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ULTIMA EDICION

Entrevista con Freddy Ehlers, Secretario General de la Comunidad Andina (CAN)
Para crear un mundo sostenible, se necesita un ser humano sustentable


La necesidad de que todos los hombres y mujeres y sus gobiernos locales, regionales y centrales cobren mayor conciencia acerca del clima latino, reflexionen para actuar sobre el modelo de desarrollo, motivan al secretario general de la CAN, el periodista Freddy Ehlers, a promover Clima Latino.

A inicios del 2007 la CAN abrió un nuevo capítulo en su historia, una nueva etapa en que la sustentabilidad del desarrollo, que incluye los temas sociales y de medio ambiente, se constituyó en una prioridad en su agenda de Integración Integral. Tras 38 años de existencia, la Secretaría General de la CAN, dirigida desde el 1 de febrero de este año por el periodista ecuatoriano Freddy Ehlers, ha reorientado su actividad institucional, y ahora el cambio climático, la biodiversidad y el agua cobran una importancia central para la CAN.

Esto no es una casualidad. Durante su larga experiencia periodística y su paso por la  política, Ehlers ha ido definiendo un perfil cada vez más vinculado a temas medioambientales. Esta fue la razón por la que, en 1995, recibió el premio Global 500 de Naciones Unidas, por su labor en defensa del medio ambiente.

Actualmente, la Secretaría General de la CAN organiza, con el apoyo de numerosos gobiernos, ministerios, instituciones, personalidades, entre otros, el gran Encuentro Internacional sobre Cambio Climático para América Latina denominado Clima Latino. Rumbos de sol & piedra conversó con Freddy Ehlers.

¿Por qué la Secretaría General de la CAN impulsa Clima Latino, este gran foro sobre cambio climático?
Es indudable que el recurso agua, la biodiversidad y el cambio climático son tres elementos vitales para la supervivencia de la vida en el planeta. Los cuatro países andinos -Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú- agrupan aproximadamente a 100 millones de habitantes, en una superficie de casi 4 millones de kilómetros cuadrados, que albergan una gran reserva de agua dulce. Este patrimonio de recursos hídricos se complementa con una biodiversidad riquísima y con una diversidad cultural que constituyen nuestros principales aportes a la humanidad.

Sin embargo, esta riqueza contrasta con la pobreza que afecta a más del 50% de la población andina. Esta es una realidad que podría hacerse aún más grave si no se adoptan acciones que muestren firmeza para enfrentar el cambio climático, que ya es una realidad innegable.

El desarrollo sólo es posible en un mundo de armonía entre el hombre y el medio ambiente, en donde todos los seres vivos tienen derechos, incluido el ser humano. Tenemos que empezar a hablar más sobre los derechos de la tierra, la cual no nos pertenece sino de la que formamos parte.

¿Cuál es el objetivo de Clima Latino?
Desde la Comunidad Andina en particular, y desde América Latina en general, queremos decirle al mundo que no podemos dejar de asumir nuestro compromiso con el planeta y con todos los seres que lo habitan, frente a lo que puede ocurrir con el calentamiento global y el cambio climático. Esta voz es la que se escuchará en el Foro Clima Latino que se celebra este 15 y 16 de octubre en Guayaquil, y el 17 y 18, en Quito. Se pretende que en este foro las autoridades mundiales,  pero fundamentalmente latinoamericanas, expertos, representantes de la sociedad civil e interesados, analicen cómo y de qué manera está afectando el cambio climático a nuestros países y cuáles son las medidas para enfrentar el origen de esta gravísima amenaza.

Y es que la razón fundamental del problema es el crecimiento económico ilimitado que se genera principalmente en los países más ricos del planeta, que son los responsables directos. Considero que ha llegado el momento de que ellos asuman su responsabilidad. Deberá existir una inversión masiva de recursos que permita la protección y conservación de los bosques, de las fuentes de agua y de la biodiversidad; pero, al mismo tiempo, deben reducir dramáticamente sus emisiones de CO2 que es una de las causas más graves del cambio climático. Lo que se logrará no sólo cambiando las fuentes de energía a otras limpias y no contaminantes, sino reduciendo el consumismo desenfrenado que ya no tiene sentido en esta nueva era de la humanidad.

