| Cambio climático y amazonía estratégica
Sobre la región amazónica, fuente de recursos, bienes y servicios ambientales, se ciernen problemas de alta preocupación que obligan a repensar y recalcular la economía en la región amazónica en forma innovadora.
Texto: Antonio Brack Egg
En los albores del siglo XXI la humanidad afronta problemas sumamente graves, que están poniendo en riesgo a la especie humana y a muchas otras especies sobre la Tierra. El calentamiento global o efecto invernadero es una amenaza creciente por los gases emitidos a la atmósfera, en especial el dióxido de carbono (CO2), responsable en un 63% de este fenómeno.
La humanidad emite por año alrededor de 22 000 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera proveniente de la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas). Tal cantidad de CO2 no puede ser procesada y reabsorbida por los ecosistemas en su totalidad, y se acumula en la atmósfera, produciendo el calentamiento global.
A la par con las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) los bosques se están reduciendo en forma alarmante por la ampliación de la frontera agropecuaria y el crecimiento de los centros urbanos. Durante los últimos 500 años la humanidad ha destruido cerca del 50% de los bosques del planeta y, según información de la FAO, entre 1990 y 2000 sólo en América Latina se han perdido 47 millones de hectáreas de bosques y cada año se pierden unos 3 millones adicionales.
En la cuenca amazónica se han ocupado unos 100 millones de hectáreas para la ampliación de la frontera agropecuaria y una alta proporción (se estima un 80%) de estas tierras ha quedado improductiva por la pérdida de la fertilidad de los suelos. A pesar de este enorme desperdicio de tierras, cada año se queman unos 2 millones de hectáreas adicionales.
La concepción del desarrollo amazónico se ha basado en la tala de los bosques y la alteración de los ecosistemas. Poco se ha avanzado en desarrollar iniciativas económicas basadas en el uso sostenible de los bosques en pie para obtener maderas y otros productos, y lograr de esta manera rentabilidad sin quemar el bosque. Ante la realidad de millones de hectáreas colonizadas y vueltas improductivas se arriesga la opinión de que se está transformando el “infierno verde en un desierto de tierras rojas”.
Bienes y servicios ambientales
La Amazonía, como parte de la biosfera global, es una región que es fuente de bienes y servicios ambientales de enorme gravitación para los países de la cuenca y para el mundo entero.
Los bienes ambientales, o sea, los productos que se obtienen de la selva (madera, los productos no maderables, carne, etc.) no son tan importantes para la economía de los países, pero sí para la seguridad alimentaria de sus habitantes. Lo que se exporta de la selva es relativamente poco, pero los alimentos que se obtienen para la gente amazónica son muy importantes, porque la pesca y la caza, al menos en la selva peruana, son más importantes que la ganadería como fuente de proteínas.
Los servicios ambientales que presta la Amazonía se refieren a la conservación de la biodiversidad, una de las más destacadas del planeta; a la conservación de cerca de 700 millones de hectáreas de bosques tropicales, los más extensos del planeta; como sumidero y captador de CO2; a la emisión de agua a la atmósfera; y a la conservación de pueblos aborígenes y sus conocimientos tradicionales.
Importancia estratégica de la Amazonía
En el sentido convencional, los países amazónicos no tienen una posición estratégica de nivel mundial que les otorgue importancia resaltante en el mercado geopolítico global. En efecto, no son países con resaltantes recursos energéticos, como los países árabes; no dominan rutas estratégicas para el comercio mundial, como Turquía, Egipto o Panamá; no tienen un desarrollo tecnológico de importancia global; no tienen una posición de poder por patentes y aspectos relacionados; y tienen un escaso rol en el mercado de capitales, con excepción de Brasil.
Sin embargo, todo indica que esto está cambiando, y que la Amazonía va adquiriendo importancia estratégica en la geopolítica global, precisamente por los servicios ambientales que presta. La importancia estratégica de los bosques amazónicos en el siglo XXI estriba en ser un sumidero de carbono; en la conservación de la biodiversidad; y en los servicios ambientales respecto al agua.
Los bosques amazónicos mantienen cautivos miles de millones de toneladas de carbono. Si se continúa con el ritmo de deforestación actual, el carbono contenido en la biomasa se integraría a la atmósfera en forma de CO2, empeorando el problema del calentamiento global. Este aspecto da un valor adicional a los bosques como sumideros de carbono, y se hace necesario implementar alternativas para conservarlos y no quemarlos. Además, las investigaciones más recientes indican que los bosques amazónicos absorben y fijan una cantidad importante de carbono, lo que da a la región una importancia adicional.
