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El Corredor de Conservación Abiseo-Cóndor-Kutukú


La naturaleza, que no tiene fronteras, une a dos pueblos antes distanciados en una estrategia para lograr la conservación y el uso sostenible de varios ecosistemas compartidos.

Texto: Conservación Internacional
Fotos: Conservación Internacional / C. Vega

El Corredor de Conservación Abiseo-Cóndor-Kutukú (CCACK) se ubica entre el Parque Nacional Sangay, al norte, y el Parque Nacional Cordillera Azul, al sur. En este corredor confluyen dos regiones prioritarias para la conservación en el ámbito global: el hotspot Andes Tropicales, en las estribaciones orientales, y la Gran Área Silvestre Amazonía, en las tierras bajas.

Cordillera del Cóndor
La Cordillera del Cóndor, localizada en la frontera entre Ecuador y Perú, fue durante muchos años el escenario de conflictos bélicos entre los dos países. En octubre de 1998 se firmó el Acuerdo de Paz que puso fin a los desacuerdos limítrofes y se iniciaron acciones para consolidar la paz y el desarrollo en la región binacional, mediante:
• La implementación del proyecto “Paz y Conservación Binacional en la cordillera del Cóndor Ecuador - Perú”, con el propósito de elaborar una propuesta de categorización definitiva y planes maestros de la Zona Reservada Santiago Comaina, buscando que ambos países compartan información biológica, social y cultural de la zona.
• El apoyo a la titulación y ampliación de comunidades nativas de la cuenca de El Cenepa.
• La formulación Concertada de una propuesta de Reserva de Biosfera para el Alto Marañón, departamento de Amazonas, Perú.
• Formación de Parques Forestales en Comunidades Aguarunas de la provincia de Condorcanqui, para el Repoblamiento de Tinamus y Cracidos.

Entre los logros más importantes en este corredor destacan:
• CI Perú impulsó un proceso participativo que generó la propuesta de creación del Parque Nacional Ichigkat Muja – Cordillera del Cóndor, en concertación con las comunidades indígenas de las comunidades Awajún y Wampis, en lo que era la Zona Reservada de Santiago Comaina. El trabajo incluyó la propuesta de categorización del área y la elaboración del plan de manejo del Parque que permitirá conservar ecosistemas y especies únicos para el Perú, además de conservar áreas de alta importancia cultural para los indígenas Awajún y Wampis.
• En agosto del 2007, luego de largos años de trabajo en la zona, se logró la declaración del Parque Nacional Ichigkat Muja - Cordillera del Cóndor, con 88,467 hectáreas, logrando así la protección de un sector del valioso ecosistema único de los bosques montanos de la Real Cordillera de los Andes orientales, que significa además la protección parcial de uno de los sistemas hídricos más importantes de la cuenca amazónica y del sagrado territorio ancestral de elevado valor cultural  para los pueblos, Awajún y Wampis. 
• Creación de la primera concesión de conservación en el CCACK “Concesión de Conservación Alto Huayabamba” con 143 mil hectáreas, como resultado de un trabajo coordinado con la ONG Amazónicos para la Amazonía.

Diversidad biológica
Este corredor incluye uno de los últimos remanentes de bosque montano húmedo, localizados en el hotspot de los Andes Tropicales, el cual contiene una alta biodiversidad que todavía se conserva intacta. Las cordilleras del Kutukú, en Ecuador, y el Cóndor, en Ecuador y Perú, son áreas clave para la conservación por sus altos niveles de endemismo, especialmente en especies de aves.

En este corredor se registran muchas especies en peligro de extinción: (aves: 51 especies en Ecuador y 45 en Perú; mamíferos: 46 especies en Ecuador y 25 en Perú). Los ecosistemas transfronterizos del corredor constituyen un elemento crítico en los procesos hidrológicos, pues conectan las cadenas montañosas de los Andes con las selvas amazónicas.