¿Es un foro científico?
La intención de este encuentro, en el que se darán cita los más importantes científicos y especialistas que están trabajando el tema, es “tomar la temperatura” de lo que está ocurriendo. Pero Clima Latino es mucho más que eso, es un encuentro humanista y de profunda reflexión sobre el modelo de desarrollo imperante que es inviable. Nuestra  intención es la de unir esfuerzos y trabajar juntos para enfrentar este problema mundial. Esto requiere mucho trabajo de los municipios, de la sociedad civil y de los gobiernos. Es un trabajo mancomunado del que nadie puede quedar exonerado. Este foro es un verdadero encuentro de los ciudadanos que buscan alternativas para construir un mundo viable y más justo.

¿Entonces, este modelo de convivencia es más bien un nuevo modelo de desarrollo?
Como dice el filósofo francés Edgar Morin, “estamos viviendo hoy el subdesarrollo del desarrollo”. Vivimos en un modelo económico que es inviable, consumista, materialista y depredador, un modelo que ha llegado a su límite y hay que tener la valentía de reconocer que no podemos seguir creciendo como lo hemos hecho hasta ahora.

El imparable crecimiento económico en busca de un mayor bienestar material para los seres humanos está contaminando el planeta. Y ahora, el calentamiento global constituye la mayor amenaza que enfrenta la humanidad en toda su historia.

Los antiguos habitantes de los Andes conocían a la madre tierra como Pachamama, la amaban y respetaban como a una madre. Las fiestas y celebraciones estaban siempre relacionadas con los tiempos de siembra y de cosecha, a los del sol y de la luna. Un día el hombre consideró que la tierra le pertenecía, en lugar de aceptar que él, como todos los otros seres, pertenece a la Tierra. La armonía entre el hombre y la naturaleza se deterioró desde entonces. Y es justamente en esta armonía donde está la clave de la vida.

Para que exista un mundo sustentable, es necesario crear países y ciudades sustentables, que sólo serán posibles con un ser humano sustentable que cultive otros valores, donde se haga posible un desarrollo que promueva el bienestar social y el respeto por el medio ambiente.

¿Cómo se puede alcanzar este cambio de modelo?
Desde la profundidad del pensamiento aymara, el filósofo y canciller de Bolivia, David Choquehuanca, plantea una idea universal: no hay que vivir mejor, sino hay que aprender a vivir bien. En esta aparente sutil diferencia está el contraste entre la vida y la muerte. Ese debe ser el gran reto de nuestro tiempo.


      
La deglaciación y el final de una era

Los procesos de deglaciación vistos a través de la inevitable decadencia de la cadena de glaciares tropicales más alta del mundo: la Cordillera Blanca.

Texto: Lily Castillo Espinoza

En la Cordillera Blanca hay ahora muchos pequeños glaciares, según los estudios de Marco Zapata, jefe de la Unidad de Glaciación (UG), del Inrena (Instituto Nacional de Recursos Naturales), quien muestra fotografías de los nevados Yanamarey y Artesonraju en las que se aprecia un fuerte derretimiento de los glaciares como consecuencia del calentamiento global, especialmente los ubicados en la parte baja. El estudio de los glaciares, y especialmente de los tropicales como los del Perú, sirve como indicador muy sensible del cambio climático. De ahí la importancia de estudiarlos.

Zapata proyectó un inventario de la Cordillera Blanca en una primera etapa, pero debe continuar los estudios en todos los lugares del Perú donde falta hacerlo, particularmente en la zona cordillerana del Vilcanota y la de Arequipa, y luego cotejarlos con los de sus pares en otros lugares similares en América y en el mundo. Conocer la evolución de todos los glaciares es fundamental, ya que presentan diferencias.

El especialista afirma que la UG realiza estudios en torno a la seguridad tanto de las lagunas altoandinas, así como sobre los peligros o riesgos de avalanchas y aluviones en una región geodinámicamente activa y que registra el más alto índice de catástrofes a consecuencia de desbordes de lagunas. Los resultados son alarmantes.