Los bosques amazónicos prestan un resaltante servicio de conservación de especies y de recursos genéticos, tanto de plantas y animales como de microorganismos. Se calcula que en la región existen al menos 60 000 especies de plantas (el 25% del total mundial). La Amazonía es una región de importantes recursos genéticos de plantas domesticadas (85 especies) y de usos conocidos por las poblaciones locales. Miles de plantas de la Amazonía de uso tradicional y los conocimientos asociados a ellas son insumos para las nuevas investigaciones farmacológicas, forestales y muchas otras. Estos recursos son una reserva estratégica de la región.
La Amazonía presta un enorme servicio de emitir vapor de agua a la atmósfera y esta agua circula a nivel global, permitiendo las precipitaciones dentro de la misma región y en otras regiones. Por otro lado, se estima que los ríos, lagos y pantanos de la cuenca amazónica tienen al menos el 15% del agua dulce no congelada del planeta. Esto significa que ante la crisis mundial del agua, la Amazonía puede jugar un rol importante en el equilibrio global de este recurso cada vez más escaso.
En la Amazonía viven unos 400 grupos aborígenes con una población aproximada de 1,2 millones de habitantes. Estos pueblos aborígenes amazónicos han acumulado conocimientos durante milenios, que en parte se han perdido y en parte son conocidos. Estos conocimientos sobre las propiedades de las plantas; los recursos genéticos; los ecosistemas; los sistemas agroforestales; y muchos otros aspectos son de gran importancia actual para la ciencia y el desarrollo. Estos conocimientos los necesitamos nosotros y el mundo. Sobre esto no hay ya dudas y basta revisar las numerosas publicaciones e investigaciones de los países desarrollados al respecto.
El futuro de la Amazonía
Sobre la Amazonía se ciernen tres problemas de alta preocupación: la tala progresiva de bosques; la contaminación de las aguas; y el cambio climático.
Hasta el siglo XX la estrategia de desarrollo amazónico se basaba en la tala de los bosques para hacer productiva la región, y esto ha conducido a la deforestación de cerca de 100 millones de hectáreas, de ellas unos 10 millones de hectáreas en la Amazonía peruana. El gran reto en el siglo XXI será, sin duda, un desarrollo amazónico con base en mantener los bosques; hacer plantaciones forestales en las zonas degradadas; domesticar especies de plantas y animales de mayor demanda; y el desarrollo de iniciativas económicas innovadoras sobre la base de los servicios ambientales que presta la región a nivel global y regional. Para lograr un desarrollo equilibrado en la cuenca, debemos desarrollar estrategias productivas eficientes y de menor impacto que las actuales.
La contaminación de las aguas es cada vez más preocupante por las emisiones de aguas servidas de las ciudades directamente al ambiente sin tratamiento previo; la contaminación por la minería aurífera, que usa mercurio; y la contaminación en las partes andinas de la cuenca por actividades industriales.
El cambio climático es una amenaza aún no determinada con claridad. Los científicos presumen un estrés hídrico en la región, que llevaría a que se reduzcan los bosques y se transformen grandes áreas en sabanas, con una reducción drástica de los bosques.
Los países amazónicos han realizado acciones importantes para conservar los bosques. Se han establecido en toda la cuenca cerca de 50 millones de hectáreas de áreas protegidas (parques nacionales y similares) de los cuales 12 millones se ubican en el Perú; se ha titulado a los pueblos aborígenes cerca de 130 millones de hectáreas de tierras, en su mayor parte bosques, de los que 13 millones están en el Perú; y se han definido extensas áreas para el manejo forestal, que en el Perú llegan a 24,5 millones de hectáreas.
El desafío está en repensar y recalcular la economía en la región amazónica de manera innovadora sin dejar de lado la rentabilidad y el bienestar de los pobladores y de los países que tienen jurisdicción sobre ella. El pasar de un modelo de desarrollo basado en la destrucción de los bosques a un modelo de uso sostenible implica un cambio muy importante. Se avizoran algunos cambios en este sentido, pero con iniciativas más bien puntuales y no integrales. Cada vez más se implantan iniciativas empresariales muy interesantes referidas al ecoturismo; al manejo de bosques; a la acuicultura; a las plantaciones forestales; a la zoocría; y a los productos naturales y orgánicos, por citar los principales.
El panorama futuro de la región depende de las decisiones de políticas que tomen los gobiernos de los países de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica. Una cosa es cierta: en el siglo XXI debemos hacer todos los esfuerzos posibles para salvar los bosques amazónicos y su enorme biodiversidad.
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