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ARTÍCULO TURISMO

Cuatro ecosistemas de un solo tirón
Otras luces de Tumbes


El Noroeste peruano es mucho más que un puñado de playas en boga. A tiro de piedra del litoral se extienden densos bosques que esconden entre sus pliegues más de una sorpresa.

Texto: Efrén Alcántara Rojas
Fotos: Walter Hupiú Tapia


Es como para sorprender a cualquiera que en un departamento tan pequeño como Tumbes se pueda acceder sin mucha dificultad a cuatro ecosistemas muy diferenciados: Bosque Seco Ecuatorial, Bosque Tropical del Pacífico, Manglares y Playas. De ahí que uno de los proyectos turísticos para la Reserva de Biosfera del Noroeste es implementar un corredor que pueda integrar estas cuatro zonas de vida en un recorrido de dos días como mínimo. El equipo de Rumbos decidió hacer la prueba por anticipado y, acompañado por guardaparques del INRENA, se internó por insospechadas trochas y peligrosos pasajes del río en busca de los maravillosos secretos que guarda la otra cara de Tumbes.

Nueva distribución
No es de extrañar que poco o casi nada se conozca de la naciente Reserva Nacional de Tumbes, cuya creación (el 11 de julio del 2006) modificó por completo la estructura interna de la Biosfera del Noroeste, la que consta ahora de tres áreas de protección: el Parque Nacional Cerros de Amotape, la Reserva Nacional de Tumbes y el Coto de Caza El Angolo, y todo, bajo la administración del Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA), que a su vez depende del Ministerio de Agricultura. En otras palabras, la anterior Zona Reservada de Tumbes (una categoría de transición), no existe más nominalmente y sus dominios pertenecen ahora al Parque Nacional (que se amplió hacia el norte) y a la nueva Reserva de Tumbes. Y, creemos que esta estrategia sólo podrá dar buenos resultados siempre y cuando se evite anclar en el mero formalismo o en la simple novedad, y se dé paso a un honesto replanteamiento de los esfuerzos y políticas de conservación en este oasis de la costa peruana. 

Una de las recientes novedades del Parque Nacional es la moderna Estación Biológica "El Caucho", en la Quebrada Faical, enclavada en medio de un prodigioso ecosistema de Bosque Tropical del Pacífico. Al recorrer este territorio, si bien la lógica y los mapas nos dicen que no estamos propiamente en la selva, los paisajes, el clima y las especies de flora y fauna selváticas se encargan de trastocar todas nuestras preconcepciones. Y, por si fuera poco, todo ello se acentúa mucho más al oír cercana y lejanamente -como envolviéndonos en su proclama territorial- al "mono coto de Tumbes" (Alouatta palliata), especie endémica de esta zona y en peligro de extinción. Otra imagen estremecedora nos la dan los conjuntos arbóreos de la zona, muchos de los cuales se ven cubiertos de "salvajina" (Tillandsia usneoides) y de variadas orquídeas. 

Vida en Reserva
Ingresar a un lugar como la Reserva Nacional de Tumbes despierta un raudal de curiosidades y grandes expectativas. Sobre todo si para ello hay que cruzar la Quebrada Cazaderos hacia el Ecuador en una 4x4 (a la altura del poblado "Progreso") y, algunos kilómetros más arriba, reingresar al Perú cruzando el río Binacional (Puyango-Tumbes), teniendo que cambiar la sagaz camioneta por una endeble balsa de vigas entrelazadas. El corazón se hunde en vértigo y la sonrisa inicial se congela cuando el "hermano" Justo Montalván, que a punta de remo y fuerzas lucha con el caudaloso río, advierte: "si nos caemos o se voltea la balsa, yo lo salvo, mi estimado". Por si acaso, mejor saber nadar o llevar flotador salvavidas.

El Puesto de Control "Zapallal", se ubica al suroeste de la Reserva y, por increíble y desafortunado que parezca, al igual que tantos otros puestos del INRENA, cuenta de momento con tan sólo dos guardaparques: Ignacio Sánchez (32) e Isidoro Aguirre (38), quienes tienen la misión de monitorear este extenso territorio de nada más y nada menos que 19,266.72 ha, y velar por el aprovechamiento sostenible de sus recursos naturales, lo que implica controlar la actividad ganadera que unas pocas familias residentes realizan desde hace varias décadas. Los guardaparques dicen que son sólo 13 residentes en total. No lo sabemos. Lo cierto es que por distintos sectores es visible la presencia de ganado cebú, muy resistente a estos ambientes y temperaturas. Pensamos que este esfuerzo debería contar con mucho mayor apoyo, si queremos evitar la dramática deforestación que se observa en Ecuador, al otro lado del río.

En este entorno, los ejemplares de fauna y flora, así como los paisajes adyacentes, son turbadoramente inquietantes. Es la zona del emblemático "cocodrilo de Tumbes" (crocodylus acutus), el cual, aunque cada vez en menores cantidades (se calcula que no pasan de la veintena), aún circunda fluvialmente la Reserva e ingresa luego por el río Tumbes hacia el interior del Parque Nacional. Es también territorio de la "nutria del noroeste" (Lontra longicaudis), del "venado de cola blanca" (Odocoileus virginianus), del "gavilán dorsigris" (Leucopternis occidentales), por citar algunas especies típicas. El ecosistema predominante es de Bosque Seco, aunque matizado por doquier con pequeñas hondonadas, ojos de agua, remansos, y hasta alguna que otra catarata de bellas aguas límpidas. Verdaderas caricias para los sentidos.

Aventura desde Máncora
Tumbes es un lugar que fascina a propios y extraños. Por ello, no es de extrañar que incluso la desbordante Máncora empiece a mirar más allá de sus ritmos febriles, y que desde este cosmopolita balneario norteño ya se organicen verdaderos circuitos de turismo de aventura hacia la Biosfera. Ahí están, por ejemplo, Úrsula Behr y Kobi Zadok (Nextel: 9826*2476), quienes realizan una de estas audaces propuestas turísticas, que incluye canotaje y kayak en el río Tumbes, bicicleta de montaña, campamentos, o tours de pesca y buceo. También otros queridos personajes dejaron atrás Lima -u otras esferas- para buscar refugio en la entonces reposada Máncora. 

Entre ellos, la otrora Campeona Nacional de Tabla, Pili Irigoyen (1988), o el gran Harry Schuller (quien impulsa un prometedor plan de desarrollo turístico para las playas de Piura y Tumbes). Ambos -cada quien en lo suyo- se sacuden un poco del atolondrado vórtice mancoreño y apuntan más a la vida calmada. Pili lo hace desde su escuela de tabla hawaiana (en la que sus alumnos favoritos son los más pequeños de la playa), y Harry, desde el siempre sugerente hotel "Punta Ballenas" (Tel. 073-258136), donde matiza ilustremente su exquisito don culinario con sus anécdotas y explosivos chistes de hoy y de siempre, y esa sonrisa cálida y franca que nos hacen desear volver a Máncora una y otra vez.

      

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