Como consecuencia del cambio climático, en los últimos 30 años los glaciares han sufrido un proceso de regresión muy acelerado. La UG, a través de fotografías aéreas, realizó un primer inventario general de los glaciares y cordilleras del Perú en 1989. Este inventario llegó a determinar que este país poseía un total de 2,541 kilómetros cuadrados de superficie glaciar. En 1997 se efectuó otro inventario sobre la base de imágenes satelitales LANZA. Los resultados sobre las 18 cordilleras nevadas indicaron una reducción de su superficie hasta los 1,595 kilómetros cuadrados, lo que significa una pérdida de 946 kilómetros. Esto representa una importante pérdida de reservas sólidas de agua dulce, en un proceso de carácter irreversible.

Predicciones
Sabemos por los resultados de los trabajos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) que la temperatura global del ambiente en el siglo pasado se incrementó solo medio grado centígrado y que las proyecciones para este siglo están entre los1.4° C y 2.8° C. Esta referencia es a nivel continental; en el caso de la Antártida, a finales de este siglo la temperatura podrá ser de hasta -9° C. En estos momentos ya se producen rupturas de grandes masas de hielo.

La intrusión de las aguas salinas hacia las zonas litorales va a comprometer el nivel de las aguas subterráneas dulces. Se presentarán como parte final del ciclo hidrológico. Las poblaciones que usen aguas subterráneas tendrán que buscarla a mayores profundidades o en las partes más altas, allí donde no llegue el alcance de la intrusión del agua salina. Es cierto que el ciclo hidrológico no va a verse interrumpido, pero ya está sufriendo alteraciones desde hace 100 años.

Algunos informes científicos indican que aproximadamente en el año 2030 o el 2035, empezará un período crítico en el caso de los glaciares, dependiendo de si la temperatura aumente en 1, 2 ó 3 grados. Se podrá saber, finalmente, si los glaciares van a desaparecer en un período mucho más rápido de lo que ahora se supone que está sucediendo.

Si la temperatura solamente se incrementara en un grado, glaciares que están por debajo de los 5,500 msnm podrían desaparecer en 20 ó 25 años. El comportamiento de los glaciares se da en relación directa con la temperatura; mientras más baja, ésta permite la acumulación de la nieve, del hielo. Pero si las temperaturas suben, los glaciares retroceden también muy rápido.

En este proceso intervienen muchos factores, no solamente es la cuestión de la altura en que se encuentra el glaciar, entendiéndose que a mayor altura las temperaturas son mucho más bajas. También depende de la radiación, porque a mayor altura habrá mayor radiación, al encontrarse más cerca del sol donde ésta es más alta. Depende también de la posición del glaciar, lo que es otro factor que influye. Puede haber glaciares que estén más o menos abrigados, finalmente.

Pastoruri, antiguo glaciar
El caso del Pastoruri es ejemplar. Propiamente dicho, hoy es una pequeña capa de hielo o un microcasquete. En este caso en particular y contando desde 1980, en una década la capa de hielo retrocedió alrededor de 12.78 metros por año. Pero entre 1990 y 2006, este fenómeno se incrementó a 23.42 metros por año, casi el doble con respecto al primer período. Es más, en el año 1995 se hizo una medición topográfica de su perímetro para establecer paralelamente la superficie de su capa de hielo y se determinó que tenía un área de 1.8 kilómetros cuadrados. Sin embargo, en 1995 la segunda medición arrojó 1.4 kilómetros cuadrados. Lo que significa una pérdida de casi medio kilómetro cuadrado en sólo seis años. En el 2005 se había reducido a 1.1 kilómetros cuadrados. La capa de hielo perdió casi el 40% de su superficie. De las mediciones que se efectuaron en un mes en Pastoruri, se  observó que este antiguo nevado va a verse fragmentado en tres partes, y ya se formaron hasta dos lagunas. Al retroceder los glaciares se forman pequeñas lagunas y en este caso una de ellas ya tiene más o menos unos 200 metros de longitud.

Muchas de las lagunas que ahora vemos son agua de los glaciares, derretida. Se trata de lagunas que probablemente no tienen nombre todavía. Pero son la prueba más palpable de que los glaciares están retrocediendo. La mayoría de las lagunas tiene origen glaciar. Hay glaciares, como en el caso del glaciar Broggi que desapareció en el 2005, que presagian lo que va a ocurrir con el glaciar Catamaré muy pronto, quizá en el  2008. En el caso de Pastoruri se piensa que no va a durar ni 12 años más. El destino del antiguo glaciar Broggi es el futuro de Pastoruri y de los otros glaciares que los hombres de ciencia están monitoreando en estos momentos. En un plazo un poco más largo ocurrirá lo mismo con el resto de los glaciares. Y es muy probable que las próximas generaciones no puedan ver el hermoso espectáculo de la Cordillera Blanca.