Las investigaciones realizadas en la década del noventa, en la Cordillera del Cóndor, confirmaron la megadiversidad biológica del área que constituye además, el hábitat de numerosas especies endémicas y amenazadas de extinción (CI-RAP 1993-1994).

Diversidad cultural
En la zona del corredor están asentadas las nacionalidades indígenas Shuar, Achuar, Awajun y Wampis Quechuas. Estas nacionalidades, a través de sus conocimientos y prácticas ancestrales, tienen un rol protagónico en el manejo sustentable de la biodiversidad de sus territorios, lo cual constituye una oportunidad sin igual para la conservación de la riqueza biológica del área.

Sin embargo, todo ello está en peligro. Las principales amenazas a la biodiversidad en el corredor son la fragmentación de los ecosistemas, la extracción de madera para uso comercial, la minería de gran escala, la cacería indiscriminada y la contaminación de fuentes de agua.

Algunos resultados
En el trayecto, sin embargo, se han logrado algunos resultados esperanzadores, tales como:
• El establecimiento de áreas naturales de conservación.
• La promoción del desarrollo sustentable de las comunidades locales conforme a las políticas ambientales vigentes en Ecuador y Perú.
• La creación de alianzas estratégicas binacionales entre gobiernos, organizaciones no gubernamentales y organizaciones sociales de base.
• La participación activa de las poblaciones indígenas en la planificación para la conservación de los recursos y la construcción de políticas de manejo de los territorios.
• El apoyo a la implementación de acciones de manejo de los ecosistemas clave de la Cordillera del Cóndor.

Naturaleza sin fronteras
El Corredor de Conservación Abiseo-Cóndor-Kutukú ofrece una nueva manera de combinar a nivel de paisaje la conservación con el manejo sostenible del espacio terrestre, formando parte de un proceso de planificación que permite la creación de oportunidades para los esfuerzos de integración y desarrollo sostenible entre Perú y Ecuador.

Incluye una vasta región de aproximadamente 15 millones de hectáreas y es considerada como una de las regiones de mayor diversidad del mundo por albergar un conjunto de especies con significativo valor científico para la humanidad.

El CCACK comprende áreas de importancia para la conservación que incluyen: en Ecuador, desde el Parque Nacional Sangay hasta el Bosque Protector Colambo-Yacuri, y en el Perú, desde la Zona Reservada Santiago Comaina hasta el Parque Nacional Río Abiseo. Su área núcleo es un paisaje transfronterizo, ubicado en la frontera peruano-ecuatoriana, conocida como la “Cordillera del Cóndor”.
       
Cambio climático y amazonía estratégica

Sobre la región amazónica, fuente de recursos, bienes y servicios ambientales, se ciernen problemas de alta preocupación que obligan a  repensar y recalcular la economía en la región amazónica en forma innovadora.

Texto: Antonio Brack Egg

En los albores del siglo XXI la humanidad afronta problemas sumamente graves, que están poniendo en riesgo a la especie humana y a muchas otras especies sobre la Tierra. El calentamiento global o efecto invernadero es una amenaza creciente por los gases emitidos a la atmósfera, en especial el dióxido de carbono (CO2), responsable en un 63% de este fenómeno.

La humanidad emite por año alrededor  de 22 000 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera proveniente de la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas). Tal cantidad de CO2 no puede ser procesada y reabsorbida por los ecosistemas en su totalidad, y se acumula en la atmósfera, produciendo el calentamiento global.

A la par con las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) los bosques se están reduciendo en forma alarmante por la ampliación de la frontera agropecuaria y el crecimiento de los centros urbanos. Durante los últimos 500 años la humanidad ha destruido cerca del 50% de los bosques del planeta y, según información de la FAO, entre 1990 y 2000 sólo en América Latina se han perdido 47 millones de hectáreas de bosques y cada año se pierden unos 3 millones adicionales.

