivel con la capacidad de promover la inversión y generar planes conjuntos que nos hagan más competitivos. Esto no sucede. Por lo general, los jefes de área tienen muy poca o ninguna preparación para gestionar el turismo, y su relación con los empresarios es, por ende, conflictivo y de poca cooperación.
En general, el Perú no tiene un diseño para impulsar una industria que en los hombros de sus empresarios se ha convertido en la tercera fuente de divisas para el país y la más sostenible.
Lo expresado parece sugerir una imagen gris; sin embargo, creo que el futuro puede ser esperanzador, y que la corrupción -principal problema del Perú- no se impondrá mientras exista una reserva moral de hombres y mujeres honestos y comprometidos a sentar raíces de por vida en su región.
Boris Gómez Luna es cusqueño; empresario pionero del turismo en Manu y Tambopata; fundador de Ecotur Manu, la Asociacion de Operadores de Turismo del Parque Nacional del Manu; Cónsul Honorario de Finlandia en Cusco, Apurímac y Madre de Dios, y actual Presidente de la Cámara Regional de Turismo de Cusco (CARTUC).
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