Las hidroeléctricas
Las hidroeléctricas son la fuente principal de energía en las zonas de glaciares. El 80% de la generación de energía en Perú es hidroeléctrica, y debería estarse buscando alternativas, aunque no existan señales fuertes de que se esté apoyando estas investigaciones. Y es que al disminuir las reservas de agua dulce al estado sólido, acumulada en los glaciares, se están disminuyendo las posibilidades de generar mayor electricidad.

En el 2030, o en el 2035, en el mejor de los casos, esto se convertirá en un tema crítico. Es probable que en un futuro, y como afirma el glaciólogo Marco Zapata, muchos peruanos terminen comprando el agua en grifos, así como recurren a los grifos de combustible.
 
Cultivos alternativos
Hace algunos años grupos de científicos comunicaron a los campesinos que debían cuidar el agua. Ellos respondieron que ahora tienen más agua que antes. Se les explicó que estaban usando el agua de un glaciar que da su agua en la actualidad porque se derrite aceleradamente y que eso iba a tener su tiempo, entre 20 ó 25 años. El mensaje llega difícilmente. Y así, por ejemplo, los campesinos del río Santa han desarrollado, desde hace 15 ó 20 años, mucho más tierras para cultivar pero que van a durar lo que dure el agua. Con los años se va a reducir el tamaño de la fuente del recurso, y ellos no van a tener suficiente agua para continuar.

Pero también hay proyectos hechos desde las ciudades, promovidos por los grandes intereses agrícolas, tales como las represas casi faraónicas de Chinecas o Chavimochic. Quienes han invertido en función de esto, están muy preocupados porque dependen casi en su totalidad del agua del río Santa, constituido en su mayor parte por agua de los glaciares. Y es que cuando se reduzca el nivel del agua del río Santa, ellos también van a tener problemas.

Es urgente cambiar, entonces, el tipo de producción vegetal. Porque hay tipos de producción de vegetales que necesitan mucha agua, como por ejemplo el arroz. Pero en el Perú, donde sus hábitos alimenticios incluyen mucho arroz, éste se cultiva en la costa norte de su territorio, precisamente allí donde se va a reducir el agua dulce que proviene de la sierra. Cuando disminuya la producción de agua, aminorará también la producción del terreno. Y los hábitos alimenticios darán, obligatoriamente, un vuelco forzoso.

En general, el impacto del derretimiento de los glaciares y su eventual desaparición, implica un vuelco en las formas de vida de este importante ecosistema. La adecuación a tales cambios – y a los de los otros ecosistemas – debe empezar ahora.

Se trata, para ello, de tomar medidas de raigambre política que requieren la energía y el coraje de gobernantes de talla.
      
Cambio climático y malaria

El cambio climático crea condiciones para una mayor reproducción de los agentes vectores de la malaria. Y el riesgo se expande.

Texto: Alejandro Llanos-Cuentas

Son numerosas las publicaciones en las dos últimas décadas que muestran las consecuencias sobre la vida en el planeta y sobre la salud de personas del cambio climático, el calentamiento global, el efecto invernadero. Sin embargo, las poblaciones, principalmente de los países en desarrollo, a pesar de que son las más afectadas, no son conscientes de estos crecientes problemas. A nivel latinoamericano, particularmente en medios académicos y gubernamentales, se percibe una gran indiferencia.

Durante miles de años el clima en la tierra estuvo más o menos estable, pero este equilibrio se ha roto en el siglo XX. La Organización Mundial de la Salud ha concluido que los cambios climáticos, desde la década de los setenta a la fecha están causando 150 mil muertes anualmente, además de 5 millones de pérdidas DALYs, la mayoría de ellos en los llamados países en desarrollo (lo que involucra a todos los países latinoamericanos).

En la actualidad los océanos son más cálidos, ocurren deshielos masivos en los polos y en las cumbres de nuestras cordilleras. En nuestra Amazonía la masiva deforestación altera los ciclos hidrológicos y se genera un ciclo vicioso de desertificación, disminución de las lluvias, incremento de la temperatura y ambientes desérticos. Si ha tenido usted la oportunidad de sobrevolar los departamentos de San Martín y Loreto en los últimos 20 años, habrá visto la impresionante cantidad de áreas deforestadas en la selva, el incremento de zonas desérticas en plena selva, así como la disminución del caudal de ríos como el Marañón y el Amazonas.