En la cuenca amazónica se han ocupado unos 100 millones de hectáreas para la ampliación de la frontera agropecuaria y una alta proporción (se estima un 80%) de estas tierras ha quedado improductiva por la pérdida de la fertilidad de los suelos. A pesar de este enorme desperdicio de tierras, cada año se queman unos 2 millones de hectáreas adicionales.

La concepción del desarrollo amazónico se ha basado en la tala de los bosques y la alteración de los ecosistemas. Poco se ha avanzado en desarrollar iniciativas económicas basadas en el uso sostenible de los bosques en pie para obtener maderas y otros productos, y lograr de esta manera rentabilidad sin quemar el bosque. Ante la realidad de millones de hectáreas colonizadas y vueltas improductivas se arriesga la opinión de que se está transformando el “infierno verde en un desierto de tierras rojas”.

Bienes y servicios ambientales
La Amazonía, como parte de la biosfera global, es una región que es fuente de bienes y servicios ambientales de enorme gravitación para los países de la cuenca y para el mundo entero.

Los bienes ambientales, o sea, los productos que se obtienen de la selva (madera, los productos no maderables, carne, etc.) no son tan importantes para la economía de los países, pero sí para la seguridad alimentaria de sus habitantes. Lo que se exporta de la selva es relativamente poco, pero los alimentos que se obtienen para la gente amazónica son muy importantes, porque la pesca y la caza, al menos en la selva peruana, son más importantes que la ganadería como fuente de proteínas.

Los servicios ambientales que presta la Amazonía se refieren a la conservación de la biodiversidad, una de las más destacadas del planeta; a la conservación de cerca de 700 millones de hectáreas de bosques tropicales, los más extensos del planeta; como sumidero y captador de CO2; a la emisión de agua a la atmósfera; y a la conservación de pueblos aborígenes y sus conocimientos tradicionales.

Importancia estratégica de la Amazonía
En el sentido convencional, los países amazónicos no tienen una posición estratégica de nivel mundial que les otorgue importancia resaltante en el mercado geopolítico global. En efecto, no son países con resaltantes recursos energéticos, como los países árabes; no dominan rutas estratégicas para el comercio mundial, como Turquía, Egipto o Panamá; no tienen un desarrollo tecnológico de importancia global; no tienen una posición de poder por patentes y aspectos relacionados; y tienen un escaso rol en el mercado de capitales, con excepción de Brasil.

Sin embargo, todo indica que esto está cambiando, y que la Amazonía va adquiriendo importancia estratégica en la geopolítica global, precisamente por los servicios ambientales que presta. La importancia estratégica de los bosques amazónicos en el siglo XXI estriba en ser un sumidero de carbono; en la conservación de la biodiversidad; y en los servicios ambientales respecto al agua.

Los bosques amazónicos mantienen cautivos miles de millones de toneladas de carbono. Si se continúa con el ritmo de deforestación actual, el carbono contenido en la biomasa se integraría a la atmósfera en forma de CO2, empeorando el problema del calentamiento global. Este aspecto da un valor adicional a los bosques como sumideros de carbono, y se hace necesario implementar alternativas para conservarlos y no quemarlos. Además,  las investigaciones más recientes indican que los bosques amazónicos absorben y fijan una cantidad importante de carbono, lo que da a la región una importancia adicional.

Los bosques amazónicos prestan un resaltante servicio de conservación de especies y de recursos genéticos, tanto de plantas y animales como de microorganismos. Se calcula que en la región existen al menos 60 000 especies de plantas (el 25% del total mundial). La Amazonía es una región de importantes recursos genéticos de plantas domesticadas (85 especies) y de usos conocidos por las poblaciones locales. Miles de plantas de la Amazonía de uso tradicional y los conocimientos asociados a ellas son insumos para las nuevas investigaciones farmacológicas, forestales y muchas otras. Estos recursos son una reserva estratégica de la región.