El clima y su efecto sobre la malaria
Las explicaciones por la cuales las alteraciones climáticas afectan las enfermedades transmisibles, entre ellas la malaria, están siendo mejor conocidas en los últimos años. Los factores climatológicos y los sociales son los de mayor influencia en el desarrollo de las enfermedades, principalmente en las infecciosas, ya que aumentan el riesgo de transmisión y exponen más a los humanos a los ciclos de transmisión de los vectores (insectos) y los reservorios.

Los insectos son muy sensibles a los cambios climatológicos, y mínimos cambios producen en ellos una serie de alteraciones. Así, temperaturas cálidas aumentan su número (incremento de su tasa de reproducción), varían su longevidad, y su dinámica de comportamiento, se vuelven más activos y pican más a las personas; por ejemplo, durante el Fenómeno de El Niño en 1998, en Tumbes, de un promedio de cuatro a cinco picaduras de mosquitos por persona y por noche se pasó a más de 300 por noche.

De igual manera, el incremento de temperatura disminuye el período de maduración de los patógenos en los insectos vectores. Así, en el caso de la malaria, el Plasmodium falciparum, parásito que causa la malaria maligna y que inicialmente se reproduce en el intestino del mosquito a una temperatura ambiente de 20º C, necesita normalmente de 26 días para tornarse infectante, tiempo en el cual un mosquito infectado puede transmitir la enfermedad a una persona cuando la pica. Pero si la temperatura ambiental promedio sube a 25º C, el período de maduración del parásito se acorta a sólo 13 días; con temperaturas superiores a 30º C este período se puede reducir a menos de una semana. En zonas deforestadas el tiempo puede reducirse aún más. Todos estos factores explican el efecto explosivo que pueden tener el cambio de temperatura en la transmisión de la malaria.

Asimismo, la temperatura del ambiente regula también la distribución geográfica de los mosquitos. La temperatura mínima en la cual se desarrolla el Plasmodium  vivax, otro parásito que es responsable del 80% de la malaria en nuestros países, es de 15º C y para el Plasmodium falciparum es de 18º C. Por debajo de estas temperaturas no ocurre transmisión. Sin embargo, como consecuencia de los cambios climáticos, el incremento de la temperatura promedio del medio ambiente está determinando un incremento consecuente de  las áreas consideradas malarígenas. Por ejemplo, en el Perú, en las décadas de los años sesenta y setenta, el 14.5% del territorio era considerado como zona de transmisión  de malaria, en 1981 ésta se incrementó al 60% y después del Fenómeno de El Niño de los años 1997-1998 la zona malarígena se ha extendido aún más, tras la expansión de los vectores de malaria. Las consecuencias en la población peruana han sido un incremento de los casos de la malaria de 20 mil en 1980 a 280,000 en 1998. Similares efectos se observa a nivel mundial principalmente en África y Asia, en donde se ha calculado que, debido al Fenómeno de El Niño, la malaria se incrementó cinco veces.

Los Andes maláricos y la deforestación
Las zonas andinas, libres de malaria en la actualidad, tendrán cada vez más riesgo de convertirse en zonas maláricas, por expansión de los mosquitos vectores, ya que podrán reproducirse en estas zonas al encontrar condiciones climatológicas que permiten su reproducción. Se calcula que para el 2100 este riesgo se habrá incrementado en 26% a nivel mundial.

Los cambios climáticos no sólo afectan la malaria sino también otras enfermedades transmitidas por insectos. Así, un grupo de ellos migran más cerca de los humanos, como se ha demostrado con los insectos (triatomineos y lutzomyas) que transmiten la enfermedad de chagas y la uta (leishmaniasis). En estas condiciones los gérmenes y parásitos, causantes de las enfermedades, tienen entonces mayores opciones de infectar a los humanos.