La Amazonía presta un enorme servicio de emitir vapor de agua a la atmósfera y esta agua circula a nivel global, permitiendo las precipitaciones dentro de la misma región y en otras regiones. Por otro lado, se estima que los ríos, lagos y pantanos de la cuenca amazónica tienen al menos el 15% del agua dulce no congelada del planeta. Esto significa que ante la crisis mundial del agua, la Amazonía puede jugar un rol importante en el equilibrio global de este recurso cada vez más escaso.

En la Amazonía viven unos 400 grupos aborígenes con una población aproximada de 1,2 millones de habitantes. Estos pueblos aborígenes amazónicos han acumulado conocimientos durante milenios, que en parte se han perdido y en parte son conocidos. Estos conocimientos sobre las propiedades de las plantas; los recursos genéticos; los ecosistemas; los sistemas agroforestales; y muchos otros aspectos son de gran importancia actual para la ciencia y el desarrollo. Estos conocimientos los necesitamos nosotros y el mundo. Sobre esto no hay ya dudas y basta revisar las numerosas publicaciones e investigaciones de los países desarrollados al respecto.

El futuro de la Amazonía
Sobre la Amazonía se ciernen tres problemas de alta preocupación: la tala progresiva de bosques; la contaminación de las aguas; y el cambio climático.

Hasta el siglo XX la estrategia de desarrollo amazónico se basaba en la tala de los bosques para hacer productiva la región, y esto ha conducido a la deforestación de cerca de 100 millones de hectáreas, de ellas unos 10 millones de hectáreas en la Amazonía peruana. El gran reto en el siglo XXI será, sin duda, un desarrollo amazónico con base en mantener los bosques; hacer plantaciones forestales en las zonas degradadas; domesticar especies de plantas y animales de mayor demanda; y el desarrollo de iniciativas económicas innovadoras sobre la base de los servicios ambientales que presta la región a nivel global y regional. Para lograr un desarrollo equilibrado en la cuenca, debemos desarrollar estrategias productivas eficientes y de menor impacto que las actuales.

La contaminación de las aguas es cada vez más preocupante por las emisiones de aguas servidas de las ciudades directamente al ambiente sin tratamiento previo; la contaminación por la minería aurífera, que usa mercurio; y la contaminación en las partes andinas de la cuenca por actividades industriales.

El cambio climático es una amenaza aún no determinada con claridad. Los científicos presumen un estrés hídrico en la región, que llevaría a que se reduzcan los bosques y se transformen grandes áreas en sabanas, con una reducción drástica de los bosques.

Los países amazónicos han realizado acciones importantes para conservar los bosques. Se han establecido en toda la cuenca cerca de 50 millones de hectáreas de áreas protegidas (parques nacionales y similares) de los cuales 12 millones se ubican en el Perú; se ha titulado a los pueblos aborígenes cerca de 130 millones de hectáreas de tierras, en su mayor parte bosques, de los que 13 millones están en el Perú; y se han definido extensas áreas para el manejo forestal, que en el Perú llegan a 24,5 millones de hectáreas.

El desafío está en repensar y recalcular la economía en la región amazónica de manera innovadora sin dejar de lado la rentabilidad y el bienestar de los pobladores y de los países que tienen jurisdicción sobre ella. El pasar de un modelo de desarrollo basado en la destrucción de los bosques a un modelo de uso sostenible implica un cambio muy importante. Se avizoran algunos cambios en este sentido, pero con iniciativas más bien puntuales y no integrales. Cada vez más se implantan iniciativas empresariales muy interesantes referidas al ecoturismo; al manejo de bosques; a la acuicultura; a las plantaciones forestales; a la zoocría; y a los productos naturales y orgánicos, por citar los principales.

El panorama futuro de la región depende de las decisiones de políticas que tomen los gobiernos de los países de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica. Una cosa es cierta: en el siglo XXI debemos hacer todos los esfuerzos posibles para salvar los bosques amazónicos y su enorme biodiversidad.
      
      

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