La deforestación, por otro lado, es uno de los problemas más serios que tenemos los países amazónicos. Además de generarse sequías y la disminución de tierras cultivables, se convierten en grandes generadores de desnutrición. En relación con la malaria, no sólo afectan la transmisión por el incremento de la temperatura, sino que reducen o limitan a los predadores que naturalmente controlan las poblaciones de los mosquitos. Es así que en Kenya se ha demostrado que en los reservorios artificiales de agua en zonas deforestadas, las larvas de Anopheles gambiae (el vector de malaria más importante del mundo) sobrevive 50 veces más que en reservorios naturales localizados en zonas no deforestadas.

En la Amazonía se ha encontrado que el Anopheles darlingi (el vector más eficiente en la transmisión de malaria en el Nuevo Mundo) pica 200 veces más en lugares en donde la deforestación es más del 80%, en comparación con lugares que tienen menos del 30% de deforestación.

Las actividades humanas, conscientes o inconscientes (un problema educativo), tienden a cambiar las condiciones del ambiente lo que, sumado al efecto global del clima y a factores sociales, proporcionan las condiciones adecuadas para el incremento de las poblaciones de mosquitos vectores, así como la alteración de su comportamiento, tornándolos mucho más nocivos para los humanos.

¿Cuál es la estrategia para la malaria?
Sin embargo, la estrategia no es necesariamente intentar matar a los mosquitos (los insecticidas deben utilizarse con criterio), que tienen millones de años más que nosotros en la tierra y una superior capacidad de adaptación, sino que debemos cambiar nuestros comportamientos y no proporcionarles las condiciones óptimas para que se reproduzcan.

Entrega de mosquiteros en la localidad de Moralillo en Loreto, Perú
Todas estas enfermedades son manejadas por los gobiernos a través de programas de control de enfermedades transmitidas por vectores, pero que han tenido un enfoque muy biomédico, lo que a su vez ha impedido tener éxito.

Los ministros de Salud andinos, reunidos en el Organismo Andino de Salud, Convenio Hipólito Unanue (ORAS-Conhu), han tomado la iniciativa de desarrollar un programa de control de la malaria en las zonas fronterizas de Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela (financiada por el Fondo Global), en donde las estrategias para la lucha contra la malaria están basadas en el fortalecimiento de los servicios de salud y la participación comunitaria, a través de componentes de salud y educación, con la idea de que los cambios que se generen sean sostenibles en el tiempo.

Los resultados preliminares están mostrando una importante participación de los pobladores de estas comunidades, cuyo efecto es la reducción del número de casos nuevos de malaria en forma significativa, a pesar de actuar en zonas con serios problemas sociales, incluyendo guerrilla, narcotráfico, desplazados, etc.

Este tipo de programas constituyen una alternativa real para conseguir cambios en las actitudes y comportamientos de poblaciones pobres, usualmente con escasa presencia del Estado las que, con su participación, contribuyen en forma importante a enfrentar las modificaciones del medio ambiente y al cambio climático.
      
Los Agrocombustibles

¿Se trata realmente de una alternativa limpia? ¿Estamos ante otra verdad incómoda? El recurso a cultivos intensivos, plaguicidas y la sustitución de sembríos para consumo humano plantea nuevas interrogantes ante una alternativa energética que no termina de convencer.

Texto: César Ipenza
Fotos: APECO

Hoy en día existen más de 1 000 millones de automóviles a nivel global, todos ellos consumen más del 50% de la energía fósil producida en el mundo, lo que hace del automóvil individual, el primer causante del cambio climático. Dadas las circunstancias actuales, es poco probable que la gente decida abandonar su transporte personal, más aún si es bien sabido que el número de autos aumenta cada año en todo el mundo. Para enfrentar el calentamiento global, se buscan soluciones técnicas a un problema relacionado, sobre todo, con un estilo de vida consumista, promocionado por quienes se benefician  con el uso masivo del carro individual y de los combustibles que los hacen funcionar. En tal contexto, en los últimos años se promociona el uso de agrocombustibles o biocombustibles como una alternativa a los combustibles fósiles, para así enfrentar los problemas generados por el calentamiento global.

Cambiar para que todo siga igual
Analicemos desde una visión práctica si los agrocombustibles son una alternativa válida y totalmente limpia, a la luz del contexto geopolítico de la región, donde actualmente se producen diversas tensiones por la comercialización energética entre exportadores e importadores, especialmente de gas natural. Los casos más destacados son las controversias entre Bolivia y Brasil por el precio, control y propiedad sobre las explotaciones y comercialización del gas boliviano hacia Brasil, su principal comprador; asimismo, hay crisis de suministro en Argentina, que ha obligado  a este país a suspender sus exportaciones hacia Chile y Uruguay; Bolivia no comercializa gas natural con Chile; y Perú ha comprometido casi toda su producción hacia destinos fuera del continente.

Aunque en el problema del cambio climático, todos tenemos algo de responsabilidad, esta debe ser diferenciada, porque los niveles de consumo de energía son también diferenciados. Algunos países en el afán por cumplir con sus obligaciones de reducir los gases de efecto invernadero (GEI), están empeñados en cambiar sus sistemas energéticos por agrocombustibles; pero la producción propia no les da abasto, aunque hayan visto en este cambio la posibilidad de seguir manteniendo su estilo de vida, sin incrementar sus emisiones de GEI. Como no existen tierras suficientes para la producción de la cantidad de agrocombustibles que se necesita, se han planteado como alternativa la importación de los mismos. ¿De dónde van a venir estos agrocombustibles? La repuesta no es difícil de imaginar: de regiones como la nuestra... ¡Encendamos el debate!

¿Quiénes son los beneficiarios?
Acaso no son suficientes los estragos que producen en América Latina las emisiones mundiales de CO2 y el consiguiente cambio climático. En este sentido, nos preguntamos: ¿Quiénes serán los principales beneficiarios de este negocio? ¿Los pequeños productores tienen oportunidades?

Porque de acuerdo con lo visto en otros países, la producción de agrocombustibles demanda una alta inversión y cultivos a gran escala para ser rentable, así como el uso intensivo de plaguicidas y fertilizantes químicos en las plantaciones, sumando a que en algunos países latinoamericanos escasean las áreas de cultivo y se encarecen los alimentos. Un punto importante y de riesgo en la producción de agrocombustibles es el cambio de uso de los terrenos agrícolas, así como la corrupción y la burocracia en la autorización de operatividad para las empresas, incluyendo incentivos y subsidios que beneficiarán a unos pocos, además de la falta de títulos de propiedad de terrenos agrícolas, la posible deforestación de bosques nativos para monocultivos y el mal uso de recursos escasos en zonas de producción, como puede ser el agua.

Un estudio publicado en la revista británica Science, en agosto del 2006, aseguraba que el incremento de la producción de agrocombustibles podría despedir nueve veces más dióxido de carbono (CO2) durante las próximas tres décadas que los combustibles fósiles. Demuestra asimismo que la preservación de áreas verdes y la reforestación son maneras más eficientes de combatir el calentamiento global que el uso de agrocombustibles. Mientras el CO2 afecta sobre todo a la atmósfera, la producción de agrocombustibles puede degradar suelos, agua, diezmar la biodiversidad. Es en este sentido que debemos reflexionar sobre lo que verdaderamente nos conviene, sobre lo que verdaderamente queremos.

Nuestras naciones
Esa visión debe ser analizada cuidadosamente. La obtención, el procesamiento y el uso de agrocombustibles no son inocuos, y arrojan diversos impactos ambientales, sociales y económicos que deben ser considerados desde la perspectiva del desarrollo sostenible. La presión sobre ambientes tropicales se repite en otros países. En Perú se intenta promover el cultivo de caña de azúcar en la región amazónica, y en Colombia esto tiene lugar tanto en las laderas y valles andinos, como en la región del Caribe. En Ecuador la palma aceitera se ha expandido sobre todo en los ecosistemas del Chocó, afectando los últimos bosques tropicales costeros.

En la región, Brasil es líder en el uso de etanol en el transporte, promovido desde la década del setenta, y el gobierno de Brasil ha anunciado que va a convertir a su país en una potencia en el campo de agrocombustibles, especialmente por la producción de biodiésel: los cultivos destinados a la producción de agrocombustibles en este país ya ocupan una superficie similar a la extensión conjunta de los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Gran Bretaña. Los cultivos preferidos son la caña de azúcar y la soya. Se calcula que para alcanzar el objetivo trazado, Brasil necesitará 60 millones de hectáreas de deforestación en la Amazonía y otros millones menos adicionales, en otras zonas. La soya también ha causado la destrucción de 21 millones de hectáreas en el ecosistema del cerrado, bosques tropicales y mata atlántica, pantanal, caatinga en Brasil, afectando a más de 14 millones de hectáreas de pampa húmeda, yunga y chaco en Argentina; 1 750 000 de hectáreas de pantanal, mata atlántica y chaco en Paraguay, y 600 000 en bosques tropicales en Bolivia.

Países como Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras,  México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela  han establecido o están estableciendo regímenes de regulación y promoción para los agrocombustibles desde mediados de 2006. Pero ¿estas propuestas verdaderamente contribuirán a aliviar la pobreza de los países en la región?, o ¿sólo benefician a pequeños grupos económicos con normas creadas para favorecerlos?

En el Perú, por ejemplo, la Legislación relacionada con la promoción de esta actividad - Ley 28054, señala como uno de sus objetivos “disminuir la contaminación ambiental”, lo que es previsible con la incorporación de etanol a la gasolina que ayudaría a mitigar muy levemente el daño ambiental; y en la doble reglamentación estableciendo que los proyectos de inversión de agrocombustibles deben cumplir con la Ley del Sistema Nacional de Evaluación del Impacto Ambiental (aún sin reglamentar desde 2001) y que podrán optar por el incentivo económico del Mecanismo de Desarrollo Limpio. Pero ¿qué ocurre si el íntegro de la producción se dedica a la exportación?

Se trata del modelo de desarrollo
No siempre las normas son necesariamente ideales, más aún cuando las autoridades son las primeras en incumplirlas. Por tanto, debe plantearse desde un inicio que si dichos proyectos van a contribuir con el desarrollo rural debe incluirse a los pequeños agricultores desde su diseño, y se debe diseñar cadenas productivas nacionales adecuadas bajo distintos enfoques: social, ambiental, técnico y económico, y no perder de rumbo que dichas proyectos son para beneficiarnos a todos, para su contribución al desarrollo sostenible y la posible sustitución de importaciones de combustibles fósiles. Es decir, sobre todo producción para  beneficiar a los productores de la región y para los mercados locales.

Una cuestión fundamental es que los países deben definir políticas públicas integrales que abarquen el enfoque energético y agrícola  para el desarrollo de los agrocombustibles de manera sostenible. Asimismo, debe tenerse en cuenta los esfuerzos necesarios para comprender el potencial global de la producción de agrocombustibles, así como evaluar los costos e impactos ambientales derivados de esta alternativa energética.

Debemos señalar que a menos que cambiemos el modelo de desarrollo e iniciemos la transición hacia una sociedad post-petrolera, donde se cambien los patrones de consumo en general, y de energía en particular, los agrocombustibles no serán una solución para frenar el cambio climático, porque los agrocombustibles no son mejores ni peores que otros combustibles. Pues depende de la planta a partir de las que serán producidos, del modo de producción, del lugar de producción, del procesamiento y distribución, entre otros varios factores.

El énfasis de la política para mitigar y adecuarnos a los efectos del calentamiento global, debería ser colocado en el aumento de la eficiencia del uso de combustibles fósiles combinado con la inversión en otras fuentes de energía renovable, libres de carbono, además de la reforestación de las tierras cultivables que no están siendo usadas para la producción de alimentos.

Según el especialista de GTZ, Ulrich Röttger, se viene impulsando plantaciones para pequeños agricultores de piñón (Jatropha curcas), higuerilla y girasol dentro del concepto de desarrollo rural sostenible, que ofrece una opción interesante para la reducción de la pobreza, en zonas deforestadas de San Martín, Cajamarca y en Piura.

Jatropha curcas
Conocido en el Perú como Piñón, árbol originario de Mesoamérica, de la familia Euphorbiaceae. Produce semillas con alto  contenido de aceite (30 - 40%) y tiene el segundo lugar en rendimiento de aceite por hectárea, después de la palma aceitera.

En América Latina se produce agrocombustibles en por lo menos diez países: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay y Perú. Cuatro exportan agrocombustibles a partir de sus propios cultivos (Brasil es el mayor exportador; hay ventas menores desde Bolivia y Guatemala, Argentina acaba de iniciar esa comercialización y Perú tiene proyectos que van en ese sentido). En realidad, existen programas en marcha en casi todos los países y la lista de productores se encuentra en permanente aumento.

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